CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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CRÍTICA: 'GIOVANNA D'ARCO' DE VERDI NO LOGRA CONQUISTAR BILBAO. Por Alejandro Martínez

24 de septiembre de 2013
COMIENZO EN FALSO

     La sexagésimo segunda temporada de ABAO dio comienzo con un nuevo título dentro de su 'Tutto Verdi'. Llegaba el turno de Giovanna d'Arco y en conjunto no podemos hablar sino de un comienzo en falso, habida cuenta del gris tono general de la representación, elevado al menos, eso sí, por el magnífico rendimiento de Krassimira Stoyanova como protagonista. Por los pasillos, un rumor corría como la pólvora: la más que confirmada salida de J. P. Laka de la dirección artística de ABAO y la posible (tan posible como sorprendente) incorporación de Vela del Campo en su lugar.

     Yves Abel abrió la función con buen pulso en la sinfonía inicial, pero ese nervio y esa tensión se diluyeron muy rápido en tiempos morosos y caídos, lastrando a menudo la representación, sobre todo en los concertantes, sin vigor, sin grandeza, lejos del arrebato risorgimentale que duerme bajo las notas de esta partitura, a la espera de batutas que lo revitalicen. Cuando valoramos la labor de Muti con estas partituras no es sólo por su gesto firme y decidido, sino por su incomparable capacidad de devolverles su vigor y su vigencia, logrando que emocionen hoy como ayer, algo que Abel no logró en esta ocasión. Tampoco la Sinfónica de Euskadi ofreció una noche singularmente inspirada desde el foso. Un sonido a menudo genérico, tan solvente como impersonal, seguramente por efecto de la batuta de Abel, muy poco inspirada en esta ocasión. El Coro de Ópera de Bilbao, aunque algo más entonado que en sus últimas intervenciones, se mostró en su desempeño tan voluntarioso como falto de empaque y consistencia.

    Lo mejor de la noche vino de la mano de la soprano protagonista, K. Stoyanova, que debutaba en el rol. Encontramos en ella a una Giovanna impecablemente cantada pero algo falta de garra en lo dramático, menos carismática que en las anteriores ocasiones en las que le hemos escuchado, por ejemplo, una primorosa Tatiana en el Eugene Onegin de Londres y una descollante Elisabetta de Don Carlo en la Staatsoper Viena. Nos recordó a la gran Scotto en varios momentos, a esa Scotto pluscuamperfecta que registró Abigaille de Nabucco y Traviata con Muti para EMI, haciendo de la técnica el único y más logrado instrumento para la expresión dramática de sus roles. Stoyanova se sitúa en esa senda por la firmeza técnica de la emisión y por la inquebrantable ausencia de recursos veristas. Todo ello redunda en una contención luminosa en la que la técnica lo dice todo por sí misma. El rol de Giovanna es tan difícil como poco agradecido. Exige una coloratura aseada, aunque no demande un sobreagudo descollante. Y al mismo tiempo pide una emisión dramática por momentos, con transiciones exigentes al grave, donde Stoyanova encuentra más limitaciones. Recientemente Netrebko debutaba también el rol, en versión concierto en el Festival de Salzburgo, junto a Plácido Domingo y Francesco Meli. Netrebko posee un timbre más opulento y rico y abunda en un fraseo más incisivo, aunque ofrece, inevitablemente, una coloratura más trabajosa y una emisión menos ágil. Del panorama actual de sopranos, creemos que el rol caería estupendamente a una vocalidad como la de Sondra Radvanovsky. En cualquier caso, la labor de Stoyanova puede calificarse de espléndida, habida cuenta de las limitaciones del instrumento y considerando que es su primera incursión con el rol. Ojalá podamos verla pronto de nuevo por España.
    El tenor asturiano Alejandro Roy sustituía al inicialmente previsto Fabio Sartori, que también había cancelado su debut con esta parte en Salzburgo, el pasado agosto. Sorprenden los términos en los que se comunico haberse producido la sustitución de Sartori por Roy, aludiendo a 'motivos personales' del tenor, cuando medio Euskalduna sabía que no hay otro motivo que sus inminentes ensayos en Milán para el rol titular de Don Carlo. Roy es un intérprete voluntarioso, pero una técnica a todas luces incompleta no le permite sacar punta a un instrumento valioso en origen. El paso está sin resolver y produce constantes sonidos leñosos, precipitándose además al agudo sin firmeza, por un puro esfuerzo muscular y no por una emisión resuelta con naturalidad. El fraseo se resiente en todo momento de esa tensión inherente. Apenas en el 'Qual più fido amico' dejó entrever el potencial de su instrumento en el caso de poderlo domeñar bajo una técnica solvente.

     El joven barítono Claudio Sgura mostró más medios que intenciones. El material de partida, bien apreciable, recuerda un tanto al del inalcanzable Bruson, por ese timbre de sonido opaco y a veces mate, sin demasiada punta, pero pastoso y firme al mismo tiempo. De Bruson precisamente debiera aprender Sgura cómo frasear con una gama más rica de dinámicas e inflexiones, en la búsqueda de un sentido netamente belcantista del canto verdiano. Nos gustó su Giacomo, pero nos hubiera gustado mucho más de no cantar tan a menudo en forte. Ojalá podamos seguir su trayectoria encontrando un mayor interés por enriquecer su fraseo y su emisión.

     La dirección de escena de Gabriele Lavia no entusiasma. Su propuesta, estrenada en Parma, y repuesta en Bilbao a cargo de Marina L. Bianchi, lo mismo valdría para Giovanna d'Arco que para Don Carlo o para uno cualquiera de los frescos históricos del Verdi de galeras. Vistosa y colorida, sí, gracias a la escenografía de Alessandro Camera, el vestuario de Andrea Viotti y la iluminación de Andrea Borelli. Una producción ágil en los cambios de escena pero que adolece en todo momento de soltura en el movimiento de masas y de solvencia e inspiración en la dirección de actores, prácticamente dejada al libre desarrollo de los intérpretes, habida cuenta de su rigidez por momentos. Ante producciones como ésta cuesta hablar de una verdadera propuesta escénica porque apenas encontramos algo más allá de un mero decorado.

     Comenzaba así una temporada sobre la que penden muchas preguntas: ¿tiene sentido reponer Rigoletto una vez más, dentro del Tutto Verdi? ¿Se repone este título por Nucci, o acaso quizá por las urgencias de liquidez en taquilla? ¿Qué pasara la próxima temporada, de confirmarse la supresión rumoreada de dos títulos? ¿Qué sentido tiene la presencia de Abbado o Chailly en el comité de honor del Tutto Verdi, si no van a pisar Bilbao en el transcurso de esta integral verdiana? ¿Por qué figuran también ahí Peter Gelb y Stéphane Lissner, directores artísticos del Met y la Scala, si no se presentan en Bilbao coproducciones con estos teatros?

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