CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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CRÍTICA: PHILIPPE JAROUSSKY VISITA EL AUDITORIO NACIONAL ACOMPAÑADO POR LA ORQUESTA BARROCA DE VENECIA Y ANDREA MARCON. Por Hugo Cachero

14 de noviembre de 2013
Foto: Simon Fowler
COMO DEL MÁS PURO CRISTAL...

31-10-13. Madrid. Auditorio Nacional. CNDM. Ciclo Universo Barroco. Philippe Jaroussky, contratenor. Orquesta Barroca de Venecia. Andrea Marcon, clave y dirección.

   Vaya por delante antes de dar mi opinión personal sobre lo acontecido el pasado día 31 de octubre el juicio global (¿inapelable?) del público: apoteósico éxito, entusiasmo casi delirante de un sector y largos aplausos con el respetable puesto en pie. Público que llenaba prácticamente en su totalidad el aforo de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional como corresponde a la visita de una primera figura actual del canto barroco, y mediática por añadidura. El recital en esta ocasión se relaciona con el último lanzamiento discográfico del contratenor, Farinelli, Porpora Arias, donde todas las piezas que se programaron forman parte de la grabación, programa exigente y muy atractivo si tenemos en cuenta que la mayoría suponen además novedades apenas escuchadas.

   A estas alturas enumerar las virtudes (no universalmente apreciadas o aceptadas, todo hay que decirlo) de Philippe Jaroussky supone antes de nada partir de las peculiaridades de su voz, de su timbre blanquísimo, de textura como del más puro cristal, que precisamente por su cualidad etérea consigue, en sus mejores momentos, crear atmósferas mágicas e irreales, y momentos de intensa emoción estética, completamente absorvente para el oyente; claro que son estas virtudes las que también incuban devilidades que se hacen más o menos notorias, incluso evidentísimas aunque no se quieran admitir, según la pieza concreta. Es imposible por tanto juzgar sin separar claramente el desempeño en las arias de carácter más dulce, soñador o doliente, tempo lento y tesitura más central, y el que se produce en aquellas otras dominadas por la coloratura y los efectos pirotécnicos, donde se debe internar en los extremos superior e inferior de la tesitura y trasmitir affetti como la furia o el ardor guerrero. La diferencia quedó manifiesta desde el mismo principio; mandan los cánones al uso que en recitales como este se alternen arias sin que coincidan dos seguidas del mismo carácter y que la primera sea espectacular y rápida. Dicho y hecho, Mira in cielo como inicio se adapta perfectamente a estas normas, pero dejando al margen el riesgo que siempre supone empezar con una pieza de estas características, fue considerablemente mejor la segunda sección de tempo lento y amplias frases que la parte de coloratura y sobre todo las subidas al agudo, al borde del grito y ofreciendo en todo caso sonidos nada agradables, constante toda la noche y nos tememos que una una de las características negativas de la voz que hemos comentado, y que con los años si acaso se ha agudizado. El aria siguiente Si pietoso il tuo labbro, mucho más adecuada, le permitió mostrar fiato e incluir una bonita cadencia, recogiendo los primeros bravos. Cerrando la primera parte otras dos arias, la lenta Nel già bramoso petto, hermosísima y muy bien servida, y el aria di tempesta Come nave in ria tempesta, donde el cantante lució una coloratura rapidísima y precisa; pero al margen de los inevitables problemas en el agudo el mayor inconveniente reside en la incapacidad para trasmitir el carácter del aria, por temperamento y color vocal. Con todo, buena nota aunque solamente fuera en la parte que de ejercicio circense tiene el aria, y entiéndase esto exento de cualquier carácter peyorativo.

   Las impresiones sobre la segunda parte no diferen gran cosa de lo ya dicho, y no hacer falta salirse de la primera pieza Dall' amor più sventurato, para comprobar lo diferente de las frases iniciales, de escritura carente de dificultades, de aquellas que se desarrollas sobre los versos D'ogni tormento, che porgue Amore, y siguientes. Fantástico Jaroussky en Le limpid' onde, donde también añadió una hermosa cadencia doblado por la flauta, y elevándose a la categoría de excepcional en Alto Giove, una de las mejores arias de todo el siglo XVIII (lo que es mucho decir) donde el cantante da lo mejor de sí, todo fluye naturalmente y la atención del público queda atrapada desde la impactante messa di voce inicial. ¿Sorprenderá entonces que diga que no se alcanzó el mismo nivel, ni capacidad comunicativa, en Nell' attendere il mio bene? Sin querer insinuar ni mucho menos que estuviera mal cantada, incluso podría afirmarse que lo estuvo muy bien... no obstante falta ese algo que hubiera convertido la interpretación en redonda.
   Por todo lo anterior, creo poder afirmar que los auténticos triunfadores artísticos de la tarde fueron la Orquesta Barroca de Venecia con sus 21 integrantes y Andrea Marcon a la cabeza, simplemente porque si a Philippe Jaroussky se le pueden poner algunos peros, como hemos hecho, la labor de la orquesta fue sencillamente impecable. Su acompañamiento a la estrella francesa, como es de esperar, discurrió al servicio de su canto, donde demostraron una compenetración perfecta (además de ser copartícipes del disco, son ya unos cuantos los recitales de la gira que han compartido); pero también en algún caso gracias en gran parte a su labor una aria determinada consiguió transmitir su pleno carácter, allí donde las condiciones del cantante no alcanzaron por sí mismas (pensamos sobre todo en Come nave in ria tempesta, donde suplieron -o compensaron, al menos- el carácter poco "tempestuoso" del contratenor). Pero al margen de ello también dispusieron de suficientes momentos exclusivamente instrumentales para brillar independientemente, y vaya si las aprovecharon. Empezando por la primera pieza de la velada (Obertura de Il Germanico de Porpora) o la que abrió la segunda parte (La Tempesta in tempo di Ciaccona, de Sarti, donde ejecutaron unos impresionantes crescendi), pero sobre todo en el Concerto Grosso "La Folia" de Geminiani, que entusiarmó al público por su intensidad y fuerza en al ejecución, premiado con una cerrada ovación y numerosos bravos, todos y cada uno merecidos.

   Catarata de aplausos a la finalización del programa anunciado y dos propinas añadidas: Sposa non mi conosci de Giacomelli, solamente la primera sección con variaciones, e In braccio a mille furie de Porpora, con desigual resultado (desigualdad originada en los mismos motivos que hemos venido exponiendo y que para no ser redundante obvio ahora). Por cierto, un par de arias sin discusión terreno Bartoli ¿una prueba más de la evidente "bartolización" que está viviendo la interpretación de la ópera barroca? Pero esa es otra historia de la que no corresponde hablar ahora. Como resumen, noche de las importantes, éxito indudable y, tratando de ser objetivos, luces (muchas) y alguna sombra que constatar. Al margen de lo musical y como curiosidad, añadir que en el escaso cuarto de hora de pausa se vendieron docenas de ejemplares del disco en un puesto habilitado al efecto, y que se anunció sesión de firmas post recital por parte del protagonista de la noche. No deja de ser buena noticia en estos tiempo que se vendan discos (presumo que particularmente los responsables del renacido sello Erato no dirán lo contrario) y siempre es de agradecer que las estrellas tengan detalles para con sus fans, cosas ambas que nadie puede dudar se cumplen en el caso de Jaroussky.
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