CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas 2014

Crítica: recital de lied de Nina Stemme en el Teatro del Liceo de Barcelona

26 de marzo de 2014

"CHE GELIDA LA NINA"

Por Alejandro Martínez

24/03/2014 Barcelona. Gran Teatro del Liceo. Nina Stemme, soprano. Matti Hirvonen, piano. Obras de Schumann, Mahler, Wagner y Weill.

   Extraordinarios son los cantantes cuya voz es un instrumento tan dotado que cantar consiste para ellos ni más no menos que en contenerlo y regularlo. La sueca Nina Stemme pertenece a esa raza singular de voces dotadísimas, caudalosas y timbradas. En estas mismas páginas hemos elogiado repetidas veces sus interpretaciones como Isolde o Brünnhilde, entre otros papeles. Llegaba en esta ocasión al Liceo en su faceta de intérprete de lied y la sensación global que nos dejó su recital fue más gélida que otra cosa. Antes de abundar en la valoración de su interpretación en el Liceo, conviene preguntarse por qué un intérprete decide dedicar parte de su tiempo al lied. A sus cincuenta años, Stemme es la principal soprano dramática de nuestros días, junto a Evelyn Herlitzius. A día de hoy no hay otra intérprete de Isolda que le tosa. Stemme es además una actriz importante, con esa mirada, con esa apostura. Toda su técnica y su capacidad dramática se han orientado a brillar en términos operísticos, y muy especialmente en el repertorio alemán (Wagner y Strauss de un modo destacado). Frente al tópico extendido, el lied no es terreno para voces pequeñas, menos timbradas o menos gráciles, pero sí requiere una especialización, un cuidado estudio del repertorio, del tono y una adecuación de la emisión a otro código expresivo. Y aquí es donde Stemme no mostró haber hecho los deberes a fondo. Al margen de algunos despistes con el texto de varias canciones, lo cierto es que su tono fue por lo general distante durante toda la primera mitad y daba más la impresión de ser una Brünnhilde luchando por meterse en las costuras de una especialista en liederabend.

   Dicho lo anterior, y ponderando ya lo escuchado en el Liceo, lo cierto es que tiene mérito manejar esa voz tan impetuosa con esa soltura, pero es igualmente cierto que Stemme no se esmeró por igual con todo el repertorio. Tras pasar de puntillas por el primer conjunto de piezas de Schumann, sorprendió la poca sintonía que mostró con Mahler, con quien a priori cabía suponerle un entendimiento más inmediato y natural. La selección de canciones de Mahler era un tanto sui generis, dicho sea de paso. Seguramente hubiera brillado más con páginas más contenidas, líricas y expositivas, al modo del logrado Ich bin der Welt con que cerró la primera parte del recital. Como era de esperar, los Wesendonck lieder de Wagner le caen como un guante a una voz como la de Stemme, que pareció encontrar aquí su terreno natural, sonando mucho más firme y confiada. Finalmente, la sueca nos sorprendió a todos con cuatro logradísimas canciones de Kurt Weill (especialmente el “Je ne t´aime pas” y el “Surabaya Johnny”, donde liberó su vis dramática al tiempo que mostraba un instrumento en plenitud, como ya había dejado entrever con el Wagner previo. Sin ser la voz ideal que pide este repertorio, sorprendió su entrega y convencimiento para recrearlo. La sesión se cerró con dos propinas, “Mein Liebe ist Grün” de Brahms y “My ship” de Kurt Weill.

   En conjunto, nos quedamos con su impecable dominio del instrumento, con la intacta madurez del mismo, dotadísimo y singular, pero haciendo notar al mismo tiempo su irregular expresividad a lo largo de la sesión. Una gran voz no plenamente capaz de plegarse a las exigencias del programa. No nos entusiasmó Matti Hirvonen al piano. Al margen de un par de errores con las piezas de Mahler y al margen también de sus excesivos ademanes, nos pareció el suyo un acompañamiento bastante seco, con un pedal muy poco expresivo y con un fraseo falto de personalidad.

   Dos últimos comentarios al margen. Nos sorprendió que Stemme no incluyera ninguna pieza de Strauss en su recital, precisamente cuando se cumplen 150 años del nacimiento del citado compositor al que ha dedicado parte importante de su trayectoria como solista (Salomé, Rosenkavalier, Ariadne, Cuatro últimas canciones y próximo debut como Elektra en Viena). Por otro lado, el Liceo mostraba un aforo que no llegaría a los dos tercios. Sorprende, en este sentido, el escaso arraigo del lied entre el público de la capital catalana, lo que nos lleva a preguntarnos por el verdadero aliciente de quienes han agotado las entradas para la próxima cita con Kaufmann este viernes, con el Winterreise en el programa.

Foto: Tanja Niemann

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