CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas 2014

Crítica: Neil Shicoff protagoniza 'Los cuentos de Hoffmann' en la Ópera de Viena

12 de junio de 2014

EL QUE TUVO, RETUVO

Por Alejandro Martínez

4/6/2014 Viena: Staatsoper. Offenbach: Les contes d´Hoffmann. Neil Shicoff, Ildar Abdrazakov, Daniella Fally, Marina Rebeka, Nadia Krasteva. Marko Letonja, dir. musical, Andrei Serban, dir. de escena.

   Los cuentos de Hofmann no es desde luego una obra asequible a la hora de llevarse a escena, precisamente porque no es nada evidente su alcance, su alma, hacia dónde apuntan esa partitura y ese libreto, más allá de la engañosa literalidad de las tres historias que recapitula Hoffmann. Baste contraponer de hecho las dispares valoraciones que ha concitado la reciente nueva producción firmada por Marthaler y puesta en escena en el Teatro Real. Los juicios sobre la misma han oscilado entre lo fascinante y lo bochornoso. En esta ocasión, sin embargo, el mayor atractivo de estas funciones recaía en el protagonismo del ya veterano Nell Shicoff.

  Para hacernos cargo del desempeño de Neil Shicoff en este Hoffmann convendría echar la vista atrás y recordar las últimas encarnaciones de este rol que nos dejase Alfredo Kraus. Quien firma estas líneas no tuvo ocasión de presenciarlo en directo, pero se guardan notables registros de audio y video de aquellas ocasiones. Salvando las distancias que ustedes quieran, Shicoff ofrece más o menos lo mismo que entonces el maestro canario: elegancia, seguridad actoral, sorprendente vivacidad física en escena y un tercio agudo todavía despampanante. A cambio, el lógico desgaste del instrumento depara pasajes de desigual fortuna por algunas limitaciones puramente físicas. Ofrece en todo caso un Hoffmann hecho de elegancia y entrega, de un sólo trazo, sí, pero intenso, auténtico, teatral. Se dice que la veteranía es un grado y lo cierto es que noches así, a cargo de veteranos todavía tan solventes, no hacen sino confirmarlo. Sacar adelante de esta manera un Hoffmann con 65 años cumplidos tiene mérito, qué duda cabe.

   Junto a él, destacó el desempeño de Ildar Abdrazakov con los cuatro villanos: estupendo, muy teatral y vocalmente intachable. No estamos ante un bajo histórico, pero qué solvencia, qué seguridad, qué oficio va mostrando desde hace ya algunos años. Marina Rebeka era Antonia. Esta soprano letona posee una voz a lo Netrebko, por color y emisión, aunque seguramente sin la pastosidad y personalidad de la de aquella. Pero canta desde luego de un modo extraordinario: hermoso, limpio, seguro, con la dosis justa de entrega y sentimiento. Una soprano magnífica, a la que hace ya varios años pudimos escuchar, con gratísima impresión ya entonces, como Micaela en la Carmen escenificada en Valencia, con Garanca como protagonista. Su buen hacer merece desde luego un mayor renombre. En contraste, encontramos muy discreta, sin entusiasmar, a la Olympia de Daniella Fally, no del todo eficaz en la coloratura. De igual manera, decepcionante la Giuietta de Nadia Krasteva, muy básica, de trazo grueso y un tanto soez, sin un ápice de seducción.

   Se recuperaba en escena la propuesta de Andrei Serban, estrenada ya en 1993, en el que fuera el debut de este director en Viena. Su trabajo podría calificarse como una elegante decepción. Y es que partiendo de una literalidad bastante naïf, desarrolla un lenguaje con pretensiones visuales pero que queda finalmente en agua de borrajas, lastrado por una constante insistencia en bobadas de variado género que entorpecen y afean su propuesta. Una propuesta que, de no ser por ello, quedaría al menos como unos Cuentos convencionales, sin mayor pena ni gloria.

   De Marko Letonja en el foso recordábamos una lectura un tanto superficial con ocasión de su dirección de este mismo título en la Scala hace ya un par de años, con Vargas en el rol titular. Estuvo sin embargo mucho mejor aquí en Viena, quizá mejor secundado por esta orquesta que por la milanesa. Su dirección fue irreprochable desde todo punto de vista. Un tanto genérica de enfoque, pero solvente de principio a fin, bien concertada, detallista, teatral. Irreprochable, como decimos.

Foto: Wiener Staatsoper/ Michael Pöhn

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