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Crítica: Concierto ofrecido por la Orquesta Gulbenkian de Lisboa, bajo la dirección de Lawrence Foster, en el Auditorio de Oviedo

17 de marzo de 2010
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Lawrence Foster

La Voz de Asturias (17/03/10)

Lugar: Auditorio de Oviedo. Fecha: 15 de marzo de 2010. Ciclo: Conciertos del Auditorio

GULBENKIAN DE VICIO

Lawrence Foster llegó a los Conciertos del Auditorio con la Orquesta Gulbenkian para ofrecer un interesante concierto, por el programa y por las versiones que, aun aceptando ciertas irregularidades en la factura y el estilo, resultó reconfortante por su elegancia y contundencia expresiva. La velada dio comienzo con el "Vals Mefisto nº 1" de Liszt, que dejó ver una sección de cuerda realmente enérgica, digna del talento de un concertino -David Lefèvre- de gran altura. La interpretación, vibrante y concisa, mostró a un director de gesto contundente pero quizás demasiado cerrado en sí mismo, lo que dio como resultado unas versiones de buena factura técnica y sonora, pero también algo encorsetadas, encapsuladas por el afán profesional de un director de talento que, sin perjuicio de la forma, también podría haber sacado más partido del contenido. Las versiones no siempre parecían fluir naturalmente, como si sobre todo interesase tenerlas atadas, eso sí, con verdadera fruición. Foster dio la impresión de dirigir buscando una cierta seguridad que no desencantó, pero que tampoco arrebató. Esto se notó sobre todo en la "Sinfonía nº 3 "El ángel de fuego" de Prokofiev, obra complicada donde las haya. Su pericia conductora  no consiguió dotarla de un bello sentido orgánico, y su compleja confección  tímbrica se descontroló a veces, dejando algún momento sonoro poco afortunado. Pero no conviene fijarse demasiado en lo malo, porque en realidad director y orquesta parecieron comulgar con gusto ante unas versiones que, sobre todo, transmitieron convicción y ambición expresiva. "Los siete pecados capitales" de Kurt Weill no precisan  forzosamente de una voz lírica,  como el propio compositor explicó en alguna ocasión, pero fue un lujo contar con la mezzo Angelika Kirchschlager, que si no pudo exhibir todo su potencial lírico por la naturaleza melódica de la obra, sí demostró una elegancia y pulcritud estilísticas realmente admirables. El cuarteto masculino que la acompañó fue elegido con mano maestra. El conjunto sonó empastado y cantó con notable gusto y  aplomo.

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