CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Noticias 2015

Otello abre la temporada lírica del Teatro de la Maestranza

28 de octubre de 2015

OTELLO ABRE LA TEMPORADA LÍRICA DEL TEATRO DE LA MAESTRANZA

Por Javier del Olivo

Teatro de la Maestranza: Otello de G. Verdi. Con G. Kunde, J. di Giacomo, A. Ódena, F. Corujo, M. de Diego, R. Ialcic, D. del Castillo y M. Pintó. Coro de AA del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director de escena Henning Brockhaus. Director musical Pedro Halffter. Sevilla, del 31 de octubre al 9 de noviembre de 2015,

   Si hace una semana hablábamos de la inauguración de una nueva temporada con un gran Verdi hoy volvemos a tener el mismo titular: El Teatro de la Maestranza de Sevilla abre su temporada lírica con una de las más grandes obras verdianas, Otello. El papel principal será defendido por el gran tenor Gregory Kunde que, afortunadamente, tanto se prodiga últimamente por nuestra geografía musical. Esperemos que otra vez triunfe con un papel al que sabe darle la justa medida de drama, lirismo y locura. La atribulada Desdémona será encarnada por la joven soprano norteamericana Julianna di Giacomo. El fundamental papel de Yago lo asume un barítono de amplia experiencia como es Ángel Ódena. El trío principal de personajes será completado por nombres como Francisco Corujo, Manuel de Diego o Mireia Pintó. El coro será, como es habitual, el de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Dirigirá a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla el director artístico del Teatro, el maestro Pedro Halftter, un valor seguro siempre en el foso del Maestranza. La producción, proveniente de los teatros italianos Massimo de Palermo y San Carlos de Nápoles, la firma Henning Brockhaus y parece que, por lo que hemos podido ver, no dejará indiferente al público.

   Un público que seguramente conocerá el argumento de una de las más famosas tragedias de William Shakespeare y que el gran músico Arrigo Boito, aquí en labores de libretista, adaptó para que Verdi volviera a los escenarios después de dieciséis alejado de ellos, concretamente desde el estreno de Aída. Boito suprime el primer acto de la tragedia shakesperiana que se desarrolla en Venecia contándonos la rápida boda de Otello y Desdémona sin el consentimiento del padre de ésta, y nos lleva directamente a Chipre, donde el militar veneciano ha sido enviado con urgencia pues a la isla se acerca una importante escuadra otomana para atacarla. Afortunadamente una tormenta hunde la flota enemiga y la nave de Otello, que ha visto el fin de sus enemigos, sortea los peligros marinos y llega a puerto. En Chipre, donde le espera su esposa Desdémona, es recibido en el puerto por sus oficiales y por el pueblo con gran alegría. Aunque el cariño hacia el moro no es general. Yago, que de cara a Otello se muestra fiel y sumiso, realmente le odia ya que el general, saltándose el escalafón, ha puesto como teniente de las tropas a Cassio, su amigo y confidente en la conquista de Desdémona, relegando a Yago a alférez. Éste no perdona la afrenta y urde una maléfica trama para hundir a sus enemigos que son todos aquellos que se interponen en su camino. Porque en el fondo Yago, verdadero dueño de los hilos que mueven la tragedia, es odio, como proclama en su famosísimo “Credo”. Ese odio se servirá de los celos de Otello, sutilmente provocados por Yago aprovechando el complejo de inferioridad que tiene el general por no ser ni de la misma clase ni de la misma raza que Cassio del que piensa que ama a Desdémona y es correspondido por ella. Poco a poco veremos como el monstruo de ojos verdes, como lo llama Shakespeare a los celos, se va apoderando del alma de Otello ante una incrédula Desdémona que no entiende la razón del desvarío de su esposo. Al final, en una maravillosa pero trágica escena en la habitación de Desdémona, se producirá el desenlace esperado: la muerte de la inocente, el descubrimiento de la trama de Yago y la desesperación de Otello que se percata por fin de la marioneta que ha sido y de que la única salida es acabar con su vida.

   Boito sirve a en bandeja a Verdi uno de los mejores libretos de los que dispondrá el compositor en toda su trayectoria y que le permitirá crear momentos musicales sublimes. La tormenta con la que comienza la obra es una obra maestra que nos introduce desde el principio en la tensión que sustentará toda la partitura. El terrible Esultate! con el que el tenor entra en escena es todo un reto que exige un esfuerzo muy notable. Notable también es en el primer acto la escena de la fiesta que celebra el triunfo sobre el otomano y en el que destaca Chi all’esca ha morso del ditirambo. Termina el acto con la bella escena de amor entre Otello y Desdémona y que comienza las dulces palabras del moro Già nella notte densa s’estingue ogni clamor. Aquí Verdi demuestra su maestría haciendo que seamos conscientes de la bella historia de amor que los celos y el odio romperán a partir del segundo acto. A éste lo domina musicalmente esa proclama estremecedora que lanza Yago y que comienza con Credo in un Dio crudel y finalizando con otro número musical entroncado profundamente con el alma verdiana: el dúo entre Otello y Yago Sì, pel ciel marmoreo giuro. Destacar en el acto tercero la escena entre Otello y Desdémona y donde ya vemos como el moro va perdiendo la razón sin que su esposa pueda explicarse el porqué de su actitud. Viene después el estremecedor alegato de Otello: Dio! mi potevi scagliar tutti y mali  donde Verdi nos lleva con su música a que sintamos, pese a todo, pena por el celoso enloquecido. Todo el cuarto y último acto es una maravilla, compendio del mejor Verdi, del más maduro y magistral, aunque podemos destacar la canción del Sauce y el Ave María que entona Desdémona o el aria final de Otello Nium mi tema.

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