CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas 2016

Crítica: Bryn Terfel inaugura el ciclo de Conciertos del Auditorio de Oviedo

27 de octubre de 2016

PURA VERSATILIDAD

   Por Aurelio M. Seco
Oviedo. 26-10-16. Auditorio Príncipe Felipe. Ciclo Concierto del Auditorio. Bryn Terfel. Oviedo Filarmonía. Director: Marzio Conti. Obras de Gounod, Mascagni, Haendel, Mozart, Boito, Verdi y Wagner.

   El ciclo Conciertos del Auditorio de Oviedo dio comienzo el miércoles con una velada especial que contó con la presencia de uno de esos cantantes que hace que al aficionado le apetezca acudir al auditorio ante la perspectiva de ilusionarse con oír algo verdaderamente extraordinario. Hablamos de Bryn Terfel, uno de los más mediáticos y prestigiosos de la actualidad, dotado de una versatilidad asombrosa que le hace ir de un repertorio a otro siempre con notables resultados vocales. Y esto es lo que ofreció en el recital, una capacidad sorprendente para representar estados de ánimo diversos, afrontar la interpretación de obras de diferentes siglos y con la dificultad añadida de cantar en cuatro idiomas y en un lugar nada fácil para la voz, el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

   Terfel es un cantante que dota a la palabra artista de toda su dimensión. Domina hasta el más mínimo detalle de su comunicación con el público e incluso sabe cómo manipular sus emociones y dar espectáculo independientemente de lo lírico. Nos recuerda en esto a otro de los grandes de la actualidad, el barítono Leo Nucci. Toda la primera parte del concierto fue muy cómoda para el bajo-barítono galés, quizás demasiado. Apoyándose en sus sobresalientes cualidades comunicativas, acudió a un repertorio que, en parte, no le permitió lucir del todo su actual estado vocal. Se divirtió riéndose y haciendo reír, silbó, habló con el público, contó historias, mencionó la sidra y la fabada, medio se disfrazó de Falstaff, gesticuló a más no poder y cantó menos de lo que se esperaba. “Si tra i ceppi” de Berenice, Regina d'Egipto de Haendel no nos pareció la mejor forma de empezar el concierto, salvo si hablamos de un artista de agenda interminable que necesita, y es razonable que así sea, medir el esfuerzo y calado de cada uno de sus recitales y dosificarlos en cada aparición. Apenas unas aseadas medias voces y, sobre todo, su carisma y personalidad se dejaron traslucir en esta primera parte de la velada, en la que también cantó “Le veau d´Or…” del Fausto de Gounod, obra que por cierto la Oviedo Filarmonía tenía fresca, pues acaba de interpretar el título en Oviedo. “Ehi Paggio!..” de Falstaff de Verdi, dejó ver a Terfel en todo su esplendor en un papel que domina desde la más absoluta libertad interpretativa. La sensación mejoró tras el descanso, cuando siguió mostrando lo mejor de su esencia artística con una perspectiva más templada, seria y pulcra en lo canoro y las formas. No podía ser de otra manera tratándose de Wagner. Fue in crescendo el interés de la velada con la interpretación de “Was duftet doch…” de Los maestros cantores de Núremberg -donde mostró un registro medio agudo elegante, terso y contundente- y, sobre todo, de las dos últimas obras del programa, “O du mein holder…” de Tannhäuser y el fragmento “Música del fuego mágico y Adiós de Wotan”, de La valquiria. Fueron fragmentos en los que el color orquestal podría haber contribuido mejor a sondear más profundamente el tono dramático de esta música tan compleja de hacer bien. Al final regaló dos propinas, frecuentes además en sus recitales, "If I were a rich man", de El violinista sobre el tejado, que interpretó maravillosamente, con una comicidad, lirismo y teatralidad admirables, y haciendo un guiño a su lugar de origen, la canción galesa titulada "Suo-Gan", que cerró la velada con una grata sensación de intimidad y elegante lirismo.

  Respecto a las piezas orquestales, se encontró cierto gusto melódico en el Intermezzo de Cavalleria rusticana y en el de Manon Lescaut de Puccini, pero creemos que la Oviedo Filarmonía debe seguir apostando por perfeccionar su sonoridad y, por parte del director, obtener una mayor templanza y claridad técnica sobre la tarima, pues se ofrecieron fraseos algo forzados y nerviosos, lo que restó belleza y musicalidad a parte del programa. Fue una sorpresa muy agradable encontrar de vuelta en la orquesta al magnífico chelista Gabriel Ureña ejerciendo como principal, todo un lujo para cualquier conjunto sinfónico.

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