CODALARIO, la Revista de Música Clásica

Críticas 2018

Crítica: Semion Bychkov y las hermanas Labèque con la Sinfónica de Castilla y León

14 de febrero de 2018

Un “Tchaikovski” digno de tal compositor

   Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 9-II-2018. Auditorio de Valladolid, Sala sinfónica. Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Weites Land (Música con Brahms para orquesta) de Detlev Glaner, Concierto para dos pianos y orquesta, op. 88a de Max Bruch y Sinfonía nº4 en fa menor, op. 36 de Tchaikovski. Director: Semyon Bychkov. Solistas: Katia y Marielle Labèque, pianos.

   Es posible que sobre el resultado final de la interpretación del Concierto para dos pianos y orquesta de Bruch pesara el hecho de que no es precisamente una obra redonda aunque tenga sus hallazgos, desde su lirismo a las oportunidades que brinda a los dos pianos; pero más allá de esta afirmación lo cierto es que Katia y Marielle Labèque lo aprovecharon poco. A esto habría que añadir que el director y la OSCyL, que por momentos sacaron a relucir interesantes texturas orquestales, tendieron a tapar reiteradamente a las solistas desde el inicio. Resulta chocante que un director de la experiencia y la sapiencia de Bychkov no se percatara o no pudiera solventar este problema. Las pianistas dieron la sensación de una escasa compenetración derivada, entre otras cosas, de ciertas notas falsas que contribuyeron a provocar desajustes con la orquesta, lo que devino en pasajes bastante desdibujados.

   Ellas consiguieron sacar adelante sobre todo los momentos con un pronunciado sentido melódico, en particular en el Adagio ma non troppo. En el último movimiento pareció que las pianistas se sentían más a gusto y en consecuencia fueron algo más eficientes, algo que quizá se produjo por verse liberadas de la carga dramática inicial y encontrarse ante una música más vital. De todas formas la interpretación de la obra de Bruch no cuajó en casi ningún momento, ya fuera porque durante muchos pasajes no se escuchaba a las solistas o porque éstas parecían más centradas en la gestualidad que en el sonido.

   La OSCyL y Semyon Bychkov realizaron una afortunada versión de la Sinfonía Nº4 de Tchaikovski. Y sobre todo a partir del segundo movimiento, aunque ya en el Andante sostenuto dejaron buena muestra de un clima opresivo y contrastante desde la fanfarria inicial en manos de las trompas. A continuación Bychkov ahondó aún más en los cambios rítmicos, la coloración y los distintos episodios anímicos. En el Andantino in modo de canzone la oboe solista marcó con su melodía un ambiente nostálgico y los pizzicati de la cuerda en el Scherzo contribuyeron a crear una atmósfera variada partiendo de un sugestivo ostinati. Se acentuaban los contrastes, se presentaban amplias melodías desde ópticas diversas para ir llevando la obra a su conclusión de la mano de una melodía folclórica que conlleva un apasionamiento evidente. Remarcar que muchos de los efectos conseguidos nacieron del juego de tensiones y de la inserción de melodías bien serenas, bien evidentemente evocadoras o nostálgicas pero nunca excesivas, para desembocar en una espectacular y estructurada coda final. Una versión eficaz, de una energía fecunda, con una variedad de detalles que contribuyeron a encauzar el contexto general de la obra.

   El concierto comenzó con Weites Land de Detlev Glanert, una obra en la que destacó la labor realizada con las expresivas texturas, el efecto dado a la inserción de pequeñas células temáticas y el empleo de una creciente tensión que se transformaba con la melodía de las cuerdas. Todo un hallazgo, cuya interpretación suponía su estreno en España.

Foto: OSCyL

Sinfónica de Castilla y León Labèque Semion Bychkov