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Crítica: Vassily Sinaisky dirige obras de Rossini, Respighi y Prokofiev al frente de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE

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9 de febrero de 2020

Música y cinema

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 7-II-2020. Teatro Monumental.Bajo el epígrafe de «Música bajo sospecha». Concierto A/11. Obras Gioacchino Rossini (1792-1868), Ottorino Respighi (1879-1936) y Sergei Prokófiev(1891-1953). Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE.Miguel Borrego (violín). Olesya Petrova (contralto). Lorenzo Ramos, director del Coro de RTVE; Félix Redondo, director del Coro de la Comunidad de Madrid. Vassily Sinaisky, director.

   Como ya les hemos comentado y recordarán, «Música bajo sospecha» es una de las apuestas temáticas de esta temporada para la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, retrato musical de más de tres décadas de música soviética bajo el prisma de varias obras clave -algunas todavía por degustar- de Shostakovich (sinfonías 4, 5, 8, 10) y Prokófiev (Concierto para piano núm. 2, Iván el terrible, Aleksandr Nevsky y Sinfonía núm.5), en una época en la que una determinada postura artística podía llegar a costarles la vida, dado que en la dictadura acechaba siempre la sospecha. Como complemento a estas obras tan pegadas al trance de sobrevivir, lo mejor es programarlas conjuntamente con otras más «disipadas» -como fue el caso-, citando a músicos como Respighi o Rossini.  

   Miguel Borrego (1971), concertino de la Orquesta de RTVE desde 1997, brilló admirablemente con Ottorino Respighiy su Concierto para violín “all’antica” en la menor, P. 75, que se interpretó por primera vez por la Orquesta, y que consta de tres secciones claramente diferenciadas. La obra, de orquestales reminiscencias barrocas y renacentistas -también por el mucho menor número de instrumentos que la componen-, deja espacio -sin embargo- a técnicos «solos» del instrumento, sobre todo en la segunda sección, que Borrego reflejómeritoriamente en rápidas digitaciones con escalas arpegiadas, dobles y triples cuerdas, glisandi y sforzandi, que resultaron muy propios y ajustados, así como el conseguir unas excelentes prestaciones extrayendo gran sonoridad a su instrumento.


   En la última sección, menos virtuosistica para el instrumento solista, la composición pone foco en la expresividad y el lirismo. También destacamos la destreza del solista para recrear con propiedad las partes en las que se integra con la orquesta, cuyo conjunto refleja calma y placidez, rematando la obra en pianísimo. En la dirección, Vassily Sinaisky(1947) ecualizó muy apropiadamente a todos los participantes, obteniendo una versión muy fresca y sugerente.Solista, orquesta y director fueron muy aplaudidos.

   Semirámide, drama en dos actos, fue la última ópera seria del genio de Pésaro que -como sus anteriores- fueron puestas al servicio de los medios vocales de su esposa, la muy famosa soprano española Isabel Colbran, aunque en este caso esos medios estaban ya en declive. Vassily Sinaisky, con una dirección basada en una comedida gestualidad en relación al carácter de cada uno de sus momentos, reflejó adecuadamente la espectacularidad de la obertura, que comienza con pequeños motivos para acabar en clímax y explosión pirotécnica. Por ese modo tan personal de componer -de lo liviano al impactante final-, «marca de la casa», Rossini fue apodado por la crítica -y no en vano- como «Don Crescendo», en referencia a que en su música se prodiga, tanto en el ritmo como en la intensidad de la música,el crecimiento de ambos aspectos de modo vertiginoso.

   La segunda parte estuvo encomendada en exclusiva a la cantata Aleksandr Nevsky, de Prokofiev. De una incontestable atracción dramática, y sugerente por sí misma -una verdadera obra maestra, incluso aunque la música sea separada de la película de Eisenstain-, narra la heroica victoria del pueblo ortodoxo ruso -al mando del príncipe de Nóvgorod (1220-1263)- frente a los caballeros católicos de la Orden Teutónica en el helado lago Peipus.La contralto rusa Olesya Petrova -cuyos actuales caballos de batalla en escena son Amneris, Azucena o Charlotte- ejerció de perfecta novia que busca al amante perdido en el «Campo de los muertos» y que clama:

«No tomaré por marido a un hombre hermoso,

me casaré con un hombre valiente:

¡Oídlo todos, aguerridos soldados, hombres con corazón de león!»


   Con una voz llena de arrebatada expresividad y tristeza, y con unos medios vocales sobresalientes -con timbre de verdadera contralto-, alta capacidad de proyección y matización -para una voz de tan grandes hechuras-, y construida en una sola pieza -de arriba a abajo-, podemos afirmar que fue la triunfadora de la noche, pudiendo permitirse acabar su parte en un meritorio y prolongado pianísimo.

  En cuanto a las partes corales, en general fueron ejecutadas de forma solvente por ambas agrupaciones, y permitieron el lucimiento conjunto. Por cuerdas, deslumbraron los tenores y -en menor medida- las sopranos, ambas cuerdas con una muy buena dicción y proyección, demostrando una verdadera intención dramática sobre los textos. Nos gustaron bastante menos las mezzos y bajos, y seguimos diciendo que creemos faltan efectivos en ambas formaciones con ese color real de voz o una mayor «conciencia de cuerda».

   Debido a ello, detectamos falta de presencia sonora y merma de sus soportes armónicos en los tutti corales y en los forte, extremos éstos no admisibles en el repertorio ruso. De milagro se oyó el Do grave de bajos en «Peregrinus, Peregrinus». En el último número, «La entrada de Aleksandr Nevsky en Pskov», el maestro Sinaisky llevó hasta las últimas consecuencias la descarga de la alta tensión que encierra la obra, incrementando el volumen orquestal más toda la percusión puesta en juego, alargando en fortísimo el inacabable calderón del acorde coral final, consiguiendo una alta y emocionante intensidad que sin duda nos traspasó.

   Las partes estrictamente orquestales también fueron muy bien atendidas por la dirección del maestro, que supo mantener el ritmo «cinematográfico», sin merma de la tensión, así como aplicó altas dosis de dramatismo, exponiendo de forma muy transparente la orquestación de Prokofiev, atendiendo a todas las secciones, sobre todo a los metales y a la percusión. Sin duda, una gran versión del maestro Sinaisky, que se encuentra en una forma excepcional para seguir deleitando a los públicos de todo el mundo con su estilo nada estirado y -por el contrario- fresco y desenfadado, de gran talla interpretativa. El público premió a los intérpretes con largos vítores y aplausos, obligándoles a salir a saludar al menos en cinco ocasiones, junto con los directores de ambas agrupaciones corales.

Foto: Facebook Orquesta Sinfónica y Coro RTVE

Autor:Óscar del Saz
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