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VICENTE CHULIÁ, director: «Los subjetivismos psicológicos nos están asilvestrando y llevando a la imbecilidad»

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25 de junio de 2019

VICENTE CHULIÁ, director: «Los sujetivismos psicológicos nos están asilvestrando y llevando a la imbecilidad»

Una entrevista de Aurelio M. Seco / @AurelioSeco
«Don Gustavo», así es como Vicente Chuliá se refiere a Gustavo Bueno Martínez, «el filósofo más importante de la historia» a su juicio, un hombre a quien el destino no le permitió conocer personalmente pero que se ha convertido en uno de los puntos cardinales de su vida. Vicente Chuliá ha entrado de lleno en el mundo de la música y en el de la filosofía, como un soplo de aire polémico, comprometido con una enjundia intelectual que ha sorprendido a propios y extraños. Fiel discípulo de Bueno, Chuliá no elude la crítica sin complejos desde la plataforma del materialismo filosófico. Dos importantes entidades mejicanas lo han fichado este verano para enseñar dirección orquestal y filosofía de la música: La Universidad de Guanajuato y la Facultad de Filosofía de León.

En agosto ofrecerá dos cursos en México, uno de dirección orquesta y otro de filosofía de la música.

Sí, son dos semanas conectadas de alguna forma, del 5 de agosto hasta el 16. La primera de ellas está organizada por la Universidad de Guanajuato  y será un curso de dirección orquestal en el que habrá unos seis alumnos seleccionados con un concurso previo. Participa la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato y vendrán de oyentes los alumnos que están inscritos en el curso de filosofía de la música que realizaremos en León, donde trabajaremos aspectos de la escuela de dirección de orquesta hispánica, fundamentada en el pensamiento de Gustavo Bueno, sin duda una de las más importantes del siglo XX. En el curso de filosofía se trata de explicar la música y todo lo que le concierte desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno.

En las primeras semanas compartiré la docencia de este curso con Roberto Beltrán Zavala, director titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato. Al final se ofrecerá un concierto donde actuarán los propios alumnos seleccionados. Yo dirigiré la Sinfonía nº 5 de Beethoven y la Segunda suite del Sombrero de tres picos de Manuel de Falla.

En León hablará sobre filosofía de la música.

Sí, la segunda semana. Impartiré el curso en la Facultad de Filosofía de León. Trabajaremos los conceptos e ideas derivados del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, algo que es una necesidad urgente por la propia potencia del sistema de Bueno, a quien considero el mejor filósofo de todos los tiempos y que hace que el sistema de pensamiento español llegue realmente a su cénit.

¿Cómo empezó su relación con la filosofía de Gustavo Bueno?

Fue más o menos hace seis años. Descubrí la filosofía de la música a través de mi hermano, el conocido trompetista Ernesto Chuliá. Yo había estudiado dirección de orquesta con Enrique García Asensio y soy un apasionado del arte de la dirección de Sergiu Celibidache. De hecho, realicé mi tesina haciendo un análisis fenomenológico del primer movimiento de la Segunda sinfonía de Brahms. Cuando mi hermano me empezó a mostrar videos de Gustavo Bueno y me descubrió el curso de Filosofía de la Música que ofreció en el Conservatorio de Oviedo, que está en el canal de Youtube de la Fundación, me quedé totalmente abrumado y me di cuenta de que lo que yo creía que tenía claro hasta la fecha en realidad no lo estaba tanto. Pese a reconocer la potencia enorme de Celibidache, había cosas que se podían replantear de forma diferente.

Gustavo Bueno es un genio, sin duda uno de los más importantes filósofos que han existido, pero la gente hoy apenas lee nada, o se leen tonterías pueriles. 

La filosofía de Bueno no es fácil. Todo lo valioso cuesta trabajo de descifrar. Es difícil de entender. Lo que yo hice fue empezar a comprar sus libros más importantes y realizar un trabajo silencioso estudiándolo y tomando apuntes.

¿Se conocieron?

Sucedió que en 2015 mi hermano regaló a Don Gustavo unos discos con música de mi padre, Salvador Chuliá, interpretada por el mejor trompetista de todos los tiempos, Maurice Andre. Para sorpresa de mi hermano, el propio Gustavo Bueno lo llamó en persona para decirle que la había interesado mucho la música de nuestra familia y que estaba interesado en nuestro arte. En ese momento yo ya tenía muchos apuntes tomados de su obra, pero la prudencia me impidió presentarme sin entenderlo todo. Mi padre me había dicho: «No vayas a conocer a este hombre hasta que estés convencido de que tu trabajo es presentable»

Lamentablemente Gustavo Bueno falleció el 7 de agosto de 2016 y no me dio tiempo a conocerlo en persona. Tras su muerte ordené mi material y escribí a Tomás García López, a quien ya tenía gran admiración. Es un gran maestro que se ha dedicado con devoción y fidelidad a estudiar la obra de Bueno desde 1965. Tomás García le habló de mí a Gustavo Buenos Sánchez, hijo de Bueno y presidente de la Fundación y, a partir de entonces, no tengo palabras para hablar de la generosidad que han mostrado conmigo. Estoy en deuda con ellos de por vida.

Recuerdo que, cuando me recibieron en Oviedo, estuve hablando con Tomás García desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde. Cuando llegó Gustavo Bueno Sánchez, le dijo: «Tu padre estaría encantado con este trabajo. Debe ser publicado inmediatamente». Tomás García pensaba que ya habría tiempo más tarde de ir perfeccionando lo que fuera. Pusieron en mis manos manuscritos de Don Gustavo, y libros que habían sido subrayados por él. Me quedé muy sorprendido al observar el dominio que tenía del contrapunto, algo poco habitual incluso en gente del gremio. A partir de ahí mi vida está dedicada a explicar la música desde los principios de Don Gustavo.

Sus videos en el canal de Youtube de Fundación Gustavo Bueno están siendo muy seguidos.

Por un lado están las lecciones de la Escuela de Dirección Hispánica, otros son las clases magistrales y por último las críticas.

Fue muy polémica la crítica realizada al discurso de Miguel Ángel Gómez Martínez en el acto su investidura como Doctor Honoris Causa de la Universidad Politécnica de Madrid.

Lo primero que digo en el video es que Miguel Ángel tiene una trayectoria profesional incuestionable. Qué mayor muestra de respeto que criticar ciertos aspectos de su discurso que, desbordando el campo categorial de la música, puedan ser trabajados por campos que permitan cribar las partes que puedan suscitar interpretaciones. Una de las cosas que yo critico es que la música sea una ciencia estricta. El materialismo filosófico no anega en un todo confuso las Ideas de Ciencia, Arte y Filosofía.

La música no es ninguna ciencia. Lo es en tanto que forma parte de la historia, que es una ciencia humana, donde el sujeto no puede ser eliminado, como sí ocurre en la termodinámica, química o geometría. El propio hacer musical requiere un tipo de racionalidad noetológica. No está cerrada a un campo pero está moviéndose en materiales sustantivos.

Defina «música sustantiva»

Nosotros entendemos a la música como un objeto exento y no inmerso, el propio ámbito sublime debe ser buscado desde la propia lógica operatoria de sus términos y no desde ideas que están fuera de la música. Si la música está al servicio de la danza o ideas adventicias, no es música sustantiva.

Es decir, que la música para cine de John Williams no es música sustantiva.

No,  por definición, ni la ópera. Ahora bien, dice Bueno que en el propio arte adjetivo, en la corteza puede darse una sustantividad. Si cogemos un aria u obertura, sacándola del ámbito del teatro y tocándolo en concierto puede suponer una sustantividad.

La consagración de la primavera de Stravinsky tampoco sería música sustantiva.

No, bajo el prisma de estar al servicio del ballet sería música adjetiva, pero no puedo asegurar que la totalidad pueda derivar en una sustantividad artística, aunque muchas de sus partes constituyen una sustantividad. Siempre y cuando la Consagración tenga que funcionar desde ámbitos como el ballet es adjetivo. Si una obra para piano está al servicio de la prodigiosa mecánica del pianista, es música adjetiva respecto a las características técnicas del ejecutante. La sustantividad tiene que venir de las instituciones formadas por conceptos técnicos de la composición, normas, patrones y procedimientos lógicos del manejo del contrapunto en los entrelazamientos sonoros.

Hay directores con muy mala técnica que han pasado a la historia por la importancia de sus versiones.

Ahí funciona la distinción entre la tecné, y la poiesis. Se ve esto en directores como Carlo Maria Giulini o Furtwangler, que cuando lo vemos en videos es un espanto, pero tiene dos sinfonías y varias sonatas para piano donde se perciben conocimientos de contrapunto y fuga, donde muestra su capacidad para conectar los glomérulos, los hilos sonoros que el director ata, para formar al final una pelota con todos esos sonidos.

¿Qué sucede con el tipo de apreciaciones que hacía Carlos Kleiber, que por ejemplo decía que para obtener una determinada sonoridad los músicos debían pensar que se trataba de «lágrimas de cocodrilo»?

Hay que olvidarse de ellas. Pero las respuestas no son blancas o negras. Kleiber era el rey del melos. Los hilos que van abriendo el ovillo es el melos, que es la parte de un cuerpo, que es lo que canta, y efectivamente él era el rey del melos; en cambio, bajo mi opinión no es comparable con el sinfonismo de Furtwangler, porque este melos muchas veces por debajo está supeditando la música a ideas adventicias y convierte a la música en monista y no pluralista. Kleiber era un gran director por esa capacidad de melos, pero no hay que olvidar la idea de contrapunto, dialéctica de sonidos…

¿Qué es la «prosa de la vida», de la que tantas veces habló Gustavo Bueno?

Se define en contraposición de la poética, es decir a las construcciones que no son adjetivadas en nuestra cotidianidad.

¿La marcha Radetsky pertenece a dicha prosa?

Esta obra, en el concierto servil de Año Nuevo es música adjetiva a la autocomplacencia mediocre regulada con palmadas rítmicas. 

¿Cuándo una sonata de Mozart es música sustantiva?

Siempre que el ejecutante haga bien la música, masticándola para los demás, para que los demás entren en la esfera. Viene del Ion de Platón. Lo que estamos haciendo con la ejecución es articular los glomérulos para que el que esté oyendo y esté interesado por esto pueda entender las partes y apreciar la raíz de la música, que es la apreciación. Lo que desde la música se aprecia sin que hagan falta ideas adventicias, es música sustantiva, y en una sonata de Mozart, si el pianista hace el imbécil, es adjetiva.

Es decir, que cuando Glenn Gould tocaba una sonata de Mozart estaba haciendo música adjetiva.

Muy a menudo, sí, porque la presencia del artista en la interpretación de una obra es objetiva o subjetiva, pero cuando la subjetiva no va en relación a la objetiva y quiere ser el centro de atención, se está destruyendo la sustantividad de la obra.

¿Nombre algún pianista que hiciera música sustantiva cuando tocaba?

Edwin Fischer o Rachmaninov, por ejemplo, que fue un emblema de arte sustantivo, en gran parte por sus amplios conocimientos como compositor. Otros ejemplos de músicos son Furtwängler o Celibidache.

No parece que haya muchos…

Por desgracia, no, debido a la hipóstasis de elementos como los sentimientos. La gente cada vez sabe menos. Los subjetivismos psicológicos nos están asilvestrando y llevándonos a la imbecilidad.

Foto: Fernando Frade

Autor:Aurelio M. Seco
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