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Libro: 'Vicente Scaramuzza. La vigencia de una escuela pianística'. Sebastián Colombo

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17 de abril de 2016

VICENTE SCARAMUZZA

Por Francisco Jaime Pantín
Vicente Scaramuzza. La vigencia de una escuela pianística. Sebastián Colombo. Círculo Rojo, edición ampliada, 2015. (498 págs.). IBSN: 978-84-9115-198-2

   La figura de Vicente Scaramuzza y su importancia en la historia de la pedagogía pianística ha sido objeto de estudios diversos que -unidos a los múltiples testimonios de algunos de los pianistas más afamados que directa o indirectamente accedieron a sus enseñanzas- han contribuido al conocimiento de un maestro peculiar y visionario cuya intensa actividad pedagógica, a pesar de haberse desarrollado fuera de los grandes círculos de formación (conservatorios afamados, universidades o escuelas de alto rendimiento), ha llegado a obtener una notoria repercusión a nivel internacional.

   Formado en la escuela napolitana, desarrolla una actividad concertística relativamente breve, emigra a Argentina y se establece en Buenos Aires donde funda un conservatorio en su propia casa, desarrollándose su labor docente en un entorno estrictamente familiar encargándose de manera prácticamente exclusiva de la formación de sus alumnos, con algún apoyo de su mujer e hijos, sin adoptar en ningún momento la estructura piramidal tan frecuente en las escuelas pianísticas convencionales y nutriéndose exclusivamente de alumnos autóctonos.

   Desarrolló una teoría de la ejecución pianística de considerable y profunda complejidad que nunca dejó de ampliar y perfeccionar a partir de unas bases inamovibles que posteriormente adaptaba a las condiciones individuales de cada alumno. La eficacia de su sistema es incontestable y son muchos los pianistas de prestigio que con él se formaron. A los muy conocidos nombres de Martha Argerich, Bruno Leonardo Gelber, Carmen Piazzini o Silvia Keserbaum habría que añadir otros menos populares pero igualmente representativos de su escuela como Carmen Scialcione, Luis La Via, Fausto Zadra, Dante Amicarelli, Antonio de Raco y tantos otros.

   Habiéndose formado en una época en la que todo lo referente al estudio de la ejecución pianística a partir de presupuestos racionales tuvo una especial relevancia, en un momento donde aparecieron la mayor parte de los tratados elaborados a partir de estos enfoques, la técnica parece haber sido su principal objetivo y su auténtica especialidad.

   Scaramuzza no dejó nada escrito que explicara su sistema. Esto ha contribuido, paradójicamente, a acrecentar su leyenda y alimentar una suerte de misticismo en torno a figura. Su concepción de la técnica del piano se ha transmitido a través de sus discípulos -muchos de ellos maestros a su vez-, de sus apuntes e indicaciones en las múltiples partituras que manejó, de testimonios directos de quienes recibieron sus clases y sobre todo gracias a la labor de recopilación, análisis y difusión realizada por María Rosa Oubiña de Castro, verdadero ángel custodio de la tradición scaramuzziana, recientemente desaparecida y cuyo testigo ha recogido su discípulo Sebastián Colombo, autor de este estudio.

   En esta segunda edición que ahora comentamos, Colombo amplía profusamente una primera que, publicada en 2013, resultó excesivamente esquemática. La diferencia de volumen con la primera edición (497 páginas por 103) habla por sí sola del esfuerzo realizado en lo que a documentación y ampliación del texto se refiere. Se incluye también un material fotográfico mucho más extenso y las explicaciones técnicas se acompañan de múltiples comentarios del propio Scaramuzza, de algunos alumnos ilustres u otros pianistas o pedagogos. Se desarrollan, además, cuatro nuevos capítulos, el último de ellos dedicado a testimonios personales y entrañables de músicos relacionados directa o indirectamente con el maestro y se amplía de manera espectacular el árbol genealógico de la herencia del ilustre pedagogo a la vez que se rectifican algunas imprecisiones contenidas en la anterior edición.

   La labor de Scaramuzza fue inmensa y su magisterio se prolongó durante décadas en una vida longeva dedicada a la enseñanza. Desarrolló un sistema propio, basado en un conocimiento profundo de la anatomía y de las leyes fundamentales de la física, ampliando conceptos que, si bien ya habían sido promulgados anteriormente por pedagogos y teóricos diversos,  elabora  de manera muy personal, a partir de una metodología notoriamente eficaz basada en el análisis exhaustivo del movimiento, el trabajo intensivo y riguroso, la exigencia extrema y el control absoluto sobre el alumno, a través de un lenguaje que mezcla el rigor conceptual con una imaginación desbordante que salpica de metáforas ingeniosas  muchas explicaciones  de difícil comprensión.  El trabajo del sonido como objetivo fundamental y la obtención del mismo a partir de la sabia combinación de dos energías esenciales, se convirtieron en el eje de un sistema que Sebastián Colombo explica con lucidez, tarea nada fácil dada su enorme complejidad, algo tan solo al alcance de quien conoce a fondo las raíces de una técnica que asimiló y sigue transmitiendo.

   La tarea de explicar con palabras unos conceptos que -por racionales que parezcan- poseen un fuerte componente empírico, resulta extraordinariamente compleja. Tan importante como el movimiento en sí mismo es la sensación interior que comporta y ahí entramos en el terreno de lo psico-físico, con lo cual la sistematización en este aspecto es posible tan sólo hasta cierto punto. El lenguaje y la terminología a emplear resultan a veces imprecisos e insuficientes para transmitir unos conceptos difícilmente definibles. El trabajo de Sebastián Colombo resulta especialmente encomiable en este aspecto, consiguiendo clarificar gran parte de las concepciones pianísticas de Scaramuzza a un nivel inusual sin la utilización de vídeos explicativos.

   Se echa en falta una mayor profundización en dos aspectos fundamentales de la pedagogía pianística como son la metodología del estudio y la memorización, a las que si bien se dedican capítulos independientes básicamente interesantes resultan insuficientes, sobre todo en comparación con la profundidad observada en otros apartados.

   Tampoco se habla mucho de interpretación ni de los criterios del maestro en lo relativo a la estilística, la forma o el análisis. Sus preferencias parecen haberse dirigido hacia el romanticismo y el ideal sonoro que preconizó – básicamente belcantista, sonido redondo y profundo- parece encajar dentro de esta preferencia.

   Se trata, en definitiva, de un libro fundamentalmente dirigido a profesores y pianistas avanzados, ya que la asimilación de muchos de los conceptos que desarrolla no está al alcance del aficionado, pero que supone una buena oportunidad para que todos pueden acercarse a la figura de un maestro cuya influencia ha resultado decisiva en un amplio ámbito de la pedagogía pianística.

Autor:F. Jaime Pantín
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