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[C]rítica: Adam Fischer dirige la «Novena sinfonía» de Mahler en la temporada de La Filarmónica con la Sinfónica de Düsseldorf

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20 de enero de 2019

Mahler sólido, pero sin emoción

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid. 16-I-2019. Auditorio Nacional de música. Temporada de“La Filarmónica”. Sinfonía núm. 9 (Gustav Mahler). Orquesta Sinfónica de Düsseldorf. Dirección: Adam Fischer.  

   Dentro de la atractiva temporada de conciertos de La Filarmónica llegaba el turno a la Orquesta Sinfónica de Dusseldorf, agrupación con solera que, además de su temporada de conciertos en la Tonhalle de dicha ciudad, ocupa el foso de la Deutsche Oper am Rhein, teatro de ópera que comparten las ciudades de Dusseldorf y Duisburg. Un modelo de cooperación que debería servirnos de ejemplo. Al frente de la orquesta, su titular, el veterano Adam Fischer, experto músico húngaro de larga trayectoria, a lo largo de la cual ha tenido la oportunidad de dirigir prestigiosas orquestas, además de una abundante presencia en la Opera de Viena (donde le ví dirigir una función de El caballero de la rosa de Richard Strauss hace años con la maravillosa producción de Otto Schenk), así como en teatros de la categoría de La Scala milanesa o la Opera de París. Incluso en Bayreuth, en cuyo mítico foso dirigió la tetralogía del Anillo del nibelungo sustituyendo al tristemente fallecido Giuseppe Sinopoli.


   En programa nada menos que la Novena sinfonía de Mahler, monumental y sobrecogedora composición estrenada póstumamente y en cuya creación está presente, sin duda, la muerte cercana, pero contrastada con pasajes en que el anhelo y alegría de vivir pugnan por imponerse.

   Adam Fischer, que dirigió sin partitura, ofreció una versión estimable, con buenos momentos y tempi coherentes, como corresponde a un maestro competente y experto. Sin embargo, también concurrieron altibajos y no quedó muy claro cuál es su concepto global de la obra, además de faltar hondura e implicación emocional. La orquesta demostró su buen nivel, pero no extraordinario y lejos de las agrupaciones de calidad suprema alemanas. Fischer dirigió con gesto claro y un mando total sobre la orquesta, muy motivada y entregada a su titular, con una cuerda compacta pero falta de un punto de brillo y colorido. Buena actuación de la concertino en sus diversas intervenciones.


   Un tanto gris y plano resultó el primer movimiento, pero sin embargo, el segundo fue notable, con pulso rítmico, brío y sentido danzable, expresando bien la alegría y amor a la vida que intenta abrirse paso entre tanta desolación. En el tercero, Fischer obtuvo momentos de tensión e intensidad de fraseo a la orquesta (incluso pudo escucharse algún que otro gruñido con el que el músico húngaro acompañó su gesto con la batuta), pero no logró transmitir esa tremenda paradoja, esa angustia, de quien parece querer burlar a la muerte que llega irremisible. Igualmente, en el último movimiento Fischer logró alargados pianissimi de la cuerda -de buen efecto-, pero dentro de una compostura y cierta neutralidad, sin que la congoja, el dolor de estómago, la conmoción, se apoderara de nosotros.

   Una Novena de Mahler, por tanto, sólida, con sus buenos momentos, bien tocada por una buena orquesta dirigida por un veterano y capacitado maestro, pero a la que faltó profundidad y sobre todo, mayor fuerza dramática y carga emocional.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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