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Crítica: 'Cavalleria rusticana' y 'Pagliacci' en el Teatro Cervantes de Málaga

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11 de abril de 2016

FIN DE TEMPORADA CUESTIONABLE

Por Alejandro Fernández
Málaga. 9/IX/16. Teatro Cervantes.  XXVII Temjporada Lírica. Cavallaria rustinaca y Pagliacci. Operas en un acto y prólogo y dos actos de Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo. Solistas: Tatiana Anisimova, soprano; Javier Palacios, tenor; Rodrigo Esteve, barítono; Virginia Wagner, soprano; Milagros Martín, contralto; Eduardo Sandoval, tenor; Borja Quiza, barítono y Manuel de Diego, tenor. Coro de Ópera de Málaga. Orquesta Filarmónica de Málaga. Escolanía de Santa María de la Victoria. Director musical: Jorge Rubio

           Dos años separan los estrenos, en Roma y Milán, de Cavalleria Rusticana y Pagliacci,  páginas consideradas la entrada de la lírica italiana al estilo verista, que aportarón cambios sustanciales en el aspecto formal, abandonado la centenaria segmentación recitativo y aria, pero también conceptual, al tratar temas humanizados y por tanto de calado. Las habíamos escuchado en concierto y selecciones, aunque  nunca se habían abordado al completo en Málaga, algo que de por si suma cierto valor a la sencilla propuesta de Producing Emotions con la dirección escénica de Marco Carniti.

   El trabajo escénico de Carniti compensó ampliamente la sencillez de la puesta en escena. Apenas unos pocos elementos esbozaron los distintos escenarios que en el caso de Cavalleria y se diluyeron obviando espacios concretos recogidos en la ópera. Mejor resultado obtuvo la propuesta para Payasos de Leoncavallo. En ambas, Carniti presagia los desenlaces con el juego de luces y sombras, acentuando momentos concretos. Si interesante fuese Mascagni, su propuesta para los comediantes alcanzaría un punto de inflexión con el cuadro dedicado a la caracterización de los personajes en el Intermezzo escrito por el compositor napolitano.

   Muy probablemente, si la escena de Carniti hubiese sido otra, la dirección musical de Jorge Rubio apetecería más caótica y perdida de lo que pudo llegar a ser. En Cavalleria renunció a cualquier color, mientras que para Pagliacci el desatino tan sólo estuvo remediado por las tablas de solistas y masa coral. Produjo inaceptables descuadres especialmente en el Regina Coelis manejando en todo momento un timbre dentro de la orquesta que basculaba entre el forte y el alarido, motivo por el cual infringió a los intérpretes a un particular calvario. Sencillamente, no fue su noche a pesar de contar con un elenco que hizo vibrar al coliseo malagueño desde que se alzó la ola azul del Cervantes.

   Discreto, discretísimo el papel de Javier Palacios, su fría O Lola adoleció de colocación, definitivamente opaca. A pesar de contar con un instrumento resuelto la intervención en Cavalleria planteó serias dudas. Más resuelta tanto en escena como vocalmente fue la lectura dada por la soprano Tattiana Anisimova. Su voz se deslizó por el registro más agudo con precisión distinguiéndose, además, en las líneas más bajas en su tesitura de soprano dramática. La otra gran voz femenina de esta puesta en escena fue la elegante Virginia Wagner, quien hizo doblete como Lola en Cavalleria y Nedda en Pagliacci. En ambas, Wagner hizo gala de una generosa proyección, algo forzada en momentos, achacable al muro levantado por Rubio al frente de la OFM. Rodrigo Esteve también participó en ambos montajes destacando especialmente en Leoncavallo.

   De las dos óperas propuestas fue sin duda Pagliacci la más elaborada en conjunto. Su cuidado elenco vocal estuvo completado con la sobresaliente actuación de Manuel de Diego, el barítono Borja Quiza y la magistral lección de canto ofrecida por Eduardo Sandoval, timbre justo, voz acerada y presencia dentro de la escena.

   Desigual sería también la participación del Coro de Ópera de Málaga en las dos óperas en programa. El coro que dirige Salvador Vázquez mostró problemas de entradas y descuadres en Cavalleria. Tampoco podemos olvidar la colaboración de la escolanía que dirige Narciso Pérez del Campo cuyos jóvenes coralistas mostraron un gran hacer tanto vocal como en el plano interpretativo.

   Mascagni y Leoncavallo despiden una temporada que invita a la misma reflexión que desde la partida de Lorenzo Ramos padece la ópera en Málaga. Un año más la tibia apuesta por el género nos han ofrecido una programación ampliamente superable a excepción de este último título que da en solitario carta de naturaleza a un eufemismo llamado Temporada Lírica. Juan Antonio Vigar, gerente del Cervantes, tiene por delante el reto de disculpar los despropósitos de su antecesora en el cargo y plantear un nuevo modelo que devuelva la lírica malagueña a esos niveles que hemos llegado a conocer. La tarea no es simple pero cuenta con el apoyo de todos aquellos que amamos el género.

Autor:Alejandro Fernández
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