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AMIR KATZ, pianista: «El arte debe tener la pureza del idealismo»

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1 de septiembre de 2019

AMIR KATZ, pianista: «El arte debe tener la pureza del idealismo»

Una entrevista de Aurelio M. Seco / @AurelioSeco
Empecemos hablando de su proyecto de hacer un festival de piano.

Hace tiempo que tenía la idea de realizar un festival en Berlín. Es algo que había hablado con Giselle Brodsky en varias ocasiones, con la intención de llevar el Festival Internacional de Piano de Miami [Miami International Piano Festival] a Alemania. Ella también tenía en mente ampliar las fronteras del festival de Miami, así finalmente se podrá hacer.

¿Por qué otro festival en Berlín?

A través de mis viajes he tenido la oportunidad de escuchar a algunos músicos extraordinarios. Algunos están al comienzo de sus carreras, otros son artistas maduros. Siempre soñé con compartir estas experiencias conmovedoras con la mayor cantidad de personas posible, y al mismo tiempo ofrecer a estos importantes artistas un escenario para ser escuchados. Descubrir a pianistas como Josu de Solaun, Claudio Martínez Mehner, Severin von Eckardstein e Ilya Itin han supuesto para mí experiencias musicalmente asombrosas. Cada uno de ellos es un universo por derecho propio. Tengo que decir que además del piano, siempre me ha gustado el mundo del canto. La voz humana es mi instrumento preferido. Creo que para entender a muchos compositores importantes, no sólo Schubert o Mozart, sino también a Schumann, Brahms, Liszt, Tchaikowski o Rachmaninoff, es indispensable escuchar y tocar sus obras vocales.

En la primera edición del festival tendremos a cuatro cantantes de máxima calidad : Adriana Kučerova, soprano, Esther Pavlu, mezzo, Sascha Emanuel Kramer, tenor y Leon Košavić, barítono. Mi sueño de este «emparejamiento» entre músicos que admiro y el público finalmente va a encontrar su expresión en una forma de festival de música en Berlín. La Jesús-Christus-Kirche puede no tener una gran lámpara de araña, pero su atmósfera y excepcional buena acústica, que además ha sido muy importante para la historia de la música, ya que en ella han grabado, por ejemplo, Karajan, Sviatoslav Richter, Rostropovich, Furtwängler etc..., permitirá a estos artistas expresar su mensaje y, con suerte, ofrecer una experiencia inolvidable ...

¿Cuáles han sido sus maestros?

Yo diría que había dos músicos importantes para mí: Elisso Virsaladze, que es una gran pianista con la que he estudiado tres años. Aprendí muchísimo de ella, no sólo sus secretos pianísticos sino también influyó en mi forma de pensar. El otro es el tenor Pavol Breslik, con quien hago música desde hace diez años. Hemos hecho muchos conciertos de lieder por todo el mundo y también grabamos algunos discos. En octubre de este año saldrá el disco del Winterreise con Orfeo internacional. Un buen cantante te enseña manejar la línea. De esta forma aprendi cuales son el fraseo y la respiración de un cantante, la libertad métrica  y el timing justo pero, sobre todo, escuchar y conectar con mi melodía interna. Interpretar la música de dentro y no violar la de fuera. Debo decirle que mi vida cambia continuamente. El encuentro con Giselle Brodsky y el festival de Miami en 2010 también la considero como una experiencia significativa en mi vida. Siempre estoy buscando alguna nueva inspiración, quizás porque todavía tengo la sensación de que estoy aprendiendo y descubriendo cosas nuevas como un niño.

Usted ganó el Concurso María Canals y además cuatro primeros premios en concursos internacionales de piano.

Sí, el María Canals en Barcelona, con 19 años. Los otros premios llegaron en momentos diferentes de mi carrera. Después del concurso Maria Canals realicé algunas giras con la Sinfónica de Barcelona, en España, aprendí español y empecé a vivir en Madrid, una ciudad que me gustó mucho. Desde entonces siento una relación muy especial con España. A veces tengo la sensación de que en mi vida anterior fui español. Cuando sea anciano quiero vivir en España, en algún sitio al lado del mar.

Vive usted en Alemania.

Sí, la música alemana siempre me ha fascinado. Por eso vine a estudiar a este país y a conocer su cultura. No pensé que me quedaría ahí, sobre todo porque vengo de una familia que estuvo afectada por el Holocausto. Mi madre nació en Odessa, los padres de mi padre en Polonia. Yo crecí en la casa de mi abuela, porque mis padres tenían que trabajar. Mi abuela nació en una ciudad en Polonia que se llama Jaworzno. Está 17 kilómetros de Auschwitz. Cuando ella se marchó de Polonia, tenía 25 años. Ella dejó allí a su madre, su hermana y sus tres hermanos, que estaban casados, además de 5 nietos de 8 a 13 años. Todos menos su hermana acabaron en las chimeneas de Birkenau, al igual que la familia de mis otros abuelos, en Bełcez. Esas historias las oí cuando era niño. En 2006 toqué un concierto en Jaworzno en memoria de los miembros de mi familia que fueron asesinados en el holocausto. Toqué los 21 Nocturnos de Chopin.  También estuvo Andreas, mi mejor amigo alemán, y así se cerró un siglo. Para mi sorpresa mi experiencia en Alemania fue más que positiva. Me sentí como una plánta que encontró un suelo fértil. Lo que me conecta con este país y su pueblo es mi amor a su cultura y tradición. Encontré una generosidad y bondad increíbles. Un publico curioso y abierto. También a nivel personal he hecho muy buenos amigos y por eso me decidí a quedarme. No existe una ciudad en el mundo entero donde me sienta más en casa que Berlín. Así de irónico es el destino...

¿Cómo ve el mundo un pianista como usted?

No tengo televisión. Se puede decir que vivo en una especie de mundo paralelo. Desde luego, si sólo estás pensando en tu carrera, desapareces en el «Nichts» como en la Historia interminable de Michael Ende; un mundo vacío sin sueños, creatividad y fantasía. A mi juicio, el arte debe tener la pureza del idealismo. Aquí también hay una ironía, que mi desarrollo personal es totalmente opuesto de los concursos que he hecho en el pasado. Estoy muy agradecido de todo lo que recibí, pero mi búsqueda de hoy no tiene nada que ver con este mundo.

Si echamos un vistazo al siglo XIX, por ejemplo, pintores como Van Gogh o compositores como Schubert, mientras trabajaban apenas tenían recursos para subsistir. Su obra no era demasiado conocida. Trabajaban por un ideal y el éxito les llegó después de su muerte. Justamente eso fue el ideal del Wanderer romántico: «Da, wo du nicht bist, ist das Glück», escribió el poeta alemán Georg Philip Schmidt. Traducido:  «Ahí, donde no estás, está la felicidad». El Wanderer esta en la búsqueda permanente detrás de un ideal inalcanzable. A veces se consigue después de la muerte.  Ahora se toca a menudo mucho más perfecto, y se usan las redes sociales. La gente está acostumbrada a obtener una satisfacción rápida y se escucha todo a través del micrófono del teléfono. Ni siquiera se leen ya libros. Se prefieren los videos. Eso para el arte es nefasto, porque se pierde la paciencia y el desafío de la complejidad. El arte grande tiene que tener, por decirlo de alguna forma, la prueba del tiempo. El éxito inmediato no es necesariamente un éxito de forma permanente. Lo profundo suele ser a menudo de acceso mucho más difícil.

En lo personal, ahora mismo me interesa promocionar el festival, pero no sólo como algo que puede ayudar a mi carrera, sino como algo que puede cumplir una función artística importante.

¿Qué es para usted la música?

Es como el oxígeno... Aunque también hay otras muchas cosas en la vida que me encantan. Aprendo a vivir aprenciando el presente.  Estar aquí y ahora. Me interesa mucho viajar y ver diferentes culturas. He podido vivir en muchos países, aprender cinco idiomas: español, alemán, inglés, francés y hebreo, mi lengua materna. Ahora quiero aprender italiano y ruso. Me encantan mis amigos, la comida, la naturaleza, el vino, la literatura y sobre todo la poesía...También veo mucho cine. Acabo de ver la nueva película de Pedro Almodóvar. Soy un fan de su cine. Lo adoro.

¿Su autor predilecto?

Quizás Schubert... A veces me pregunto cómo es posible con tan pocas notas que su música me duela tanto emocionalmente. Es algo que no puedo explicar. Amo la obra de muchos compositores, pero no de compositores que son incapaces de cantar.

¿Quién no puede «cantar»?

Boulez, por ejemplo. No quiero decir que sea mal compositor. Todo lo contrario, es un gran compositor, pero creo que en la música moderna ha pasado que los compositores dejaron de alguna forma de cantar la música, haciendo que ésta se transformase en algo más intelectual, dejando aparte esa forma tan natural de cantar que antes existía, y que yo creo que es una necesidad humana. Hay que decir que muchas obras de Berg sí tienen esa idea de canto. Respecto a lo que viene después de Alban Berg, no sé..., depende.

¿Cómo estudia?

Se puede decir que tengo épocas muy diferentes. Experimento mucho. Para mí es importante conectar con mi voz interna de una manera natural y sincera, algo que parece muy fácil pero que no lo es. Sin eso nada tiene ningún sentido. No significa que quiera ser auténtico a cualquier precio. Para nada. Escuchar tu voz interna también puede resultar de un gran simplicidad. Nos educan en una determinada tradición y no escuchamos nuestra propia visión. Y no sólo hay que aportar una visión propia, también hay que servir al compositor y justamente ésta es la dificultad: encontrar el punto justo entre lo sagrado y lo personal. El caos y el orden. El compositor y el intérprete... El que lo consigue es desde mi punto de vista un gran intérprete.

Ha grabado usted mucho.

Después de ganar el concurso Schubert en 2003  hice un ciclo con todas las Sonatas, Impromptus y la Wanderer Fantasie. Después hice las 48 Romanzas sin palabras de Mendelssohn, todos los Nocturnos, Estudios, Balladas, Impromptus, Valses de Chopin, muchas obras de Schumann y las Sonatas de Beethoven. Lo último que he hecho fueron todos los Estudios de Liszt. Eso también saldrá como disco doble con Orfeo internacional en febrero del 2020. Serán 24 Estudios y la Fantasía de Don Juan de Liszt. Esta obra de Liszt fue mi caballo de batalla en los concursos pero tengo que decir que sólo ahora la entiendo.

Que entiende ahora que no veía antes.

Liszt es unos de mis compositores preferidos. Me parece uno de los compositores más mal entendidos y despreciados de toda la historia de la música. Normalmente se toca esta obra como un potpourri de arias conocidas de la ópera y después de presentarlas, los pianistas van al gimnasio y hacen deporte al piano. En realidad esta fantasía presenta la idea de la lujuria y su castigo, un tema que esta presente en las obras de Liszt y en su vida también... Seguro que Liszt leyó el artículo de Schumann sobre las Variaciones Don Giovanni de Chopin. Las de Liszt por supuesto que tienen el virtuosismo transcendental pero esta dificultad técnica encarna lo que pasa entre Don Giovanni y Zerlina detrás del escenario... traducido a los términos de hoy sería Zerlina, Donna Anna, Donna Elvira #metoo...

¿Por qué hay tanta diferencia en la forma de tocar de los pianistas de la primera mitad del siglo XX y los de ahora?

Como escribió el pintor Kandinsky en su libro De lo espiritual en el arte, «cada obra del arte es una hija de su tiempo». En mi opinión no se puede hacer una dicotomía entre los pianistas de hoy y los pianistas de antes, simplemente porque hay muchos que no conocemos. Si hacemos una prueba detrás de una pared habría muchas sorpresas. Uno no tiene que ser famoso para ser buen músico. Hay tantos pianistas hoy en día que estéticamente tocan de maneras muy diferentes, hasta opuestas. Parece que los pianistas de antes como Cortot, Maria Grinberg, Sofronitsky o Frederic Lamond, eran más espirituales que los de hoy, pero eso no es verdad: depende del pianista. Lo que si se está transformando es la estética. Nos está cambiando a través de Iphones, tablets, redes sociales y demás. Los pianistas están siempre grabándose con la intención de que todo suene siempre perfecto y bonito, pero resulta que dejan el alma afuera y escuchan con los ojos. Novalis dijo que «en toda poesía el caos debe brillar a través de la pila regular de orden...».

¿Cuáles son sus ambiciones?

Me ha costado mucho llegar a estar en paz conmigo mismo. Realicé seis años de psicoanálisis cuando viví en Múnich. Fue un viaje muy intenso a mi inconsciencia. Al final me hice mucho más equilibrado, pero con el equilibrio también viene la comodidad, que es el enemigo del arte, así que en la comodidad tampoco me siento cómodo y tendré que seguir buscando. Quizás exprimir mi potencial será el sentido de mi vida. De cada uno de nosotros. El momento en el que lo consigues estás conectando con la luz del mundo siguiente, y lo que has conseguido queda en el mundo pero sólo como una concha que no tiene ningún significado en el mundo siguiente. Este concepto que también se llama Entelechia [de origen griego, significa tener el objetivo en sí mismo], me fascina con mucha fuerza debido a su noción metafísica. Acuñado por Aristoteles y luego mencionado por Leibnitz, Goethe y Mahler, se refiere principalmente al alma humana. El verbo alemán beseelen, que significa «con alma» o «dar vida» (basado en Seele que significa «alma») siempre ha constituido para mí el alfa y el omega de lo que el arte debería transmitir. Entelechia  significca utilizar al máximo el potencial artístico de uno, que se guía no solo por un impulso interno inexplicable, creativo e incontenible, sino principalmente por el amor.

Este término se puede encontrar en obras como Fausto de Goethe. El final de la Octava sinfonía de Mahler, que es mi preferida, lo presenta de una forma tan sublime y extática con el texto de Fausto de Goethe:

"Alles Vergängliche

Ist nur ein Gleichnis;

Das Unzulängliche,

Hier wird's Ereignis;

Das Unbeschreibliche,

Hier ist's getan;

Das Ewig-Weibliche

Zieht uns hinan."

"Todo transitorio

es solo una parábola;

Lo inadecuado,

aquí está el evento;

Lo indescriptible,

aquí está hecho;

La eterna femenina

nos tira hacia arriba"

De hecho mi festival se llama Entelechia Music Festival...

Cree en un más allá.

Sí, pero no en el sentido judío cristiano. Creo también en la libertad de elección, que es algo muy importante. Uno debe elegir por sí mismo. Esta libertad es una ley en mi vida. Vivo a veces como un gitano, en ese sentido, intentando ser libre. Tengo la sensación de que el otro mundo es más justo que este. Si la vida termina con este mundo, sería un mundo injusto. Esa es mi esperanza...

Foto:  Robert Recker

Autor:Aurelio M. Seco
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