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Crítica: Andrew Gourlay con Vadim Repin en la temporada de la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
14 de noviembre de 2017

IDEAS CLARAS EN TORNO A STRAVINSKI

   Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 10-XI-2017. Auditorio Miguel Delibes. Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Passacaglia para orquesta, op. 1 de Webern. Concierto para violín y orquesta en la menor, op. 82 de Glazunov. El pájaro de fuego de Stravinski. Dirección musical: Andrew Gourlay. Vadim Repin, violín. Auditorio de Valladolid.

   La Orquesta Sinfónica de Castilla y León contó con el violinista Vadim Repin, una figura que llegó para interpretar el Concierto para violín y orquesta en la menor, op.82 de Glazunov y que a primera vista era la gran baza de este concierto. Y lo cierto es que Repin demostró que es un magnífico intérprete, impecable visto desde un aspecto puramente formal, con un sonido pleno, que se adapta a los requerimientos de la obra, como hizo patente en la Cadenza. Otra cosa bien distinta es el análisis que se pueda hacer de la melancolía, el lirismo o el empuje final inherentes a la obra, porque ante esto primó cierto distanciamiento que evitó que se produjera más intensidad emocional. En el último movimiento pareció que orquesta y solista tomaban caminos diferentes y que la primera se veía obligada a ir algo apresurada. No se quiere afirmar con esto que estuviera mal, de hecho fue largamente ovacionada la interpretación del violinista, simplemente que se pudieron alcanzar mayores cotas, lo que no se produjo o quien esto suscribe no supo captarlo.

    Antes, la OSCyL interpretó Passacaglia op. 1 de Webern. Un repertorio que no es afín a la orquesta y en el que posiblemente le falte ahondar, pero que tuvo la cualidad de mostrar ese universo sonoro entre lírico y atonal tan particular y sugestivo. Los colores estuvieron presentes pero su amalgama no llegó a consolidarse.

   Pareció que la OSCyL y su director Andrew Gourlay se encontraban más a gusto y desenvueltos en la obra de Stravinski. Engarzaron de manera muy afortunada los pasajes solistas, en los que alcanzaron un alto nivel todos (el trompa, el oboe, la trompeta, la flauta, las arpas, el violín…) con los tutti orquestales, y estuvieron inspirados en los momentos camerísticos. Surgió así el ambiente que va de la captura del pájaro de fuego a su liberación, y se sintió el refinado sonido de la Aparición de las trece princesas encantadas. De la misma forma que se hizo presente esa atmósfera inquietante que precede a la captura del príncipe y el crescendo, si bien se pudo matizar más, que anuncia la Aparición de Kaschéi. Resultó magnífico el tema del fagot expuesto por Salvador Alberola en un clima insinuante y en el final se mantuvo esa alegría que conlleva la libertad de las víctimas de Katchéi, que se tradujo en una música liberadora, mientras el tempo se acelera. Quizá lo más reseñable de todo fue el hecho de que Gourlay y la OSCyL dieran la sensación, más allá de otras consideraciones sobre determinados pasajes y enfoques, de que tenían una idea clara de la obra y que podían y sabían exponerla.

   La OSCyL interpreta las dos última obras de este programa junto al estreno de la Sinfonía núm. 4 "July" de Jesús Rueda, bajo la dirección de Gourlay y con Vadim Repin hoy martes 14 en Ibermúsica en el Auditorio de Madrid.

Foto: OSCyL

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