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ÁNGEL GIL-ORDÓÑEZ, director: «Llevamos muchos años difundiendo la música española en Estados Unidos»

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Autor: Aurelio M. Seco
29 de enero de 2024

Aurelio M. Seco entrevista al director de orquesta español Ángel Gil-Ordóñez, residente en Washington y titular del Postclassical Ensemble

Ángel-Gil Ordóñez

ÁNGEL GIL-ORDÓÑEZ, director: «Llevamos muchos años difundiendo la música española en Estados Unidos»

Una entrevista de Aurelio M. Seco | @AurelioSeco / Fotos: Daniel Schwartz
Estudió con Celibidache y fue asistente en la Orquesta Nacional de España, es amigo del prestigioso historiador Joseph Horowitz, principal director invitado del Perspectives Ensemble de Nueva York, director musical de la Universidad de Georgetown y asesor de educación y programación de Trinitate Philharmonia, en León, México. Ángel Gil-Ordóñez conversa con nuestra revista desde Washington, ciudad en la que reside desde hace años y donde fundó con Horowitz el PostClassical Ensemble, conjunto con sede en el Kennedy Center con el que transita por repertorios originales y diversos, siempre con la vista puesta en el español. Hablamos con Ángel-Gil Ordóñez sobre su interesante trayectoria profesional, su trabajo en EEUU y futuros proyectos que, entre otras cosas, pasan por la obra de Óscar Esplá.

¿En qué está trabajando ahora con su orquesta?

Estamos preparando un programa muy bonito que vamos a presentar en abril. Se celebran 125 años del nacimiento Duke Ellington, que era de Washington. Lo que la gente no sabe es que hizo importantes intentos de escribir música sinfónica, para ballet y para cine. Ahora mismo estoy trabajando en una partitura que nos ha mandado la editorial, que es una cosa… Los materiales no son muy buenos... Para arreglarlos he tenido que buscar la partitura original de la obra, que es para Big Band, y estoy descifrándola…

Hábleme de su Postclassical Ensemble.

Cumplimos 20 años. Nuestra sede desde hace dos temporadas es el Terrace Theater del Kennedy Center, que es uno de los teatros con mejor acústica de la ciudad. Somos una orquesta de cámara, de entre 25 y 60 músicos. Es difícil definirnos: ni somos una orquesta sinfónica ni un conjunto pequeño de cámara. Digamos que nos adaptamos dependiendo del programa que toque.

La próxima temporada haremos una serie de conciertos en una colección privada de arte. Algo parecido al Museo Thyssen, en Madrid. Se llama Phillips Collection y tiene una temporada de música desde hace muchos años. Recientemente me enteré de que el primer recital que ofreció Glenn Gould en EEUU fue precisamente aquí, en la Colección Phillips.

«Duke Ellington hizo intentos de escribir música sinfónica»

«Fundé el Postclassical Ensemble junto a Joseph Horowitz»

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¿Cómo acabó usted en EEUU?

Me instalé en Washington en 1996. Venía de Nueva York, donde conocí a un extraordinario historiador de la música americana que seguramente le suene, Joseph Horowitz. Lo conocí cuando yo vivía en Nueva York y él era el director ejecutivo de la Orquesta Filarmónica de Brooklyn, en la Brooklyn Academy of Music. 

Horowitz es historiador muy conocido.

A mí me impresionó mucho su manera de entender la programación. Cuando me instalé en Washington, una ciudad que entendía que era más apropiada para crear un proyecto nuevo, le pedí ayuda para hacer una orquesta innovadora, y así nace Postclassical Ensemble, como un esfuerzo conjunto. Hemos tenido mucho éxito pero no estábamos llegando al público adecuado porque en el fondo lo que estábamos haciendo era trasladar un proyecto de Nueva York a Washington. Y,  de la misma forma que no se puede exportar la democracia a Irak, como pretendió hacer Bush, es difícil exportar programas culturales de un lugar a otro, porque una orquesta debe ser el reflejo de la comunidad donde está asentada. Washington es una ciudad que cuenta con una comunidad internacional importante, pero nosotros nos estábamos haciendo demasiado intelectuales. Nos estábamos convirtiendo casi en una universidad. 

Desde hace dos temporadas estoy a cargo totalmente de la programación y creo haber acertado. Vendemos todos los programas del Kennedy Center y hemos recuperado una audiencia que habíamos perdido. En su libro sobre música clásica en EEUU, Joseph Horowitz citaba a un director muy famoso, Theodore Thomas, que dijo: «Una orquesta refleja la cultura de una comunidad». En ese mandato estoy. 

¿Qué le llevó a EEUU?

Me trajo el amor. Cuando fui asistente de la Orquesta Nacional de España, el puesto me lanzó en el panorama nacional. Fue una experiencia maravillosa trabajar con la ONE, donde hice muchos amigos y dirigí mucho. En España trabajé con intensidad. Recuerdo dirigir a la Orquesta Clásica de Madrid, con la que hice muchos conciertos, e incluso realicé un grupo de cámara con músicos de la ONE, la Academia de Cámara de Madrid. Yo vivía en la Residencia de Estudiantes de con una beca del Consejo de Investigaciones Científicas, y tenía una novia, la que hoy es mi esposa, que era consejera de prensa en la embajada de México. Ella fue quien me dijo que tenía que irse a Nueva York, y nos fuimos juntos. Hace tiempo que no dirijo en España. Recuerdo mucho una bonita gira de conciertos con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), que nos llevó por diferentes pueblecitos de la Comunidad, allá por 1999.

«Una orquesta debe ser el reflejo de la comunidad donde está asentada»

Ángel-Gil Ordóñez
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¿Cómo es su llegada a EEUU?

Al cabo de un año me di cuenta de que en EEUU podía hacer muchas cosas y desarrollar una carrera interesante. Lo que me da pena es haber perdido el contacto con España. Me gustaría hacer más cosas en mi país. La última vez estuve con la Sinfónica de RTVE, hace ya 6 años. La orquesta estaba sensacional. Hicimos música de Silvestre Revueltas. España no es un país fácil. Se cumple el dicho de «el que fue a Sevilla perdió la silla»,  pero yo no pierdo la esperanza de retomar contactos. 

Usted estudió con Sergiu Celibidache.

Sí, me fui a estudiar con Celibidache a Alemania, en 1985. Mi instrumento en realidad es el violín y lo que quería es hacer carrera de violín, pero no de solista, si no con la idea de meterme en una orquesta o hacer cámara. En 1978 Celibidache era muy conocido y todo el mundo decía que era el demonio. Yo tuve la oportunidad de verlo dirigir en Madrid, con la Sinfónica de Londres, en el ciclo Ibermúsica de Alfonso Aijón. Me quedé complemente alucinado. Recuerdo que hizo un Romeo y Julieta de Prokofiev que no me lo podía creer. La mayor epifanía con Celibidache me llegó cuando lo vi dirigir a la Orquesta Nacional de España. Lo había invitado Antoni Ros Marbá, su director titular en aquel momento. Aquello fue el acabose. Celibidache transformó en unos pocos ensayos a la orquesta. Yo pude asistir a los ensayos. En su transcurso, pude conocer a un director español, Jordi Mora, que estaba estudiando con Celibidache, creo que en Múnich, y decidí irme en el verano de 1985 para allá. Me quedé 6 años en Múnich. La experiencia fue extraordinaria. Allí también estudié composición e incluso estuve trabajando como asistente suyo un par de veces en cursos de verano. 

Su etapa de la Orquesta Nacional de España coincide con la titularidad de Aldo Ceccato

Sí, Tomás Marco me dijo que ya era el momento de volver a España y lo hice. Ceccato tenía un director asistente italiano, pero Marco pensaba que, tratándose de la Orquesta Nacional de España, también debía de haber uno español, y así fue. Ceccato me llevó a la orquesta de la RAI de Turín para hacer una audición con la Quinta sinfonía de Tchaikovsky, que le pareció magnífica, y aceptó, pero no hubo buena química entre nosotros y la relación no fue buena. Celibidache era terrible. Acabó con la carrera mucha gente, directores que tenían muy buenas dotes pero que no consiguieron hacer carrera, sobre todo los alemanes. A mí, que Celibidache me gritara no me importaba, pero para un alemán era un trauma. 

«Me da pena haber perdido el contacto con España»

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¿Por qué decidió dejar Nueva York?

Vivo en Washington desde 1996. Mi idea de crear un proyecto musical diferente ha sido posible aquí, pero no en Nueva York, una ciudad donde la competencia es tremenda. En 1997, Washington no poseía muchas orquestas de cámara. Ahora ya sí. Ahora existen ciclos tan importantes como el de la Field Collection o el que se hace en la National Gallery.

¿Cómo  se mantiene económicamente la orquesta?

Aquí, como todo en EEUU, tenemos poca ayuda estatal. Hay una entidad, parecida al Ministerio de Cultura en España, que nos ayuda todos los años y bastante, así como el Gobierno de la ciudad, pero la mayoría son fundaciones privadas y la filantropía, que en EEUU es muy importante y que en Europa no tenemos. En Europa tenemos que empezar a espabilar, porque yo no sé si el Estado va a poder mantener tanto las cosas. En Washington tengo un equipo para recaudar fondos. Estamos muy animados porque la filosofía de la orquesta está dando buenos resultados. 

Usted lleva años trabajando mano a mano con Antoni Pizà, director de la Foundation for Iberian Music. 

Sí, trabajo mucho con él, y también lo hacía con el malogrado Pedro Carboné. Llevamos muchos años difundiendo la música española en Estados Unidos. Gracias a Carboné y Pizà, en el 99 hicimos un primer concierto en el Carnegie Hall. Personalmente me siento muy orgulloso porque, con sinceridad, no hay una propuesta tan seria para difundir la música de España como la que venimos realizando con Postclassical Ensemble. Hemos estrenado recientemente cuatro obras de compositores españoles, entre ellas la de mi amigo Benet Casablancas. De la muerte de Pedro Carboné todavía no me he repuesto. Ha sido una muerte muy injusta. Su obsesión era la de dar a conocer la obra de Óscar Esplá, el gran sinfonista español del siglo XX. Nuestra idea es la de continuar esa labor. Habíamos adquirido los derechos para reeditar La nochebuena del diablo de Oscar Esplá, pero entonces llegó la terrible noticia de su fallecimiento.

Ángel-Gil Ordóñez y Sergiu Celibidache

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