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Crítica: Anne-Sophie Mutter en Madrid para Juventudes Musicales e Ibermúsica

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Autor: Raúl Chamorro Mena
11 de febrero de 2022

La violinista alemana Anne-Sophie Mutter ofrece un concierto en el Auditorio Nacional de Madrid organizado por Juventudes Musicales de Madrid en colaboración con Ibermúsica

Anne-Sophie Mutter

De Reina a Reina

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 7-II-2022, Auditorio Nacional. Concierto extraordinario juventudes musicales en colaboración con Ibermúsica. Anne-Sophie Mutter, violín. Lambert Orkis, piano. Obras de Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Cesar Franck, John Williams y Johannes Brahms. 

   Con presencia, en su calidad de presidenta honoraria de Juventudes Musicales, de la reina emérita Doña Sofía, que recibió calurosas ovaciones del público, se celebró este concierto extraordinario en favor de las becas juventudes musicales de Madrid, en concreto de las becas cuerda-piano-canto y de la ampliación de estudios en el extranjero. La presencia de Doña Sofía conllevó un aparatoso control de seguridad, que no pareció bien organizado y aún menos planificado y tuvo como consecuencia un retraso en el comienzo del evento.  

   Anne Sophie Mutter, que mantiene su fidelidad a esta cita con juventudes musicales, es otra Reina, en su caso del violín, pues lleva unos 45 años en la cumbre internacional como solista del referido instrumento. Con su deslumbrante figura de siempre, parecen no pasar los años para ella, y acompañada de su habitual colaborador, el pianista estadounidense Lambert Orkis, la Mutter comenzó el concierto con la Sonata para violín y piano, K379 de Mozart, perteneciente a las llamadas Auernhammer Sonaten, pues fueron dedicadas a Josepha von Auernhammer, pianista y compositora, que al parecer se enamoró profundamente del genio Salzburgués. Concretamente, la K379 se compuso en la época de gestación de la ópera El rapto en el Serrallo y es de las últimas obras concebidas por Mozart al servicio del arzobispo Colloredo. La Mutter expuso con su acrisolada cantabilità la melodía del primer movimiento a la que prestó, cómo no, la excepcional calidad de su sonido, personal, aquilatado, bellísimo y caudaloso. Espléndido el allegro, así como la sosegada coda con variados pasajes en pizzicato, impecablemente ejecutados por la violinista alemana. Plenamente coloborador el piano de Lambert Orkis, musicalísimo, atento y refinado, aunque de sonido modesto, limitado de presencia y brillo. 

   La Sonata para violín nº 5 op. 24 pertenece a la época en que Beethoven transitaba a una especie de «plena madurez», de la influencia del estilo «galante» y el clasicismo vienés de Mozart y Haydn, siempre acogidos con su singular personalidad, al estilo heroico con un prerromanticismo cada vez más latente. Sin embargo esta pieza, la primera de sus sonatas para violín en cuatro movimientos, aunque el tercero sea un cortísimo scherzo, se caracteriza por su equilibrio, luminosidad y aparente alegría, de ahí que sea conocida como Primavera. El violín de la Mutter cantó primorosamente la melodía del allegro, bien conjuntada con Orkis, así como la refinadísima del adagio, tributaria del estilo galante y que abre una puerta a una ligera melancolía. Todo ello con la elegancia y pureza del sonido marcas de la casa, mientras, después del ingenioso scherzo, en el Rondò final, claramente Mozartiano -inspirado en «Non più di fiori» que canta Vitellia en la ópera La Clemenza di Tito-, el prodigioso dominio del arco de la Mutter –primorosa la factura del detache y de los saltos de cuerda- fruto de su inmensa técnica, brilló en todo su esplendor, al igual que la perfecta afinación y pulso rítmico, siempre impecablemente acompañada por el piano de Lambert Orkis, admirable colaborador, musical y discreto, en su papel asumido «al servicio de la Mutter». 

   Tanto en la sonata de Mozart como la de Beethoven, al fraseo cincelado, aristocrático, de la Mutter y su perfección técnica se le pudo achacar un punto de austeridad y de falta de calor. En cuanto al asunto del vibrato, es cierto que la instransigencia del movimiento historicista lo prescriben en Mozart y hasta en el primer Beethoven, pero, como siempre subrayo, ahí está el Tratado sobre violín más antiguo, el de Leopoldo Mozart que data de mediados del siglo XVIII y se refiere al uso del vibrato como recurso artístico del violinista. 

   El programa oficial concluía con la magnífica Sonata para violín y piano en la mayor de Cesar Franck, que al igual que la Sinfonía en re menor recientemente escuchada en el ciclo Ibermúsica, es un ejemplo de construcción musical cíclica, en la que se plantea un tema en el primer movimiento y se va repitiendo con variaciones en los siguientes. La obra fue dedicada –como regalo de boda- a su compatriota belga, el vioinista y compositor Eugene Ysáye (1858-1931), y la interpretación que nos regaló la Mutter, con irreprochable colaboración de Lambert Orkis, fue excelente, toda una referencia. El sonido bello, amplio y brillante de la Mutter, su técnica apabullante, el fraseo señorial, elegante, tallado en el oro de una arcada sonora extensa, flexible, suave y áurea tímbricamente, así como el teclado, siempre delicado y de gran propiedad estilística de Orkis –un punto superado por la exigente escritura para el piano-, se fusionaron de forma espléndida para exponer admirablemente el tejido de células melódicas sostenidas por el tan rico como audaz lenguaje armónico propio del autor, sin descuidar el lado expresivo de la pieza.  

   Dos propinas ofrecieron la Mutter y Lambert Orkis, «Nice to be around» de Cinderella Liberty de John Williams y una transcripción de la Danza húngara nº 1 de Brahms, en la que la Mutter exhibió su fascinante capacidad virtuosística. 

Foto: Web Anne Sophie Mutter

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