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ARCADI VOLODOS, pianista: 'La velocidad de los dedos me interesa poco'

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1 de marzo de 2017

Arcadi Volodos: “La velocidad de los dedos me interesa poco”.

   Una entrevista de Aurelio M. Seco/ Foto: Marco Borggreve
Arcadi Volodos es uno de los grandes pianistas de la actualidad. Artista de gran personalidad y carácter complejo, Volodos pasa por uno de sus mejores momentos personales y artísticos. En su agenda se acumulan los conciertos y proyectos de grabación, siempre pensados desde la calma y sus personales gustos y exigencias. Volodos lleva años instalado en nuestro país, donde vive y ofrece giras de conciertos con cierta regularidad. Este mismo mes los aficionados catalanes podrán disfrutar de su asombrosa técnica y musicalidad en el Auditori de Barcelona, en el contexto de la temporada de la Sinfónica de Barcelona (días 10, 11 y 12 de marzo), donde ofrecerá su versión del Concierto para piano y orquesta nº 3 de Beethoven bajo la dirección de Josep Pons.

¿Prefiere tocar solo o con orquesta?

Prefiero tocar solo, pero únicamente porque para mí es más interesante tocar durante unas dos horas diferentes obras de compositores y ser yo el único responsable de su resultado. Si la relación con el director no funciona…

Dicen de usted que estudia  poco

Depende. Sí. Yo vivo y pienso por la noche y, en cualquier caso, no sé si se puede hablar de que estoy desarrollando un trabajo porque, de alguna forma, ser músico es para mí una forma de vida. Cuando estoy en el coche también me suena la música, que también se oye de manera interna. Yo practico al piano cuando me da la gana, por la noche o por el día. La velocidad de los dedos me interesa poco. La parte más importante viene desde dentro.

Todos los grandes pianistas dicen que estudian poco, pero al final se pasan el día practicando: Horowitz, Rubinstein…

No, me parece absurdo. No creo que ninguno de ellos estudiara tanto. En cualquier caso es algo totalmente individual. No somos robots biológicos. Cada uno tiene su propio acercamiento. Un pianista estudia media hora, otro más. Cada persona es única.

Usted no ofrece demasiados recitales al año.

Es una historia que viene de lejos. Quienes empezaron a desarrollar mi carrera cuando era joven lo hicieron como si se tratase de un segundo Horowitz, pero ¡yo no tengo nada en común con él! Pude aguantar hasta cierto punto pero un día dije ¡basta!, porque no me era posible seguir por aquel camino.

Se toca mucho su arreglo de la Marcha turca de Mozart, de muchas formas diferentes, además.

Es una improvisación pura. Sony me pidió que la grabara en el primer disco. Yo la odio, porque me parece una pieza mediocre, poco interesante. Me da mucha tristeza que mi nombre esté asociado a esa transcripción. Lo considero un desastre en mi vida. Además, yo nunca escribí ni una nota de esa obra que, insisto, concebí como una improvisación. El resultado es que la versión que todo el mundo toca es un 50% falsa respecto a mi versión. Lo que sucedió es que intentaron sacar las notas de oído de mi improvisación pero no les salió bien. ¡Esas no son mis notas! Simplemente es un mal intento, pero es algo que también pasa con las transcripciones de Horowitz.

Al principio usted quería ser director.

Empecé a estudiar en una escuela en la que preparaban a los alumnos para ser directores corales o de orquesta, y sí, yo quería ser director a los dieciséis años. Después empecé a tener deseos de ser pianista y encontré mi pasión por la música.

¿Cómo entiende la figura del director de orquesta?

A mí me gusta más la figura de director invitado, no cuando un director tiene su propia orquesta, porque ya tienes que tener otro tipo de relación. No me gusta porque yo no quiero imponer mi voluntad. Hay personas a quienes les gusta dominar, pero en mi opinión cada persona puede concebir el mismo camino de forma diferente. A mí no me gustaría dirigir a un grupo de gente.

Hábleme de esos comienzos tan difíciles

Cuando comencé a tocar en 1996 me puse en manos de unos agentes relacionados con la industria musical que entendían el hecho de tocar el piano como un negocio en el que yo debía dar muchos conciertos y tocar con un montón de orquestas. Eso me permitió asistir a muchos ensayos y observar la relación de directores y orquestas, y no me gustó, por eso que, cuando yo toco solo el piano, es mi responsabilidad, saco mi sonido. Con la orquesta yo tendría que trabajar horas y horas para encontrar ese sonido, y no me interesa perder mis horas buscando el sonido que yo necesito. En música hay otras cosas más interesantes que hacer…

Pero habrá directores que le gusten, ¿no?

Mravinski, por ejemplo, era un genio; de los más grandes directores que han existido. Es difícil decir por qué me gusta. Tenía una personalidad… ¿Por qué me gusta la música de Beethoven o Schubert? No sé…. Hay un misterio que no se puede analizar. Yo no sé por qué me gusta algo, y no quiero saberlo.

¿Sigue habiendo “escuelas pianísticas”?

Creo que sí existían antes de que se creasen medios como la televisión, grabaciones, etc. Hoy, cuando hacemos dos horas de viaje ya estamos en otro país: Francia,  Rusia. En Europa hoy ya hay muchos profesores rusos, por ejemplo. Está todo completamente mezclado.

¿Ve la tele?

No, prácticamente nunca. Tengo mi tablet para viajar, y a veces veo películas antiguas rusas.

No modernas

No, prefiero las antiguas. Y me gusta ver documentales sobre música o ciencia. Cada vez me gustan más los documentales y menos las películas.

¿Y las de Hollywood?

No, no. Me aburren.

¿Y el pop, o como le llamen..?

No, no. Cuando entro en una tienda y oigo pop, para mí es un ruido organizado. Yo no puedo calificarlo como música.

¿Cómo lleva las grabaciones?

Antes grababa poco pero tengo intención de hacerlo más a menudo: pensaba que las grabaciones no eran necesarias porque ya se había grabado mucho y no tenía sentido hacer una nueva de algo que ya se había grabado tantas veces. De momento estoy llevando a CD lo que toco, en un disco cada dos años.

Le ha interesado un compositor español, Federico Mompou.

Sí, es un músico que no ha sido muy bien entendido. Es un músico que usaba los mismos elementos que otros pero obtenía resultados diferentes. Le interesaba borrar la diferencia entre sonido y silencio. En su música hay unos criterios de eternidad sonora… Es un compositor diferente que tiene un sentido de la armonía minimalista.

¿Cómo Satie?

No, Satie era diferente. Es un mundo aparte. Están a años luz, como Bach y Ravel.

Hábleme de un director con quien se haya entendido bien.

Hay muchos. Ahora recuerdo a Rafael Frühbeck de Burgos, por ejemplo. Realizamos una gira muy interesante cuando él ya era mayor.

Hoy tenemos un problema con la música en la educación. Está perdiendo importancia en las Enseñanzas Medias a marchas forzadas.

Yo creo que eso viene de la cultura. Hoy el mundo es consumista y competitivo, incluso agresivo y en él la música no tiene valor porque es un lenguaje que se aprende durante 20 años. Si usted no habla japonés puede decir que ese idioma le gusta o no como suena pero la realidad es que no lo entiende. Hay que sacrificar muchos años de vida para entenderlo. Hoy en día está la música está tan lejos de la sociedad…. Yo me considero una persona que poco a poco está profundizando en mi mundo. Sólo hago un programa por año, profundizando en él lo más que puedo y estoy satisfecho tocando. Se necesita más profundidad en lo que se hace porque todo tiende a ser tan superficial...

¿Qué compositor le parece el más grande?

En música no hay más grande o más pequeño. Yo no puedo comparar. Precisamente por eso la música se está muriendo, porque hoy la gente únicamente quiere comparar, y eso no existe en la música. Sí se puede hablar de música genial y mediocre.

Me parece lo mismo, pero cambiemos de tema: ¿Le da importancia a fallar alguna nota de vez en cuando?

Ninguna importancia. Yo creo que cuando sale todo perfecto, mata un poco la espontaneidad y la vida.

Es interesante que haya elegido España para vivir. ¿Por qué?

Yo vivo en Madrid. Porque toda mi vida viví entre París y Madrid. Pasé muchos años así. También viví en la Costa Blanca. Me alejé de Rusia con 18 años y me marché a Francia.

¿No le apetece volver?

Es difícil regresar, me considero un hombre internacional. Mi casa está donde yo estoy.

Pero su familia…

Mi madre viene de vez en cuando a España. Vive en San Petersburgo y ha pasado toda su vida en Rusia. Yo, sin embargo, he tenido Europa. Ahora también tengo una niña de tres años. Hablo mucho de ella. Siempre que puede viaja conmigo. Cuando era más joven tocaba mucho pero ahora quiero estar siempre a su lado. Prefiero aprovechar el tiempo y disfrutar de su juventud. Tenga en cuenta que llevo 20 años haciendo viajes constantemente. Es algo que a uno le cambia la perspectiva de las cosas.

Ya no toca en EEUU, como Zimerman.

No, por lo que le comentaba antes. Lo que pasó es que tenía un agente muy agresivo y no estábamos de acuerdo en cómo llevar mi carrera. Yo no quería tocar mi transcripción de la Marcha turca. Quería tocar Schubert. Él me decía: “Te estás equivocando porque en EEUU ese tipo de música nunca va a venderse”. Así que en 2004 terminé con EEUU en el Carnegie para siempre. De todas formas, hay tantos buenos pianistas en el mundo…

Yo creo que cada uno tiene que ser ante todo productivo para la música y estar satisfecho con lo que hace. Con mi primer disco en el Carnegie Hall yo tenía muchas discusiones sobre qué tocar, pero el Carnegie es una sala de gran categoría: ¿cómo van a escuchar sólo piezas rápidas? Con algo más de veinte años ya quería tocar algo de mayor interés cuando no podía aguantar más la situación. El disco que grabé de Mompou fue algo muy útil para la música. Al contrario, si yo toco cuarenta conciertos en EEUU con obras acrobáticas, no me parece algo útil para el mundo de la música.

También me parece importante educar al público con programas diferentes. En Europa hay muchísimas salas de conciertos. En mi último recital en Bilbao, hubo un gran silencio cuando interpretaba una sonata de Schubert…. El criterio y la reacción del público es lo más importante, junto con el silencio, si existe. Entonces es cuando se produce esa electricidad… Como le decía, en Europa hay muchas salas con una gran tradición. El público europeo es el más elevado que conozco. Yo toqué la Música callada de Mompou con 2.000 personas en completo silencio durante 25 minutos. Sí hay un público de verdad.

¿Y cuando hay ruidos?

Afortunadamente yo no he tenido problemas en ese sentido. Si suena un teléfono no me importa. Paro un momento y continúo cuando deja de sonar…

¿Cómo ha evolucionado Arcadi Volodos?

He cambiado mucho. Y no sólo yo lo he hecho. Han cambiado muchas cosas en estos años, por ejemplo los pianos. Antes había pianos que servían muy bien para hacer música de cámara, con unas sonoridades más suaves que desprendían además un mayor color sonoro. Soy sin embargo son más agresivos y brillantes, es un piano que refleja nuestra época de consumismo y agresión. Es algo muy triste. Han cambiado incluso los martillos, que son más grandes y el sonido es más luminoso. Parece que en lugar de músicos estamos participando en los Juegos Olímpicos, y no hay nada en común entre ambos aspectos.

¿Qué pianos le gustan?

He tocado pocas marcas: las que están en las salas, porque yo no viajo con mi piano. De momento prefiero no hacerlo, aunque siempre preparo el piano en el que voy a tocar, con mi propio afinador. Necesito dos horas con él para ponerlo a punto.

¿Qué año fue el de su cambio?

La temporada 2004/05 fue la mejor y al mismo tiempo la peor porque fue cuando decidí que no quería seguir por aquel camino artístico tan poco humano. Ahora estoy en un momento de gran felicidad. Hago lo que en realidad me gusta y soy más feliz. Mi única ilusión es que mi hija sea feliz. En el plano artístico deseo grabar más discos. Hay que dejar ciertos documentos grabados porque es algo que queda de los artistas. Ahora estoy grabando un CDcon música de Brahms. Lo único que me entristece es tener que dejar un programa que llevo estudiando y tocando tanto tiempo.

¿Cuándo decide lo que toca?

Al final del año. Ahora he decidido que cada dos años sacaré un disco.

¿Y cómo lleva la promoción de su carrera a nivel mediático

Reconozco que en eso soy un poco antiguo y debo modernizarme, quizás incluso en las redes sociales. Pero claro, estoy tan ocupado con tantas cosas a la vez que no puedo hacerlo todo.

Los representantes ayudan

Yo no soy un artista fácil. Los hay muy flexibles en según qué cosas, pero yo no. Yo soy de los que digo, “este año toco este programa”. Con este punto de vista siempre es más difícil, porque no soy demasiado transigente y tengo poca flexibilidad.

La gira por España la ha hecho en coche

Sí, he tenido muchos conciertos en poco tiempo, pero he disfrutado muchísimo de cada ocasión. En Bilbao, por ejemplo, me siento como si tocara en mi propia casa. También en Oviedo o Zaragoza.

¿Es importante analizar la partitura que se toca?

Sí y no. Si no puedes analizar y entender la partitura no eres buen profesional, pero si lo haces demasiado a veces corres el peligro de destruir la espontaneidad y frescura. Hay muchas personas que no tienen talento y pueden hacer una frase y conectarla con otra pero la música suena completamente muerta. Por otro lado, hay jóvenes de gran talento que no saben analizar una partitura y, sin embargo, cuando tocan producen algo verdaderamente vivo. Es un misterio para mí.

¿Suele ir a conciertos?

Poco. Cuando viajo prefiero guardar la energía para mis propios conciertos y, cuando estoy en casa, prefiero desconectar. Para mí lo más especial es preparar el piano y no hacer muchas actividades, no salir, porque puedo cansarme. Prefiero estar en silencio. Y después de cada recital regreso y trato de descansar. Es muy importante  estar descansado. No puedo tocar el piano justo antes de ofrecer un recital.

¿Toma algo justo antes de empezar a tocar?

Plátanos, a veces café. Depende. Todos los intérpretes estamos un poco nerviosos antes del concierto, porque sabemos que es difícil acercarse a lo que han dejado escrito genios como Schubert o Brahms.

Y la música ¿qué transmite?

Nuestro cerebro no alcanza a comprender ciertas cuestiones. Es algo metafísico y nuestras capacidades son muy limitadas. Pienso que la música nos deja entender algo pero no es posible entender a la persona que lo ha escrito. La música produce algo que nos hace entender aspectos no están permitidos al ser humano… No sé, no hay palabras. El aspecto más grande de la música es que no se puede expresar con palabras. Seguro. Esa es la clave para mí. Por eso es muy difícil enseñar música.

¿La música española?

Me encanta. Yo tocaba algunas obras sueltas, Evocación, por ejemplo, hace muchos años, pero no sé si podré grabarlo. Conozco poco las versiones de Iberia, de Albéniz, pero la de Alicia de Larrocha me encanta y me parece una versión magistral. Aunque yo no pretendo ser un gran especialista en música española.

Autor:Aurelio M. Seco
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