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Artículo: «Efectos de la pandemia en el sector de la música antigua española». Por Julio López Agudo

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Autor: Codalario
11 de enero de 2022

El presente artículo analiza los efectos de la pandemia en el sector de la música antigua en España, destacando las similitudes y diferencias entre los conciertos celebrados por los conjuntos nacionales en 2019 y 2021.

Efectos de la pandemia del Covid-19 en el sector de la música antigua: similitudes y diferencias entre los conciertos celebrados por grupos españoles en 2019 y 2021

Por Julio López Agudo

   Todos y todas los músicos de este país hemos sufrido de alguna manera la pandemia del COVID-19. Evidentemente, aquellos que han tenido la mala suerte de enfermar, en mayor o menor grado, lo han experimentado directamente, e incluso algunos compañeros y amigos tristemente han fallecido. De hecho, buena parte de nosotros hemos sufrido alguna desgracia personal más o menos cercana y dolorosa relacionada con esta terrible enfermedad, pero lo que ha afectado a la práctica totalidad del colectivo ha sido el parón laboral y la ausencia de conciertos y otros eventos durante buena parte de la pandemia, con el consiguiente efecto socio-económico que ha supuesto en todo este sector de la cultura, junto al teatro, la danza, el circo, etc. En concreto, el mundo de la Música Antigua española no ha permanecido ajeno a esta situación y ha sufrido como todos los demás los terribles efectos de este desastre global. Todos los que nos dedicamos a esta tarea sufrimos en mayor o menor medida las cadenas de cancelaciones, retrasos, y nuevas cancelaciones que fueron produciéndose desde marzo de 2020, y finalmente vimos como la mayoría de conciertos que teníamos en nuestras agendas desaparecieron, o con suerte quedaron comprometidos para futuras ediciones de festivales y ciclos, si finalmente estos volvían a realizarse. Así estaban las cosas.

   Durante el paso de la pandemia que, pese al continuo golpear de sus sucesivas olas, no logró detener definitivamente en nuestro país la realización de estos festivales y ciclos donde se enmarcaba la mayor parte de nuestra actividad musical, pudimos observar como poco a poco, sobre todo desde el último trimestre de 2020, se iban reactivando por toda nuestra geografía muchas de aquellas citas que habían quedado suspendidas durante y tras el confinamiento decretado por el Gobierno de España en aquel fatídico año, y todo ello nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿Qué habrá pasado realmente en el sector? ¿Qué diferencias podríamos encontrar tras la superar la parte más dura de la pandemia con respecto a la situación anterior? ¿Habrán sido similares los efectos para todos y todas los músicos y agrupaciones dedicadas a la interpretación de la música histórica? ¿Están surgiendo nuevas propuestas? ¿Han desaparecido otras anteriores por efecto del COVID-19?

   Caben muchas opiniones e interpretaciones de lo que ha supuesto esta situación, y cada uno de nosotros podrá tener una impresión que diferirá más o menos con las de los demás, en base a multitud de criterios y variables. Podemos mantener, y sabemos de buena tinta que así ha sido, debates y continuas discusiones de salón sobre el tema, pero no existe ninguna aproximación seria a las preguntas anteriores con la suficiente cantidad de datos objetivos que permitan responder con certeza a las mismas. Por ello, nos propusimos la recolección datos sobre la actividad musical de los grupos de música antigua en nuestro país durante los 365 días del año 2021, mediante la búsqueda de información sobre la realización diaria de conciertos en nuestro país a través de redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, que desde hace años son la principal herramienta comunicativa de los músicos, así como las propias páginas web de grupos, festivales, etc., donde se suele anunciar la actividad concertística de cada uno de ellos. Así, se terminó recogiendo una ingente cantidad de información, que además se ha podido comparar con la que también se ha recogido sobre la actividad de estos mismos grupos durante el año 2019, el inmediatamente anterior a esta pandemia global.

   Además, la obtención y clasificación por regiones de toda esta información ha permitido obtener la «radiografía» de un sector que a priori creíamos más pequeño, pero que con el paso de los meses se nos mostró mucho más amplio y diverso de lo que en un principio podíamos suponer, pues 245 grupos de música antigua son los que actualmente se pueden encontrar en España. Por otro lado, indirectamente acabamos buscando también información sobre los principales y más conocidos grupos de música antigua del resto del mundo, lo que también ha arrojado algo de luz sobre la situación de la música antigua española y su morfología.

   Ni que decir tiene que es posible que algún grupo o concierto concreto puede haber quedado fuera de esta estadística por diversas razones, no todo tiene que quedar recogido en la web, pero con la búsqueda diaria y sistemática de información al respecto se ha tratado de minimizar la pérdida de datos, que como decimos han sido mucho más amplios y extensos de lo que a priori se esperaba.

   Pues bien, empecemos con algunos datos generales que permiten describir el entorno de los 245 grupos españoles dedicados a la interpretación de músicas históricas. Para empezar, la mitad de ellos se encuentran repartidos entre las dos regiones con mayor número de grupos: Madrid (63) y Andalucía (59). Del ese total de 245, solo 46 (18,77%) se mantienen «ajenos» a la red digital, pues no disponen de ninguna o casi ninguna presencia directa a través de cuentas propias en la tres principales redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram), aunque en su mayoría acaban apareciendo en las mismas de manera indirecta a través de publicaciones en las cuentas personales de algunos de sus miembros, o incluso del público asistente, por lo que podemos asumir que la presencia digital en redes del grueso del sector es prácticamente total.

   De esos 245 grupos, se auto-califican como amateurs únicamente el 9% de los mismos. Por otro lado, un 8% son grupos de nueva creación (entre 2020 y 2021), y se han mantenido sin actividad concertística durante 2021 el 15% del total de grupos frente al 5% que no la tuvo en 2019. Además, son asociados a GEMA (Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua, la más conocida asociación del ramo) tan sólo el 25% del total de grupos españoles de música antigua, el resto de grupos permanecen sin asociar bajo ninguna sigla, o pertenecen a otras conocidas asociaciones de interpretes y ejecutantes de carácter más generalista.

   Surge de lo anterior la primera gran diferencia pre y post-pandemia, y es que se ha triplicado el porcentaje de grupos que no han tenido actividad durante el año 2021. Preocupante dato que debería llamar la atención de programadores e instituciones culturales locales, comunitarias y estatales, por lo que supone en cuanto a pérdida de tejido productivo cultural y musical. De hecho, podría considerarse desaparecido casi un 3% de los grupos de música antigua que existían en 2019, tras no haber mantenido actividad alguna desde entonces.

   Un dato llamativo se obtiene al comparar la tipología de grupos españoles con respecto a los del resto del mundo. De los 172 grupos extranjeros más conocidos, y con mayor presencia en redes sociales (básicamente europeos, de EEUU, México, Canadá y de algunos países latinoamericanos), el 20% del total lo conforman grupos vocales a uno por voz (como Gesualdo Six o Fieri Consort, por ejemplo), y un 24% el resultado de sumar los coros a las grandes agrupaciones mixtas vocales e instrumentales (como Balthasar Neumann Ensemble, por ejemplo); el 56% restante son orquestas y grupos de carácter puramente instrumental.

   En España los datos son muy diferentes, pues frente al 78% de grupos instrumentales y orquestas de todo el conjunto de grupos de música antigua, el resto se reparte entre un 7% para los grupos vocales y un 15% de coros (la mayoría de ellos con carácter amateur) y agrupaciones mixtas (muy escasas en nuestro país). Esta preponderancia de lo camerístico e instrumental no es algo nuevo o desconocido en nuestro país, pues tradicionalmente se ha otorgado un papel inferior, incluso con cierto tratamiento despectivo tildado de «amateurismo», a quienes interpretaban en conjunto diferentes formas vocales del Medievo, Renacimiento o el Barroco, confrontados al canto lírico solista que ha sido casi objeto único y fin último de la formación vocal en nuestros conservatorios hasta hace bien poco. De hecho, son escasos los grupos vocales y coros profesionales que han adornado nuestra historia musical, y menos aún si centraron su repertorio en la música anterior a 1750.

   Todo este bagaje aún parece acompañar el «subconsciente» individual y colectivo de algunos programadores, a los que ciertamente parece costar gran esfuerzo el reclamar la colaboración de los pocos grupos vocales y coros que se dedican al repertorio historicista en nuestro país, aunque ahora han florecido grandes ejemplos de ello y lo hacen en un número netamente superior al que había no muchos años atrás.

   Pero volviendo a los datos que tratan de responder a esas preguntas iniciales que derivaron en este estudio, sorpresivamente y contra todo lo que podría caber esperar, el número de conciertos en 2021 (1374) resultó ligeramente superior al de 2019 (1363), lo que supone casi un 1% de aumento con respecto al año pre-pandemia. La media de conciertos por grupo para ambos años en la misma: 5, 6 conciertos al año. Todo ello es algo por lo que pocos compañeros y compañeras del gremio habrían apostado a comienzos de 2021.

   De nuevo cabría esperar una lógica reducción en el número de conciertos, dadas las condiciones de inestabilidad que ha producido durante todo el año 2021 la pandemia del COVID-19, pero no ha sido así. Tal vez las características de nuestro mercado cultural, cuyas condiciones legales y laborales no han servido para ofrecer el nivel de protección y ese «paraguas» estatal que otros países de nuestro entorno europeo si han ofrecido a sus artistas y músicos durante la parte más dura de la pandemia, son las que han favorecido este hecho. De hecho, el mantenimiento de la actividad cultural (con más o menos restricciones) durante todo el año 2021 parece haber sido el único modo de mantener vivo el sector en España. Frente al cierre casi total de la actividad cultural en directo en Europa, donde nuestros compañeros y compañeras de diferentes países miraban con envidia nuestra apertura generalizada al público de conciertos, festivales y ciclos en teatros y salas por todo el país, los músicos españoles podían ofrecer su «producto» con cierta normalidad, y eso explica el alto número de conciertos en 2021, similar al de la situación pre-pandémica. La otra opción creo que no habría sido posible sin que decenas de miles de actores y actrices, músicos e interpretes de toda condición, bailarinas, técnicos, gestoras y demás personal relacionado con la cultura quedasen en la más absoluta desprotección económica, laboral y social.

   Por otro lado, para dar una idea del grado de concentración de conciertos en unos grupos u otros, se han contabilizado su número en los siguientes rangos:

  • Ningún concierto en el año.
  • De 1 a 5 conciertos.
  • De 6 a 10 conciertos.
  • De 11 a 24 conciertos.
  • Y por último aquellos que han ofrecido más de 25 conciertos durante el año de estudio.

   Se obtuvieron los siguientes datos:

   De aquí puede inferirse que en 2021 se ha producido un aumento significativo en el porcentaje de grupos que han ofrecido menos conciertos, o que incluso no han podido dar ninguno, frente a aquellos que han ofrecido un mayor número de conciertos puesto que han mantenido un porcentaje similar al de 2019. Todo ello, se produce sobre todo a costa de la franja de grupos con un número de conciertos medio (de 6 a 10), que es la que ha visto la mayor reducción en el número de grupos que la conforman.

   ¿Que significa ésto? Para entendernos, que los grupos de música antigua más conocidos, los que podrían formar el «top 10, 15 o 20» de la escena historicista hispana, o que desde hace ya algún tiempo ha resultado muy habitual escuchar en los festivales y ciclos más importantes, no deberían haber notado una gran diferencia en el número de conciertos ofrecido con respecto a la situación anterior a la pandemia, y de hecho la mayoría de ellos incluso han aumentado ese número. De hecho, 22 de los grupos con mayor número de conciertos (> 10) han aumentado su proporción con respecto a 2019, otros 14 de ellos han realizado menos conciertos en 2021 y sólo 1 de los mismos se ha mantenido igual. Por otro lado, el número de grupos «pequeños», o con menor número de conciertos se ha visto claramente incrementado, y parece haberlo hecho sobre todo a costa de aquellos conjuntos que otrora podríamos decir que estaban despuntando o, como diría aquel, «asomaban la cabeza en el mundillo», pues estos son los que han reducido claramente su presencia en los escenarios del país. Algo que evidentemente es consecuencia de la elección del general de programadores que, en medio de este embravecido y tormentoso mar del COVID, parecerían haber replegado sus velas para asumir sólo apuestas «seguras».

   Por último, se han agrupado los datos de los conciertos ofrecidos por los grupos en base a su Comunidad Autónoma de origen durante 2019 y 2021, confrontándolos con el número de grupos pertenecientes a esas CC.AA. Podría esperarse un porcentaje similar de conciertos ofrecidos por grupos de una región determinada, al porcentaje de grupos música antigua que pertenecen a esa región, de hecho sus curvas de datos son similares, pero existen pequeñas y no tan pequeñas desviaciones que muestran como los grupos de algunas CC.AA. parecen estar obteniendo mejores resultados que otros en cuanto al número de conciertos que terminan desarrollando. Eso puede ser debido a muchos factores, pero sobre todo se podría achacar a las diferentes políticas de apoyo local o regional a la producción cultural propia de una región o comunidad, como por ejemplo al favorecer la presencia de grupos locales en los festivales y ciclos organizados con dinero público de la región imponiendo un porcentaje mínimo de presencia de los grupos locales, o mediante políticas de apoyo económico directo a la producción y las giras de los grupos de esa región, etc. Lo podemos observar en el siguiente gráfico:

   Así, comprobamos como los grupos de música antigua, agrupados por su región de origen, han podido mejorar o empeorar de manera conjunta su desempeño en cuanto a número de conciertos. De manera que hay CC.AA. que muestran una mayor capacidad que otras en cuanto a la consecución de conciertos para sus «paisanos» (con lineas por encima de las barras azules), donde destacan especialmente Cataluña y Murcia (seguidas por Valencia, Castilla y León y Aragón) por mejorar el % de conciertos obtenidos al que en principio cabría esperarse según el número total de grupos que las conforman. Y lo hacen frente a otras regiones a priori más «poderosas», pero que reparten más sus oportunidades de actuar ante el público (tal vez precisamente por el elevado número de agrupaciones que las conforman). Entre estas últimas, Madrid y Andalucía son las que a priori obtienen peores resultados (con líneas por debajo de las barras azules), aunque quedan minimizados por el elevado conjunto total de actuaciones que realizan, pues sus grupos ofrecen casi la mitad del porcentaje total de conciertos en España. En la práctica, serán los grupos de comunidades como Extremadura, Castilla la Mancha, Galicia o Cantabria (de nuevo la conocida como «España vaciada») posiblemente los más afectados, pues el escaso número de sus agrupaciones amplificará el efecto de reducir su ya escaso número total de conciertos frente a 2019, mientras que las regiones más pobladas de grupos de música antigua, como ya se ha comentado, verán mitigados esos efectos gracias al montante total de conciertos que obtienen. Otras comunidades se mantienen sin grandes diferencias entre 2019 y 2021, y son Euskadi, Baleares o Navarra. Mención aparte merecen algunas CC.AA. que podrían calificarse casi de «unipersonales» (o más bien «unigrupales»), con apenas uno o dos conjuntos de música antigua, pero con gran éxito en cuanto al número de conciertos, haciendo aparecer datos a priori muy curiosos pero con escaso valor estadístico dado el escaso número de participantes en sus filas. Es el caso de Asturias o Canarias. No podemos olvidar que el conjunto de los músicos dedicados a la música antigua en España formamos un grupo de población relativamente pequeño, de manera que las muestras y datos tomados del mismo en muchas ocasiones indicarán tendencias y direcciones, más que apuntar a realidades factibles y certeras.

   Por otro lado, observando las diferencias entre 2019 y 2021 se puede inferir que hay regiones que están en clara mejora en cuanto a número de conciertos, como son Andalucía y Castilla y León, mientras que las que muestran peor evolución son Murcia, Cantabria, Galicia y Castilla la Mancha.

   A modo de conclusión y resumen, podemos afirmar que la pandemia ha producido diversos efectos en los grupos de música antigua españoles, menores cuando se trata de los grupos más conocidos y famosos del panorama, y mayores para aquellos que estaban trabajando duro para acceder a la zona alta de la «tabla». También que el fenómeno de la «España vaciada» parece hacerse extensivo a nuestro sector, y resulta más productivo pertenecer a algunas regiones que a otras históricamente menos favorecidas. Además, pueden haber desaparecido algunos grupos, pero han aparecido otros con mucha fuerza, posiblemente la que da la esperanza de volver a ver tiempos más normales. Somos muchos, y algunos se sorprenderán ante el número, pero 245 conjuntos de personas coincidentes en la pasión por las músicas históricas da cuenta de la buena salud del sector. A mi modo de ver, podrían mejorarse muchas cosas, como ese envidiable equilibrio entre grupos vocales e instrumentales fuera de nuestras fronteras, o la práctica ausencia de un sistema de protección social y laboral a los artistas en nuestro país, que apenas cubre a unos pocos, o la excesiva dependencia de lo público para poder mantener nuestra actividad, incluso cierta ausencia de ambición en algunos programadores dada la reiteración y repetición de sus propuestas, pero también creo en el poder de nuestras voces e instrumentos para lograr un sector más equilibrado, donde la competencia sana y justa sea la norma, con cada vez más músicos y grupos añadiéndose a las filas del historicismo musical, y obteniendo mayor visibilidad ante el público, sea a través del medio que sea, para que al final sea la difusión y divulgación de la música que amamos, el fin que todos perseguimos, la mayor de las favorecidas.

Imagen: Joven tocando un laúd, de Michelangelo Merisi da Caravaggio, [1595, San Petersburgo, Museo del Hermitage].

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