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ASIER POLO, violonchelista: 'He aprendido a ser yo mismo y disfrutar de mi realidad'

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9 de noviembre de 2016

ASIER POLO, violonchelista: ´He aprendido a ser yo mismo y disfrutar de mi realidad´

Una entrevista de Agustín Achúcarro
El violonchelista Asier Polo atraviesa un momento de madurez, que él prefiere no definir como tal. Acaba de hacer su último homenaje de la temporada a Don Quijote con la Orquesta Sinfónica de RTVE y una mirada hacia atrás le recuerda de manera casual que profesionalmente comenzó en esto de la música hará unos veinticinco años, cuando interpretó junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León el Concierto para violonchelo de Elgar, con el director Max Bragado, aunque antes ya había hecho no pocas cosas, incluido ganar a los dieciséis años el Concurso Nacional de Juventudes Musicales. Pero Asier Polo prefiere mirar al futuro, pues su carrera es una mezcla de evolución y pasión por la música. Acaba de grabar un disco que saldrá en Navidad y disfruta pensando en sus nuevos proyectos. Él sigue siendo ese excelente músico que como profesor es codiciado por los violonchelistas y por eso generaciones enteras han pasado por sus clases en Musikene.  Se siente joven, lo es, y hasta los ochenta años, por lo menos, no piensa que figure en su diccionario la palabra hastío.

Háblenos del disco que acaba de grabar

Está previsto que salga para diciembre, concretamente para Navidades, y en noviembre se hará todo lo relativo a la producción, textos, fotos y diferentes pruebas. Pienso que estoy en un momento interesante de mi carrera y que tengo cosas que puedo aportar, por lo que creía que era el momento de grabar, al margen del repertorio español de la segunda mitad del siglo XX, que lo debo haber grabado todo, las sonatas para piano y violonchelo de Rachmaninov y Franck. Y se me ocurrieron precisamente esas dos obras porque considero que van muy bien a mi forma de hacer las cosas. En el caso de la Franck fue una de las grandes sonatas que primero toqué en mi vida, con lo que realmente tengo un gran rodaje con ella en concierto, y fue una obra que estudié mucho con Marta Zabaleta y la tocamos juntos por primera vez, así que consideré muy lógico grabarla juntos, hacer el disco con ella, pues así se sumaba una parte personal, emocional y de afinidad. Son dos sonatas que a priori puede parecer que quizá no pegan, pero al margen de los gustos de cada uno, creo que ambos compositores son de transición, postrománticos, de una época en la que se producen muchos cambios y ellos permanecen de alguna manera con su tradición, y ambos sacan lo mejor, la parte más lírica y pasional del violonchelo.

¿Con qué obras más cuenta el cd?

También tiene el Canto del Menestrel de Glazunov y la Pieza en forma de habanera de Ravel. Grabar algo de este último compositor lo he hecho con la intención de dejar un interrogante, para que sea un disco sin conclusión, en el que se deja una puerta abierta al futuro con el compositor francés. El sello con el que hemos grabado es IBS Classical de Granada, que está empezando a tener mucha importancia, con una repercusión internacional muy potente, incluso opta a un Grammy latino. Realmente me ha movido a hacerlo con ellos el que tienen un técnico de sonido del nivel de Paco Moya, que es el productor discográfico de IBS, una persona que trabaja de maravilla, con un oído musical muy especial, y eso es algo que hacía mucha falta en España. Creo que es una discográfica que puede tener mucho, mucho, recorrido.

Y aunque saldrá algo más tarde, me gustaría comentar que he grabado con la Orquesta Nacional de España los dos conciertos de Joaquín Rodrigo dirigidos por Juanjo Mena, y el Concierto Nº2 de Ginastera, que estaba dedicado a su mujer y lo tenía en exclusiva, pero que al final de su vida entablamos amistad y quiso que lo tocara yo.

En una ocasión afirmó  que ante una actuación hay vértigo siempre. ¿Actualmente lo mantiene?

Quizá se ha trasformado, aunque depende del repertorio con el que estés. El vértigo o la emoción o el respeto, en el buen sentido de la palabra, creo que es importante tenerlo, pues el directo es el directo, y para recrear un arte hay que estar en un estado anímico especial.

¿Cómo ha sido el recorrido profesional de Asier Polo?

El tiempo pasa volando y cuando vives el presente no te da tiempo a mirar para atrás, pero ese pasado existe y te crea un poso. En esencia sigo siendo el mismo, aunque hay que mantener el aliento, la llama, la ilusión por hacer cosas nuevas, evitar, en algunos aspectos, el hastío. Es magnífico poder vivir de esto y no voy a decir que estoy de vuelta, eso cuando llegue a los ochenta o más. Creo que básicamente ahora estoy haciendo lo que quiero, me siento en una nueva etapa, no voy a hablar de madurez, pero si es cierto que existe más poso y las cosas que hago están muy sostenidas sobre un criterio, intentando buscar la honestidad con mi propio recorrido, con mis circunstancias, para bien y para mal. Me siento cómodo haciendo las cosas como las hago, porque he aprendido a ser yo mismo y a disfrutar de mi realidad. Cuando uno es más joven aspira a parecerse a algo o a alguien, pero pasados los años te has construido tu propia realidad.

¿Qué ha podido dejar en el camino y que ha podido tomar?

Coger todo lo que me ha sido posible, porque disfruto mucho con lo que hago y en cuanto noto cosas que me molestan intento soltar amarras, pues soy una persona muy positiva, feliz, y me gusta esa sensación. Para mantener eso hay que rechazar o apartar aquello que sabes que te va a molestar, siempre que no sea perjudicial para otras personas. Necesito equilibrar lo personal y rodearme de gente que pueda ofrecerme cosas nuevas. En mi profesión uno suele estar muy solo, y ese espacio de confianza y sinceridad con los que te rodean en tu trabajo es fundamental para seguir creciendo. Lo que peor llevo es la soledad, pues soy una persona muy sociable, pero de alguna manera como la música es algo tan físico, el estudio en solitario es my gratificante, y acabas con un cansancio tonificante, como si fuera un masaje, es algo que te llena mucho por dentro y además es esencial para poder dar a los demás.

¿Cómo se plantea su trabajo y los ensayos? Tanto si se enfrenta a una partitura como si lo hace ante una obra que ya ha interpretado.

¡Qué difícil!. Aunque no lo pienses son dos tipos de trabajo muy diferentes. Ante lo que ya conoces, como chelista he escuchado todo tipo de repertorio aunque no lo haya tocado, de alguna manera hay cosas que te están influenciando en la primera toma de contacto, aunque luego no lo hagan a posteriori. A mi no me gusta escuchar nada antes de ponerme a trabajar, pero claro que te suena.

Trabajamos con la tradición, aunque luego queremos poner nuestro sello personal, así que creo que la estilística y la tradición es lo más complicado de la música. El saber tocar el estilo barroco, clásico, romántico… el tener claro las técnicas y conceptos a aplicar y no confundirlos es fundamental y, hoy por hoy, se exige al cien por cien el que eso esté claro, sin perder de vista que no existe una verdad absoluta. El trabajo de estreno de alguna manera es más complicado en algunos aspectos, pues es más árido hasta que construyes el gesto físico, que a veces no tiene la coherencia habitual, y a esto hay que unir que está presente el compositor y algunos son muy puntillosos, muy estrictos, y eso es puñetero, porque te exigen al milímetro, mientras que otros dejan mucho al intérprete para que recree. De hecho con algunos me ha pasado que tenían una idea sobre ciertos pasajes y me han dicho que les gustaba como lo había tocado y que lo dejara así. Es muy liberador el que en este caso no exista esa “faja” estilística que sí la hay a la hora de abordar Bach, Schubert o Beethoven.

¿Cuál es su manera de relacionarse con los diferentes violonchelos que ha tenido?

Ahora tengo un Ruggieri de 1689. Yo creo que los violonchelos en general, sobre todo los antiguos, tienen mucha personalidad y su fisonomía (los modernos los puedes ir readaptando algo) te hacen aplicarte de una forma concreta, pues sus grosores, la tensión, la resistencia, influyen. El cambiar de instrumento te obliga a cambiar tu técnica. Cuando cogí el Ruggieri me dije: no sé tocarlo, hoy por hoy él es mejor que yo. Así que tuve que pulsar de otra manera, trabajar a otra velocidad el arco, el punto de contacto hacerlo algo diferente, para lograr lo que yo buscaba de ese instrumento. Le adoro, le miro, lo limpio y me pregunto que cuando yo no esté aquí quién tendrá que seguir trabajando con él. En otras épocas en las que he tenido instrumentos menos relevantes las cosas eran algo diferentes, pero en todo caso busco la practicidad y tampoco quiero tener una relación muy apegada con el instrumento.

Es algo recurrente en usted referirse a la voz.

La voz me ha influido todo. A mí me venía de atrás, porque al principio me gustaba casi más el canto que el chelo, y lo único que tienen los instrumentos en su contra frente a la voz es el texto, que ayuda muchísimo a situarte, mientras que con los  instrumentos tienes que trabajar el estado anímico sin palabras. El chelo tiene más octavas que la voz, por lo que es soprano, barítono y bajo a la vez, y me encanta su lirismo, por lo que canta como nadie. De hecho se pude hacer una carrera muy digna y brillante con un repertorio más bien lírico, sin necesidad de tocar cosas muy virtuosísticas, que para eso existen otros instrumentos más ágiles, como el violín o el piano. Claro, tenemos pasajes rabiosos, pero no es la clave de nuestro repertorio, el chelo no tiene que ser impresionante sino emocionante. Es cierto que al principio yo buscaba por intuición cantar con el chelo y que luego me fui dando cuenta de que si lo utilizaba bien era muy positivo, que podía ser una gran virtud y un sello personal. De estudiante había profesores que me reprochaban esto y que me decían que dejara de cantar, y yo estaba todo el rato cantando por dentro sin darme cuenta.      

Háblenos de la pedagogía, de la enseñanza, que es una faceta importante de su carrera.

Creo que para empezar siendo positivo nunca hemos estado mejor y el nivel está subiendo muchísimo. Internet, youtube, tienen sus cosas buenas y malas, y nosotros no teníamos nada de eso, mientras que ahora pueden saber lo que está ocurriendo en todo el mundo. Eso tiene sus peligros, pues te puede llevar a la superficialidad, a quedarte con la primera impresión, copiar y no hacer un proceso artístico personal, pero también creo que tiene muchas cosas positivas y que es una ayuda. Ahora es más fácil viajar a lugares como Alemania, cuando nosotros íbamos no sabíamos cuando volveríamos, y las redes sociales ayudan a tener una relación más desenfadada, por lo que el alumno está mucho más conectado.

¿Y concretando en la enseñanza?

Lo que debería mejorar en la enseñanza no me atrevo a decirlo. Habría que empezar de cero y volver a hace oposiciones, que a mí no me parecen interesantes, pues el profesor es el referente auditivo del alumno y debería estar en activo. El sistema de oposiciones no es coherente con la realidad, pues no te dan puntos por tener una discografía, por ser concertista, sino por otras cosas teóricas. Y ahora te piden el máster que es teórico o ser doctor que también lo es, lo que no resulta realista pues no te va a ayudar a enseñar mejor a un alumnado que en su 90% quiere ser instrumentista. Las expectativas del alumno en muchas ocasiones no se corresponden con la preparación del profesor. No quiero penalizar, ni generalizar, con esto al profesorado, sino señalar que hay que estar en activo, lo que te hace mantener la ilusión, estar al día y trasmitir una información más actualizada. Sobre todo debemos tomar conciencia de que somos Europa, somos Bolonia, y de que un alumno de cualquier Conservatorio Superior español tendría que tener el mismo nivel que uno de Berlín o París. ¿Y eso por qué no pasa?. Hay que luchar porque esas cosas sean así, y yo lo tengo corroborado con algunos alumnos que han trabajado conmigo.

¿Añadiría algo más a lo dicho?

Pues, empezando por los estudios del bachillerato, sería importante que hubiera más posibilidades de potenciar el bachillerato musical, ya que el nivel de exigencia es cada vez mayor, por lo que cuanto antes se potencie al alumno es mejor. Luego está el tema de becas, el poderse presentar a concursos, que existan fundaciones que cedan instrumentos, algo que no hay en España para la gente joven, lo que les permitiría competir en este terreno en igualdad con los alumnos de otros países, y que el plan de estudios de los conservatorios vaya más dirigido a la interpretación, que el tiempo de enseñanza del instrumento tenga mayor importancia. Añadiría también intercambios, Erasmus, vinculaciones con otras universidades, posibilidades de que vengan profesores de otros países a dar clases aquí… No sé, la verdad es que esto funciona muy bien en Musikene. También depende de las personas que están dirigiendo el centro, pues la ley es la ley y luego puedes hacer tu propia historia, no hay que echar solo la culpa al sistema, pues también depende mucho de las personas y las ganas que tengan de hacer cosas. También los profesores deberíamos tener más comunicación entre nosotros, pues a veces la gente ni se habla, con unas cosas, unos piques indecentes. Se debería crear una asociación nacional de músicos, en los que la gente se atreviera a preguntar lo que precise.

¿Es usted de los músicos que no separa el ámbito profesional del personal?

Se toca como se es en esencia, pero es verdad que hay artistas que tocan maravillosamente y luego como personas son más áridas. Yo intento tocar como soy y muchas personas que tengo en mi entorno lo hacen así: unos son más intelectuales, otros más intuitivos y otros más sensibles. Pero esto no quiere decir que si un artista es muy especial lo sea como persona, yo al menos en eso no creo. En mi caso toco como soy, pues me resulta más auténtico, pero no tengo claro que deba ser así para todos.

¿En qué ocupa su tiempo al margen de la música?

(Al escuchar la pregunta se ríe abiertamente). No me da tiempo a otras cosas. Bueno, en ver a los amigos pues yo soy el que está en todos los sitios y en ninguno, y me gusta relacionarme con la gente, por lo que intento cuidar mis amistades, pues sin lo personal no podría llevar a cabo lo profesional.

Señálenos algunos de sus planes futuros.

El proyecto que tengo en mente es sacar un disco por año, incluido el gran repertorio clásico. Considero que es el momento de presentar la integral de las Suites para violonchelo solo de Bach, algo que haré en un año o año y medio, y lo llevaré a cabo en México, Italia y otros sitios. Esta temporada concretamente es muy nacional, voy a Canadá e Italia, pero estaré mucho tiempo en España, justo lo contrario a lo que hice la temporada pasada. Jesús Torres me ha dedicado un concierto para violonchelo y lo estrenaré la temporada que viene. Él es un compositor con un sello muy personal y me encanta lo que hace. Esto es lo más potente que tengo. Luego, claro, cuento con otras muchas actividades y siempre hay proyectos que te hacen ilusión.

Autor:Agustín Achúcarro
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