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CRÍTICA: "DIE WALKÜRE" DE WAGNER EN LA SCALA DE MILÁN, BAJO LA DIRECCIÓN DE DANIEL BARENBOIM

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14 de diciembre de 2010
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BARENBOIM VUELVE A TRIUNFAR EN LA SCALA CON WAGNER, LOGICAMENTE

"Die Walküre" Teatro alla Scala, Milano. 10-12-2010. Nina Stemme, Waltraud Meier, Franz Van Aken, Vitaly Kowliov, Ekaterina Gubanova, John Tomlinson. Dirección Musical: Daniel Barenboim. Producción: Guy Cassiers

Barenboim vuelve a salir ovacionado de La Scala con Wagner. En lo  suyo, después de unos Verdis (Aida, Simon Boccanegra) muy discutibles y  protestados por la cátedra de la ópera italiana. Interpretación de gran nivel la suya, con momentos de gran lirismo por  un lado, y también intensidad y apasionamiento cuando se requiere en la  magnífica ópera Wagneriana. Sonido espléndido, de gran refinamiento tímbrico y con detalles primorosos. Un buen final del acto I en  complicidad con una gran Meier. El acto segundo más irregular, perjudicado por un Wotan de encefalgrama plano. Espectacular la  cabalgata con toda la grandilocuencia de la pieza y memorable el clímax alcanzado en ese momento sublime del acto tercero cuando Wotan abraza a Brunilda. La orquesta fantástica, más allá de alguna pifia puntual en los  metales, y que no esté al nivelón increíble de las épocas Abbadianas y  Mutianas, sigue siendo una agrupación de muchísimo nivel. Waltraud Meier, en la tercera Sieglinde que le veo en vivo,  aún guapísima, atractivísima en escena y  con todo su sex appeal intacto. Vocalmente presenta ya un declive con  cierta falta de pujanza, un centro algo sordo y mermado y graves cada  vez más guturales y forzados, pero es un "animal de teatro" de nivel histórico. Ante una dirección de escena que apenas existía, "cogío las riendas" e interpretó su Welsunga, esa que te emociona en "Die männer sippe" acentuado y fraseado con una incisividad única. Esa que te estremece en "Du bist der Lenz" y alcanza el clímax irresistible cuando Siegmund arranca la espada del fresno. Todo ello con una expresión corporal, un juego de gestos y un sentido del pathos que la convierten en una artista singular y de las más grandes de los últimos años. En lugar de Simon O'Neill, el hermano gemelo Welsungo fué interpretado  por Franz Van Aken. De emisión gutural, hueca y temblona y timbre "grigio", empezó con muchos nervios y desubicado. Me temí lo peor, pero se fué asentando y contagiado por la electricidad de la Meier se soltó y colaboró en un intenso final del acto I. Cumplió en la escena del anunció de la muerte del segundo. El material, que cuenta con más peso y robustez, cubre la tesitura baritonal del Siegmund mucho mejor que el ultralírico "O'Neill. Triunfó también Nina Stemme que, inteligentísima, no forzó en ningún momento, algo que me alegra porque estamos todos de acuerdo en que es una Siglinda cantando Brunilda. El timbre atractivo y sano, la emisión canónica, el fraseo siempre cuidado y de gran clase, ningún asomo de alarido, sacó de manera habilísima el canto guerrero del acto II. Flojísimo el Wotan de Vitaly Kowaliov. Voz empotrada en gola, ayuno de fantasía como cantante y como intérprete. Un aburrimiento. Pocas veces importaron menos las tribulaciones del Dios, que contadas por este señor. Ekaterina Gubanova cuenta con un material vocal importante, suntuoso en centro y agudo, pero desguarnecido en graves. Tampoco me parece que la cantante cuente con la suficente técnica para domeñarlo y dotarlo de la elasticidad y blandura necesaria en otros repertorios. John Tomlinson en las últimas, con la voz desvencijada, desgastadísima y con viajes al agudo imposibles, aún tiene autoridad y volumen. Compone un Hunding atemorizante, tonante y que todavía  "hace su ruido".  De escaso interés la producción. Juegos de sombras más vistos que el TBO y de escasa eficacia, proyecciones igualmente fallidas y de poco interés. Trajes estrambóticos, como el de Wotan (de traca). Dirección  escénica casi nula. Había momentos en que cantaban tiesos como una vela sin moverse, como ocurrió en el acto I hasta que la Meier se puso en "funcionamiento". La reflexión que me hago es ¿Se puede ser director titular de La Scala ("maestro Scaligero" en palabras del propio Barenboim) sin afinidad con Verdi ni la ópera italiana en general? Yo creo que no.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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