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Crítica: Una nueva producción de 'El caso Makropulos' de Janacek en la Ópera de Múnich

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Autor: Alejandro Martínez
5 de noviembre de 2014

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

Por Alejandro Martínez

01/11/2014 Múnich: Bayerische Staatsoper. Janacek: El caso Makropulos. Nadja Michael, Pavel Černoch, Tara Erraught, Kevin Conners y otros. Tomáš Hanus, dir. musical. Árpád Schilling, dir. de escena

   La Bayerische Staatsoper de Múnich ha previsto estrenar este año cinco nuevas producciones (El caso Makropulos, Manon Lescaut, Lucia di Lammermoor, Lulu, Pélleas et Mélisande). De entre todas ellas, una de las más atractivas era la prevista para este Caso Makropulos de Janacek que nos ocupa. Firmaba la producción, Árpád Schilling, responsable también de un irregular Rigoletto que se repone de tanto en tanto en Múnich. El resultado de su propuesta es una producción fotogénica, sí, pero superficial, sin genuina trascendencia. Hay un gran trabajo estético, qué duda cabe, sobre todo por cuanto hace al retrato de la protagonista, a través sobre todo del esmerado vestuario que firma Márton Ágh, responsable asimismo de un decorado circular, donde se alternan algunos cuadros tediosos con otros francamente atractivos, como ese enrejado de sillas que vemos al comienzo, como ilustrando el relato kafkiano de una burocracia sobredimensionada y cruel. El resultado final, en todo caso, es una producción pretenciosa, como si quisiera situarse en la estela de un Warlikowski pero sin todo aquello que hace brillante el trabajo de Warlikowski, de quien pudimos ver precisamente un Caso Makropulos en París.

   No es la primera vez que nos referimos en estas páginas a Nadja Michael. Ya dimos cuenta de su insostenible Lady Macbeth hace dos veranos. No cabe duda de que Nadja Michael es una intérprete esmerada, esforzada, implicada como actriz, pero con esa emisión dura, a veces hiriente, y esa expresividad tan envarada, siempre enfática, el margen interpretativo es mínimo y a menudo parece que simplemente hiciera de sí misma, un punto sobreactuada y truculenta.Con esa figura andrógina y ese perfil atlético, con ese ademán premeditadamente masculino, en contraste por cierto con esa figura tan evidentemente siliconada, casi pornográfica, cuesta ponderar su labor más allá de lo que su cuerpo propiamente dicho aporta a su retrato de Makropulos.

   Lo cierto es que no es Nadja Michael una solista en modo alguno adocenada y conformista, a la vista de su agenda pasada, presente y futura, llena de citas de interés: desde Die Eroberung von Mexico de Rihm a El castillo de Barbazul pasando por este Caso Makropulos. Pero lo cierto es que su protagonismo en este caso nos lleva a preguntarnos hasta qué punto esta producción gira en torno a su aspecto físico y si de hecho funcionaría o no con cualquier otra intérprete. Lo cierto es que siempre se han planteado algunas nuevas producciones en torno a grandes protagonistas. Visconti, sin ir más lejos, decidió dirigir una Traviata precisamete fascinado por Callas. No es pues ese el problema. Pero de ahí a que la apariencia física de una solista sea parte clave de una dramaturgia, va un trecho. Nos convenció mucho más la labor de Ricarda Merbeth en París, musicalmente hablando, pero es indudable que su figura no cuadra con esta producción. Un viejo debate reabierto una vez más.

   Poco brillo en el resto del reparto, más allá de la buena labor de los habituales comprimarios de la Bayerische Staatsoper, como Kevin Conners. Un lujo contar con Tara Erraught para la parte de . Es inevitable comentar la insuficiente labor de Pavel Černoch, a quien hemos escuchado ya en varias ocasiones (Jenufa en Múnich, La novia del zar y Katia Kabaonva en Berlín) y nuestra impresión, negativa, permanece inalterable: un timbre filiforme, con un pasaje sin resolver, titubeando con el falsete. Incomprensible a nuestro parecer su buen nombre para este repertorio.

   Poco estimulante fue también la labor de Tomáš Hanus en el foso. Cabía esperar de un director checo como él una lectura cuando menos idiomática y afín a la singular tensión que anida en esta partitura, pero su batuta no fue más allá de un discurso genérico, apenas sostenido por la infatigable excelencia de la orquesta titular que ocupa el foso.

Fotos: Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl

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