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[C]rítica: Los cinco conciertos para piano de Beethoven con Javier Perianes y Juanjo Mena en el ciclo de Ibermúsica

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22 de febrero de 2019

Empacho de Beethoven

Por Pedro J. Lapeña Rey
Madrid. Auditorio Nacional. 19 y 20-II-2019. Temporada de abono de Ibermúsica. London Philharmonic Orchestra. Javier Perianes, piano. Director musical, Juanjo Mena. Integral de conciertos para piano y orquesta de Ludwig van Beethoven.

   Si hace un par de semanas alguien me dice «te vas a empachar de Beethoven», le hubiera contestado con cajas destempladas. Considero a Beethoven el músico más genial de la Historia, y no me canso de oírle nunca. Bien en verdad que acostumbro a hacerlo en las mejores condiciones y con grabaciones de referencia. Aun así, en la variedad está el gusto y no me veo oyéndome todas las sinfonías o todos los conciertos para piano seguidos. Por muy apasionado que uno sea, el cuerpo y la vida misma te piden un equilibrio, e incluso en las mejores condiciones –pongamos por caso que resucitaran Emil Gilels y Wilhelm Fürtwangler y les diera por tocar juntos– les pediría con todo el cariño del mundo que los tocaran en cinco días distintos, y así no solo disfrutar de cada uno de ellos de manera individual, sino también que al terminar cada jornada, estuvieras expectante hasta la siguiente.


   Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se han puesto de moda esta especie de Juegos Olímpicos de la interpretación, donde hay que ver las 9 sinfonías de Beethoven en un solo día , las nueve novenas sinfonías de nueve compositores distintos de una sentada, o la tetralogía de Wagner en 24 horas como ocurrió en el Festival del Tirol en 2014. Quizás ver los cinco conciertos para piano de Beethoven en dos días seguidos no llegue a eso, pero por momentos lo pareció.

   La misión estaba encomendada a Javier Perianes y Juanjo Mena, dos de nuestros músicos mas internacionales en la actualidad, ambos premios nacionales de música –en 2012 el onubense y en 2016 el vasco– que han unido sus fuerzas junto a la estupenda Orquesta Filarmónica de Londres. Desde el 15 de febrero que iniciaron una breve gira española en el Auditorio de Zaragoza, han visitado los Palaus de la Musica de Barcelona y Valencia, y el Auditorio de la Diputación de Alicante tocando el primero, el cuarto y el quinto. Tras ellos, dos ciclos completos: primero el martes y miércoles en Madrid, y como colofón un segundo los próximos viernes y sábado en el Royal Festival Hall de Londres.


   Comenzó el maratón el martes con el Concierto en si bemol mayor, op. 19, el segundo según su denominación y número de opus, pero el primero en ser compuesto. Perianes y Mena entraron al escenario de manera pausada –quizás un anticipo de los tempos que iban a marcar en sus versiones– y fue curioso darnos cuenta que el director vasco no iba a dirigir sobre el podio, sino directamente sobre el suelo. Juanjo Mena marcó un tempo amplio, dejando fluir la música, sin excesivo brío. De hecho la variación del tema inicial fue aún más delicada. Javier Perianes, con su pulsación precisa, se sumergió en este tempo ralentizando aún más el discurso, casi acariciando las notas y sacando un sonido de bella factura. Pareció coger algo mas de brío en el comienzo de la cadenza, pero de nuevo nos llevó a su terreno, desgranando las notas casi una a una, tratando de parar el tiempo. En el Adagio, el Sr.Perianes siguió ralentizando el tiempo, pero aquello no terminaba de funcionar. Tanto tacto y tanta delicadeza impedían conseguir un mínimo de tensión sobre el que armar el edificio, con lo que la versión se caía, por mucho que algunos arranques del Sr. Mena en la parte central y final trataran de impedirlo. En el Rondó final, el director vasco apretó algo el acelerador pero en cuanto Perianes tomaba las riendas, todo volvía a ralentizarse. En ese tempo cómodo, oímos trinos y arpegios de calidad, pero a costa de tener un discurso por momentos inconexo. Beethoven siempre es Beethoven, y hasta su obra menos afortunada, tiene un punto de tensión y poderío que no puedes obviar.


   En el Concierto en do menor, op.37, seguimos con los mismos derroteros. El Allegro con brio tuvo poco brío, sin que la fuerte tensión emocional que desprende saliera a la luz. El Largo se convirtió en un Larguísimo, tocado por el Sr. Perianes de manera muy bella, destilando delicadeza, pero muy moroso, casi caído, y en el que al menos, las frases de Katie Bedford y de Jonathan Davies, solistas de flauta y fagot respectivamente, nos levantaron algo el ánimo. En el Rondó final, el Sr. Mena tiró del carro y consiguió que el Sr. Perianes se subiera a él, tallando escalas y acordes de manera clara y transparente, consiguiendo un resultado plausible.

   La segunda parte estuvo dedicada al cuarto, el Concierto en sol mayor, op. 58. En esta ocasión ambos músicos salieron con más rapidez, lo que también pudo ser un presagio. Desde los suaves acordes de los primeros cinco compases del Concierto en sol mayor, seguidos por la repetición y el desarrollo del tema inicial por la orquesta, se vio que algo había cambiado en el descanso. Discurso natural, más conexo, un fraseo más intenso, y el excelente sonido de la orquesta que por fin «sonó a Beethoven». También hubo tensión en la segunda entrada del piano, y las frases posteriores tuvieron todo su sentido. Mantuvo el tipo en la cadenza, donde creó una atmósfera atractiva que se mantuvo hasta el final del Allegro Moderato inicial.


   Volvimos de nuevo a las andadas en el Andante con moto posterior, donde «nos olvidamos la moto». Tempo muy lento con una pulsación en pianísimo, muy afectado, casi sin vida. Afortunadamente en el Rondó final, todo cambió para mejor. Quizás vislumbrando el final de la maratoniana jornada, el Sr. Perianes se lanzó al vacío, con un discurso conexo expresado si no con virtuosismo, sí con brillantez y la tensión necesaria. Por su parte, tanto la orquesta y como el Sr. Mena acompañaron de la mejor manera posible, consiguiendo entre todos, que este cuarto concierto fue el de mejor factura no solo del martes sino del ciclo completo.

   Comenzamos la tarde del miércoles con bastante más intensidad. Juanjo Mena arrancó con fuerza el Allegro con brio del Concierto en Do mayor, op. 15. La orquesta, empastada y con un sonido aúnmás atractivo que el martes le respondió de inmediato. La repetición sonó beethoveniana dejando el toro en suerte para la entrada del Sr. Perianes. Éste mantuvo el tempo vivo, y empezó a cantar y frasear con mucho gusto, acompañado por una orquesta entregada. Muy atractiva la forma de desgranar la cadenza para una sumergirnos en un movimiento central mantenido a tempo, bien perfilado y bien terminado. En el Rondo final, lleno de viveza y alegría, ambos apretaron el acelerador pero dentro de un orden. El Sr. Perianes consiguió momentos de gran claridad,y la música, muy atractiva, surgía de su piano de manera natural, aunque algunos acordes de la mano izquierda no salieron muy limpios. La orquesta y el Sr. Mena acompañaron con brillantez consiguiendo un Beethoven intenso pero algo plano. En cualquier una buena versión acogida por el público con muchos aplausos.


   Tras el descanso, era el turno del Concierto en mi bemol mayor, op.73, “Emperador”, el plato fuerte de los dos días. Un concierto que exige unos grandes medios técnicos, un sonido imponente y un gran poderío en el teclado. A pesar de sus visibles esfuerzos, la ejecución de Perianes no tuvo la firmeza ni la contundencia necesaria. El sonido no tuvo la brillantez que uno espera en este concierto, y aunque la digitación fue digna de encomio, no pareció suficiente. El Sr. Perianes llevó la interpretación a su terreno y sobre todo, en el Adagio intermedio introducido por Mena y la orquesta de manera coherente, el lirismo que desprendió el Sr. Perianes empezó a cautivarnos. El fraseo fue cálido e intenso, lleno de matices, pero en el Rondó final adolecimos de los mismos problemas que en el Allegro Moderato inicial. Juanjo Mena y la orquesta fueron unos acompañantes de fuste, con un sonido bellísimo y un fraseo de nivel, aunque sin terminar tampoco de levantar el vuelo.

   En cualquier caso, el público repartió vítores y aplausos a todos, y premió el ímprobo esfuerzo del maratón beethoveniano. Los cinco conciertos en dos días tienen algo de proeza, algo similar a encerrarse una tarde con seis miuras. Y como en el caso taurino, unas faenas –en este caso conciertos– salen mejor que otras. Al final se valora más la gesta que las interpretaciones concretas, y como en el caso taurino, suele haber másde hazaña que de puro arte.

Foto: Rafa Martín

Autor:Pedro J. Lapeña Rey
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