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Crítica: Recital de Bernarda Fink en el Ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

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23 de mayo de 2019

De lo eslavo y lo latino

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 20-V-2019. Madrid. Teatro de la Zarzuela. XXV Ciclo de Lied. Recital 9. Obras de Bohuslav Martinů(1890-1959), Lucijan Marija Skerjanc (1900-1973), Antonin Dvorak (1841-1904), Joaquín Rodrigo (1901-1999), Manuel de Falla (1876-1946), Carlos Guastavino (1912-2000) y Alberto Ginastera (1916-1983). Bernarda Fink (mezzosoprano), Anthony Spiri (piano).

   El Ciclo de Lied del Centro Nacional para la Difusión Musical (CNDM) siempre se ha caracterizado por conseguir un difícil y delicado equilibrio entre permitirnos conocer nuevas figuras del escogido y selecto Universo del Lied –siempre en perpetua renovación- y saber retener -con las correspondientes convocatorias repetidas- a figuras consagradas que todos deseamos volver a reencontrar cada poco tiempo. En el caso de la mezzosoprano Bernarda Fink (Argentina 1955, de padres eslovenos), dichas visitas se produjeron en las temporadas 2005/2006 y 2009/2010. En esta ocasión, destacamos además el hecho –porque para nosotros es un plus- de que la cantante haya seleccionado un repertorio totalmente inédito en el Ciclo, programando para su velada obras raramente interpretadas del checo-bohemio Bohuslav Martinů, el esloveno Lucijan Marija Škerjanc, cuatro canciones -ya interpretadas en 2006 por Bernarda Fink- del húngaro-bohemio Dvorak y –lo que es más difícil- ha programado repertorio asociado a los famosísimos Joaquín Rodrigo, Manuel de Falla (Tres melodías francesas), Carlos Guastavino y Alberto Ginastera (Cinco canciones populares argentinas),que también se escuchan por primera vez en el Ciclo de Lied.

   Sabido es que Martinů se dejó influenciar por el impresionismo francés, aunque la gran cantidad de obras de tan distinto jaez que llegó a componer revela cierto eclecticismo en su personalidad musical, no exenta de elegante virtuosismo, si bien el piano se considera elemento común y central en toda su obra. Ejemplo de sus composiciones francesas son sus Deux chansons (Dos canciones), sobre poemas en francés cuya temática es la naturaleza: Fleur du pêcher (Flor de melocotón) y Automne Malade (Otoño enfermo). Éstas nos sirven para tomar contacto con la voz de Bernarda Fink, una mezzosoprano de timbre muy lírico, emisión carnosa y expresividad muy directa, que resuelve su extensión sin ser una cantante excesivamente técnica, contando a su favor el que en este recital todo el repertorio que abordó se encontró en la franja central de su tesitura, y no hubo de esforzarse en realizar grandes ascensos ni descensos interválicos.


   Ya en checo, la cantante desplegó su dominio de los textos en Písničky na dvěstránkyn (Canciones en dos páginas) y Písničky na jednustránku (Canciones en una página) -conformadas por cuatro y siete canciones, respectivamente-, de temática costumbrista. Sobresalieron del primer grupo Súsedova stajňa (El establo del vecino), que Fink abordó con marcados bríos folclóricos; y del segundo, la bellamente cantada en forma de plegaria Sen Panny Marie (El sueño de la Vírgen María), en la que se realiza un paralelismo entre el paraíso en el cielo y la tierra, en la que florecen multitud de plantas y flores.

   Complicando un poco más las texturas pianísticas, presentes en el universo sonoro de Lucijan Marija Škerjanc, -que Anthony Spiri supo enriquecer con su notabilísima maestría- (no en vano el músico compendia romanticismo, expresionismo e impresionismo), Bernarda Fink abordó las canciones Jesenska pesem (Canción de otoño), Večerna impresija (Impresión vespertina) y Pomladni dan (Un día primaveral), a las que imprimió una mayor profundidad en la intención interpretativa en correspondencia –es decir, compitiendo de tú a tú- con el protagonismo del piano.

   Para Dvorak, Fink eligió cuatro canciones pertenecientes al libro V národním tonu (Con aire nacional), con textos checos y eslovacos. Descollaron –por su mayor enjundia a efectos expresivos y en relación al contraste que supo administrarla cantante- la festiva y humorística Žalodievča, žalotrávu (Estaba una doncella segando la hierba) y la romántica, pero negativa Ach, není tu (Ay, no hay aquí).


   Ya en la segunda parte, y a cuenta de compositores españoles se comenzó con cuatro canciones de Joaquín Rodrigo (Romancillo, Pastorcito santo, Coplillas de Belén y Adela). Las más interesante, la primera, basada en el Romance del Prisionero –en principio, un romance anónimo, aunque recientemente atribuido al poeta cortesano Alonso de Cardona-; y la segunda, por su delicadeza, aunque al final resultara un tanto destemplada en la voz de Bernarda Fink. En forma contraria, encontramos muy de nuestro gusto la lectura de las Tres melodías francesas de Manuel de Falla( Les colombes [Las palomas], Chinoiserie [Chinería] y Séguidille [Seguidilla]), en las que nuestra mezzo matizó, aplicó medias voces e incluso culminó algunos forte con la propiedad de la garra y sensualidad andaluzas, contando con la inestimable contribución de Spiri.

   Para finalizar, y al otro lado del océano, los argentinos Carlos Guastavino y Alberto Ginastera fueron convocados para lucir dos conjuntos de perlas de su producción: del primero, La rosa y el sauce, En los surcos del amor, Pampamapa (aire de huella) y La flor de aguapé fueron desgranadas de forma sensorial y lánguida: elaborada intención, en suma. Del segundo, las Cinco canciones populares argentinas (Chacarera, Triste, Zamba, Arrorró y Gato), que representan la primera etapa del compositor, más pegada a lo popular y danzable, y que luego derivaría hacia músicas más cosmopolitas, en las que Bernarda Fink supo quintaesenciar sus prestaciones por ser piezas tan afines a sus medios vocales.


   Con aplausos cálidos, y muy bien acogidos por el público asistente, fueron despedidos Bernarda Fink y Anthony Spiri, que correspondieron al público con tres propinas: La primera de ellas fue Pan de Ronda, de Manuel de Falla y, a continuación, una de las Canciones gitanas de Dvorak. Ante la insistencia del público, se ofreció finalmente Pueblito, mi pueblo, de Guastavino, como despedida de buenas noches –en palabras de la cantante- que entendemos se encontró gratamente envuelta por un público que valoró un recital que a nosotros nos resultó insuficiente por no haber programado unas obras que despegaran de la centralidad del pentagrama, asumiendo más riesgos vocales e interpretativos.

Foto: Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) – Ben Vine

Autor:Óscar del Saz
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