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Crítica: Can Çakmur en el Festival Rafael Orozco de Córdoba

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Autor: José Antonio Cantón
24 de noviembre de 2021

El pianista turco Can Çakmur visita el Festival de Piano «Rafael Orozco» de Córdoba con obras de Schoenberg, Schubert y Schumann

Can Çakmur

Arriesgado y denso programa

Por José Antonio Cantón
Córdoba, 20-XI-2021. Conservatorio Superior de Música ‘Rafael Orozco’. XIX Festival de Piano «Rafael Orozco». Recital de Can Çakmur. Obras de Arnold Schoenberg, Franz Schubert y Robert Schumann.

   Abrir un recital de piano con la segunda de las tres Klavierstücke, op. 11 de Arnold Schoenberg supone asumir un riesgo no solo en el aspecto técnico de su ejecución sino, sobre todo, en la complicada concepción que exige al intérprete para que asuma esa casi imprecisa línea divisoria entre la honda investigación cromática que contiene, en su más amplio sentido, y el paso a la atonalidad libre anterior a la música serialista, que distanciaría definitivamente el pensamiento del gran músico vienés de las evoluciones tardo-románticas de incipientes desestructuraciones armónicas. 

   El joven pianista turco Can Çakmur lo ha realizado con brillante resultado artístico al desentrañar con éxito los secretos de esta pieza de carácter moderado (mässig), en la que son manifiestas las tensiones dinámicas y temáticas opuestas como alternantes elementos del esquema a seguir en su planteamiento estético. Su interpretación estuvo siempre muy al cuidado de la estructura armónica sin menoscabo de una espléndida brillantez técnica.

   El recital continuó con una excelente versión de la Sonata en la, D 959 de Franz Schubert. Con ella se materializó la sólida madurez de este intérprete al asumir las proporciones de esta obra de extensa dimensión estimulando la sensibilidad del oyente, que se sintió en todo momento atraído por su discurso. Es así que destacó en el Allegro que la inicia por el equilibrio alcanzado entre el lirismo melódico, el estado emocional que desprende y el virtuosismo que requiere su exposición, hasta su llegada a la coda que, como contraste, realizó con suma delicadeza. Su calidad artística se acrecentó con la sólida ejecución del Andantino. Entendido como si de un lied se tratara cargado de poética belleza, inició así su exposición para alcanzar una inquietante tensión emocional en su parte central, que distinguió con ese sentido de modernidad muy anticipada a la época en la que fue escrita la obra, consiguiendo reflejar con un aire de improvisación la sorprendente alucinación rítmica y armónica que encierra. Se desembarazó de tensiones en el pequeño Scherzo, buscando siempre ese aire vienés que lo anima favorecido por la limpieza y precisión de su pulsación. En el Allegretto se pudo apreciar nuevamente la solidez de su musicalidad dada su manera casi-mozartiana de cantar y modular este re-convertible rondó antes de su acelerado y resolutivo final.

   Con la famosa Kreisleriana, op. 16 de Robert Schumann, Can Çakmur desató todo su temperamento artístico llegando a la genial esencia romántica de esta inigualable colección pianística de ocho piezas, que refleja de modo sublime la singular personalidad musical de su autor. Desde la agitación que expresa una extrema emoción en el comienzo de la primera pieza se pudo apreciar cierta afinidad de este pianista con la creatividad de este compositor, hecho que se fue confirmando a lo largo de su interpretación, manteniendo una tensión en la que, consciente del enredo de lazos y acentos que propone Schumann, determinaba siempre una clarificación de los estados emocionales reflejados en cada pieza, que sustentaba en un impulso musical de alto perfeccionamiento técnico y expresivo, buscando dar sentido a esa cierta inestabilidad tanto rítmica como armónica que, en cada pieza, sorprendía grata y constantemente al oyente, ya que los momentos rápidos los reflejaba con interesante y buscado desorden, para contrastar con el tratamiento dado a los pasajes más lentos en los que se imponía la serena belleza de sus líneas melódicas.

   La densidad del programa tuvo su punto culminante con la interpretación de las cinco piezas que integran la colección Cantos del alba (Gesänge der Frühe), op.133 también de Robert Schumann. Como si se tratara de un ejercicio máximo de introspección, abordó cada una de ellas como partes del último viaje pianístico del compositor antes de su definitivo estado de enajenación. La sensación que dejaba este pianista era que el significado abstracto de estas músicas adquiría sorprendente significación de pacífica y ambigua serenidad en sus últimos compases. 

   El público reaccionó muy favorablemente ante tanta condensación intelecto-musical, lo que motivó que el pianista volviera en su primer bis al melodismo de Schubert con una fogosa y espectacular interpretación de la versión para piano del lied Erlkönig, D  328 que transcribió Franz Liszt, S 558/4 de su catálogo, para terminar definitivamente su actuación con un regreso al Schumann más intimo, condensado en una adaptación para piano solo del último lied titulado Zum Schluss (Como conclusión), sobre un pequeño poema de Friedrich Rückert, perteneciente a la colección de canciones Mirtos, op. 25, como rúbrica de un programa de singular poética, cuya trascendencia artística, la gran personalidad musical de Can Çakmur situó más allá del piano.

Foto: Festival Rafael Orozco

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