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Crítica: Capella de Ministrers en Castellón

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Autor: Antonio Gascó
27 de octubre de 2021
Capella de Ministrers

Facundia y gracia historicistas 

Por Antonio Gascó
Castellón, 23-X-21. Auditorio de Castellón. Sociedad Filarmónica. Capella de Ministrers. Director Carles Magraner. Obras de Valente, Kircher, Primavera, Ribayaz, Fontana, Falconieri, Frescobaldi, Monteverdi, Puglia, Landi y Anónimo, S. XVII. 

   Una vez más la Capella de Ministrers saldó con éxito su actuación en el Auditorio de Castellón. En esta ocasión el programa, monográfico, como suele ser habitual en el conjunto que dirige Carles Magraner (quien, por cierto, se ganó el jornal más que merecidamente, por las muchas e intrépidas intervenciones como violagambista) tuvo carácter monográfico. El motivo era presentar un conjunto de temas que patentizasen la mediterraneidad y que si bien fueron oriundos del folclore popular, los compositores en su mayoría italianos de los siglos XVI y XVII los trasfirieron a la música culta. Las armonizaciones y las sonoridades, se metamorfosearon de los tiempos remotos con una luminosidad festiva, inherente a la mayor parte del repertorio. La agrupación cuajó un concierto que era revelador  de una sensibilidad interpretativa y una analítica de significado muy vetusto. 

   Uno llega a pensar cuando escucha estas versiones cargadas de autenticidad secular que nuestros rebisssssssssabuelos, no eran tan aburridos como parece deducirse de la lectura de los cronicones de época. Ambientes muy heterogéneos caracterizaron la audición, tan diversa que el público no tuvo ocasión de aburrirse, sintiendo el asiento de la butaca o de aspirar hondo con la boca abierta. Algo más. Las sonoridades antiguas, armónicamente son distintas de las de nuestro presente, pero el pulso y la métrica, nos siguen siendo habituales. Con ese propósito cabe afinar el oído, cuando se escuchan a estos conjuntos que hacen gala de un primoroso historicismo en sus versiones. Y el grupo de Magraner siempre logra que el respetable ajuste al primor el mando de la oreja. 

   El programa no pudo ser más variado dentro de su unidad conceptual, pasando de las danzas a los relatos amorosos con músicas que ya establecen propósitos de aria operística. No olvidemos que Peri, Frescobaldi, Caccini, Monteverdi, los Rossi o Cavalli…, estaban llevando a cabo en la época con éxito, sus composiciones escénicas. Actuaron como solistas vocales Elia Casanova y Pino de Vittorio. Ella con una voz limpia y clara, muy poco impostada, apropiada para cantar los relatos enamorados como Cosi me dispreciate, de Frescobaldi, en el que no faltaron audaces arpegios de refinada agilidad, Se l’aure spira del mismo autor, o el primoroso madrigal Si dolce é l' tormento, en el que emergió el sentido lirico de la obra emocional de de Monteverdi. En la Villanella, cantada a dúo, la voz se vio secundada por una flauta inspirada que constituía el eco de su emisión, o «Io te vorrei contar» hermoso canon a dúo de talante muy sentimental, en el que Elia Casanova derrochó primores de dicción. De Vittorio, excelente mimo, y actor de galana donosura, cantaba con una voz a lo Carosone, con propiedad y talante de época, ayudándose en su precisa dicción de una gesticulación tan adecuada como significativa. Eficaz su acción con los palillos y guitarra en mano, que manifestaba una musicalidad y un criterio interpretativo tan propio como adecuado. 

   El conjunto de ambos brilló en lo escénico y en lo vocal, por la diversidad de acentos del pentagrama en la Villanella, In Toledo y también los del texto en la Cançona del paradiso e dell’inferno. La soprano, acompañada de la citarina, de regusto atmosférico en su sonoridad de brillo aéreo, referenciaba la angelicalidad sutil y bienaventurada.  Por su parte el tenor (digámoslo así por el color de la emisión central de su voz, también libre de impostación) protagonizó una infernalidad, un punto caricaturesca, con ciertas jocosidades gestuales bien conceptualizadas y con la intención de su fraseo, más recitado que cantado.  

   La Canzona de Valente, a ritmo de la danza del candelabro o de las hachas, que Rodrigo recogió de una obra de Gaspar Sanz para su Fantasía para un gentilhombre, abrió en programa, con un bien marcado compás a cuatro y un genuino acompañamiento de las guitarras la flauta y el tambor con maza. Ya estábamos metidos en ambiente cuando el grupo instrumental hizo sonar la Napolitana del mismo autor con un animado ritmo a tres que Magraner aprovechó para lucirse en arpegiados de preciso y bien tramado virtuosismo. Antitotum tarantulae es obra de Athanasius Kircher que fue el presbítero que se inventó todo el embeleco de la picadura de la tarántula y que esa danza libraba de sus efectos u otro no menos peregrino; el de que imitaba el acto de apareamiento del artrópodo. En verdad, parece que tenga más sentido el que provenga de la ciudad de Tarento donde el baile es especialmente popular. Pues bien, la tarantela sonó precisa de tiempo, aunque tal vez expuesta con excesiva delicadeza. 

   A reseñar los ritmos hispánicos de Españoletas, Xacaras, y Tarantela de de Ruiz de Ribayaz y el Pasacalle y Brando de Falconieri, por su acento popular, mantenido en una interpretación rica en colorido y ritmos de reveladora adecuación al aire temporal de la época. 

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