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Crítica: Carlo Ponti dirige a la Sinfónica de Castilla y León en un repertorio de cine

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13 de septiembre de 2017

LA MANIFIESTA PERSONALIDAD DE LAS BANDAS SONORAS

    Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 9-IX-2017. Auditorio de Valladolid. Concierto extraordinario de Ferias. Obras de Herrmann, Trovajoli, Tiomkin, Doyle, Rota y Williams. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Música de películas. Dirección: Carlo Ponti JR.

   La existencia de un concierto de bandas sonoras en las Ferias de Valladolid a cargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León resulta a priori  todo un acierto. Y lo es porque a su importancia intrínseca se suma el que esta ciudad pretende ocupar un puesto relevante en relación al cine, por lo que cuenta con la SEMINCI y el Curso de cine de la Universidad, y en la provincia con un festival de la importancia de la Semana de Cine de Medina del Campo.

   Dicho esto, el diseño del programa no se centró solo en aquello que puede ser más conocido, que en sí no está mal, sino que se adentró en obras maestras que se escuchan menos, como es el caso de la magistral partitura de Nino Rota para la película Ocho y medio de Federico Fellini.

   El director Carlo Ponti amalgamó bien a la orquesta aunque a veces se produjeron algunos excesos, fundamentalmente en lo relativo al control del volumen para acentuar la brillantez de ciertos pasajes. Al margen de esto realizó en líneas generales una labor fluida, capaz de trasmitir la esencia de las distintas bandas sonoras a pesar de su diversidad formal y temática.

   Empezaron con Pero… ¿quién mato a Harry? -la película de Hitchcock con música del gran Bernard Herrmann- en una interpretación en la que salió a relucir la ironía y la sutileza de la melodía. Con momentos tan sugerentes como el diálogo socarrón que mantuvo el clarinete bajo con diversos instrumentos.

   El no matizar algo más el sonido en fuerte llegó en títulos como Frankenstein de Mary Shelley y Qué bello es vivir. Aunque esto no ocurrió de la misma forma en ambas suites, ya que en la primera se acentuó fundamentalmente el volumen en función del efectismo, mientras que en la segunda se enfatizó la emotividad de pasajes como el de la antigua canción escocesa traducida por “Igual que en viejos tiempos con solemne ritual”. En Frankenstein también hubo momentos más que reseñables en las modulaciones y los cambios bruscos que plantea Patrick Doyle, en el maquinismo de sonidos ostinatos de “La creación de monstruo” o en la melodía de ”Noche de bodas” sobre las cuerdas y los arpegios del arpa, aunque pudo llevarse con algo más acentuación. Mientras que en Qué bello es vivir afloró por encima de todo la carga emocional de una de esas películas que produce no poca añoranza.

   En Dos mujeres de Vittorio de Sica con la música de Armando Trovajoli dejaron patente la capacidad para sugerir de la melodía y la expresividad de los diálogos entre los instrumentos. Llegados a la ya citada suite de Ocho y medio de Fellini la OSCyL y su director pusieron en valor gran parte de la genialidad de Nino Rota para crear ambientes y mezclar la realidad con lo irreal, así como jugar con lo banal y lo sublime. Una película que plantea la crisis creativa y lo que de ella se deriva, que al incluir un instrumento como el saxofón (en este caso alto y tenor) dan a la partitura una textura y una tímbrica tan especial como oportuna. Lástima que coincidiera con la interpretación de esta obra el que se subiera el aire acondicionado. ¿Cómo puede escucharse tanto en una sala de un auditorio?

   Se dejó para el final la obra que figuraba en el programa en primer lugar. Éxito asegurado con la música que John Williams elaboró para la película Tiburón.

Autor:Agustín Achúcarro
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