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Así es la 33 Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga

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Autor: José Antonio Cantón
1 de octubre de 2021

Presentada la 33 Temporada Lírica del Teatro Cervantes. José Antonio Cantón desgrana en este reportaje las principales líneas maestras de la temporada, que incluye un recital de Juan Diego Flórez y las óperas Tosca, La Cenicienta e Il Trovatore, con figuras como Carlos Álvarez, Ainhoa Arteta, Juan Jesús Rodríguez y Ramón Vargas, entre otros.

Temporada lírica número 33 del Teatro Cervantes de Málaga

 Selecta recuperación de la Temporada Lírica malagueña

Un reportaje de José Antonio Cantón
El Teatro Cervantes de Málaga como una mayoría de los centros líricos de España, se plantea su temporada operística 2021-2022 con el objetivo claro de recuperar contenidos tras el gran inconveniente que ha supuesto la pandemia del Covid19 afectando a los dos últimos años, que han coincidido con la celebración del ciento cincuenta aniversario de tan señero teatro malagueño, que fue proyectado por el arquitecto madrileño Gerónimo Cuervo e inaugurado el 17 de diciembre de 1870. Bien es sabido la importancia que desde su rehabilitación el año 1987 han tenido sus temporadas líricas cumpliéndose, con esta que aquí se comenta, su trigésimo tercera. 

   El primer evento dentro del ciclo es el recital de canto del gran tenor limeño Juan Diego Flórez, que tuvo que ser aplazado la pasada temporada. Desde su debut en Pesaro el mes de agosto de 1996 con la ópera Matilde di Shabran de Gioacchino Rossini, ha sido considerado en su registro y carácter vocales como uno de los máximos exponentes de la lírica mundial, como, impactado, yo mismo pude comprobar en su intervención en el Teatro de La Maestranza de Sevilla el 24 de octubre de 1998 haciendo el papel de Alamar de la ópera Alahor en Granada de Gaetano Donizetti. Su voz de tenor lírico-ligero se caracteriza por poder llegar a agudos extremos con absoluta suficiencia en emisión, pudiéndose expresar con suma agilidad y expresividad en los registros medios y graves de su tesitura. Estas cualidades le permiten ser un intérprete ideal para repertorio belcantista, estilo que supo acrisolar en sus años de formación en el prestigioso Instituto Curtis de Filadelfia, una de las altas escuelas de música más prestigiosas del mundo. 

Ainhoa Arteta

   La belleza de su voz ha llevado a decir al gran Plácido Domingo: «Es uno de los más grandes tenores ligeros de todos los tiempos. No me acuerdo de otro que haya cantado así ese repertorio tan difícil que él interpreta; cuando Juan Diego te canta con re bemoles y naturales, son verdaderos, no de falsete, verdaderos agudos». Su vuelta al escenario del Teatro Cervantes de Málaga, significa un momento verdaderamente culminante de esta  programación dada su categoría de absoluta estrella mundial de la lírica. Estará acompañado, al frente de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), por el maestro norteamericano Christopher Franklin, muy admirado en el ambiente operístico italiano ya desde que obtuviera el prestigiosos Premio Franco Ferrara de Dirección Orquestal en la famosa Accademia Musicale Chigiana de Siena. Son conocidos sus múltiples éxitos junto a Juan Diego Flórez, con quien actúa habitualmente formando un tándem de admirable resultado artístico.

   La primera cita del ciclo de abono será con la representación de la ópera Tosca de Giacomo Puccini. Considerado como uno de los títulos más importantes del estilo verista, representa todo un reto para sus tres protagonistas, Tosca, Scarpia y Cavaradossi que, además de necesitar intérpretes que demuestren ser magníficos cantantes en su registro, han de actuar con elevada vis dramática, dados los matices en la constante y creciente tensión emocional que desprende su argumento, muy acertadamente envuelto en los tintes oscuros de su orquestación así como en sus leitmotives que mantienen el patetismo de su discurso musical, como un constante refuerzo de la caracterización de los personajes, incluso los secundarios, todo ello sin renunciar a la dulzura de las elegantes y conmovedoras melodías que aparecen en los momentos exactos del desgarrador devenir de su trama. De tal modo hay que admirar pasajes singulares de esta ópera como la aria Recondita armonia cantada por Mario Cavaradossi, hábilmente sustentada por el recitativo del sacristán, el arioso del Te Deum, la magistral descripción del amanecer en Roma que abre el tercer acto, o el estremecedor lamento de Tosca en el segundo, el pasaje conocido por sus primeras palabras, Vissi d’arte, que siempre consigue conmover al oyente y, no digamos, la elegíaca aria del tenor, E lucevan le stelle, iniciando el final de la ópera.

   En coproducción con el Grand Théâtre de Tours, su realización va a contar con un muy interesante elenco de solistas, destacando la admirada soprano tolosarra Ainhoa Arteta, el tenor mejicano Ramón Vargas y el bajo-barítono lituano Kostas Smoriginas, cantante de significativa referencia en papeles de su registro vocal. Todos ellos serán dirigidos por el maestro Pedro Halffter conduciendo la OFM junto a la intervención del experimentado escenógrafo florentino Pier Francesco Maestrini, lo que aumenta el atractivo de esta representación.

Pedro Halffter

   Con motivo del segundo centenario del nacimiento de la cantante y compositora francesa Pauline Viardot, hija del famoso tenor sevillano Manuel Vicente García, en coproducción con el Teatro Real de Madrid, el Teatro de La Maestranza de Sevilla y la Fundación Ópera de Oviedo, el Teatro Cervantes de Málaga ha querido programar su última ópera de cámara, La Cenicienta, compuesta en un estilo que combina números musicales y diálogos, estando pensada para el género lírico-musical de salón, lo que la llevó a ser estrenada el 23 de abril de 1904 en la pequeña sala de conciertos que regentaba Pauline Viardot en Paris. Escrita en tres actos, está basada en la historia del famoso cuento de Charles Perrault, cambiando la orientación en algunos aspectos de los personajes y detalles del argumento, sin variar la esencia de la moraleja de la historia original. Su fecha de composición no está aclarada fehacientemente, suponiéndose que fue después de 1883, año de la muerte de Iván Turgénev, eminente literato ruso, íntimo amigo y gran colaborador de Viardot en los textos de algunas de sus piezas líricas.

   Lo que hace que esta versión de La Cenicienta funcione es el ingenio y la imaginación que la autora ha aportado en su libreto. La trama sigue aproximadamente la que contiene el drama jocoso de Rossini con el mismo título. No hay madrastra malvada, y las hermanas, Maguelone y Armelinde, son egoístas pero no desagradables. El padre de Cenicienta, el barón Pictordu, se revela como un ex tendero con un pasado dudoso, así reconocido por el ayuda de cámara del príncipe, siendo pensado este personaje en sustitución de la malvada madrastra de la versión literaria original. El hada madrina (La Fée) aparece en realidad como una invitada a la fiesta que entretiene a los asistentes con una canción. Sin embargo, hay señaladas diferencias, como el cambio de roles del príncipe y su ayuda de cámara desde el inicio de la obra, o el mendigo que llega a la casa, que es en realidad el príncipe. Cenicienta y éste, todavía pretendiendo parecer un ayuda de cámara, se reconocen felizmente en el baile.

   Su música estará a cargo del director y pianista Francisco Soriano, músico sevillano que se ha adentrado en los secretos de esta obra obteniendo un gran éxito  tanto en el Festival de Música Española de Cádiz como en el Teatro de la Ópera de Cámara de Varsovia. Los solistas más destacados del elenco pertenecen al Programa Crescendo de la Fundación de Amigos del Teatro Real. Este proyecto lírico internacional, con vocación pedagógica y clara intención inclusiva, pretende complementar la formación académica adquirida por los jóvenes cantantes, enriqueciendo así su desarrollo artístico y humano para afrontar una carrera profesional de gran exigencia, exposición pública y competencia.

CARMEN TOPCIU

   La temporada lírica del Teatro Cervantes se completa con dos singulares títulos de Giuseppe Verdi, Rigoletto e Il Trovatore, que vienen a sumarse a las óperas La Traviata, Aida y Otello que se programaron en la temporada 2018-2019, siguiendo esa intención del teatro malagueño de ir ofreciendo sucesivamente las óperas más representativas del repertorio verdiano.

   Rigoletto es la primera ópera de gran éxito de Verdi más allá de las fronteras transalpinas. Influenciada todavía por el bel canto, sus referencias a Donizetti son asimiladas de manera natural por el gran operista de Le Roncole. Desde el preludio que anticipa la atmósfera trágica de su argumento, todo en la ópera está orientado a que funcione su acción resolutivamente en cada uno de sus episodios de tal modo que la caracterización musical de sus tres protagonistas principales determina en gran medida la estructura armónica y melódica de su partitura, implementada siempre con la sucesión inagotable de momentos memorables de gran dificultad y belleza de canto.

   En cuanto a su libreto de Francesco Maria Piave basado en la obra teatral de Víctor Hugo Le roi s’amuse, hay que decir que contiene un conjunto de escenas de fuerte dramatismo que están musicadas con evidente intencionalidad psicológica y escénica, facultad de la que Verdi era un verdadero maestro. El libretista se manifiesta a la altura del compositor encadenando distintas situaciones que van desde una fiesta en el palacio del Duque de Mantua, escenario principal donde se desarrolla la acción, un breve idilio en una casa de los suburbios, una escena íntima entre padre e hija, muy del gusto del músico, la desesperación de Rigoletto, bufón de la corte convertido en víctima, una noche de tormenta o un enredo cada vez más trágico por la creciente y irreconciliable oposición de actitudes o caracteres incompatibles de los personajes. Es complicado situarse en los límites del romanticismo literario que impregna esta ópera estrenada en 1851, ya que muchas situaciones de su historia parecen tener poco fundamento dramático, pero el resultado final es que no es sólo una de las creaciones verdianas más populares sino una verdadera obra maestra de la que hay que minimizar cualquier pequeño decaimiento en el desarrollo de su intenso argumento.

   Un elenco bien pensado por su equilibrio vocal será dirigido musicalmente por José María Moreno director titular de la OFM, con la intervención del Coro de Ópera de Málaga, dirigido y preparado por Mar Muñoz, siendo el experimentado escenógrafo cordobés Francisco López el responsable de su montaje coproducido por el Teatro Villamarta de Jerez.

   La temporada se cerrará con Il Trovatore según la obra del mismo título del dramaturgo gaditano, Antonio García Gutiérrez, adaptada para esta famosa obra por Salvatore Cammarano. La imaginación que desarrollan este libretista y Verdi en esta ópera de carácter épico-heroico, estilo repetidamente utilizado por Donizetti y los maestros menores italianos de la época belcantista, llega verdaderamente a la sublimación. La señal más evidente de este alto nivel estético se percibe en la distribución de los papeles, repartidos entre cuatro tipos vocales dispuestos siguiendo una equilibrada atribución de los momentos relevantes de la partitura. En otro sentido, se adopta nuevamente la estructura episódica en una serie de fragmentos cuya sucesión obedece a la antigua ley romántica de tensión y distensión, acumulación de energía y su liberación a través de la melodía siguiendo, en algunos pasajes, una sucesión repetitiva, como se manifiesta en el caso de la utilización de ese modelo de secuencia como es el de aria seguida de cabaletta.

   La acertada experiencia que tuvo el compositor con el desarrollo del protagonismo absoluto en Rigoletto fijó el planteamiento para Il Trovatore por medio de la relevancia que le otorgó al papel de la mezzo-soprano, que pasa de ser un personaje accesorio, como era Maddalena en el caso de la referida ópera precedente, a otro principal, casi de protagonista, como sucede con la gitana Azucena en ésta, personaje en el que se interconectan aria y recitativo como sucesión de pasajes que determinan un ejemplo de cómo iba evolucionando el estilo verdiano en 1853, año de su estreno. De ahí se puede entender el sesgo masculino de este papel de mujer anciana ya marginada de la sociedad. Los otros tres cantantes principales lo han de ser de primer orden para resolver con lucimiento su actuación, dada la complejidad de su contenido musical y elevada exigencia dramática recogida en una extensa lista de números verdaderamente memorables. En este sentido, un ejemplo de enorme genialidad creativa es la escena del calabozo del último acto en la que Azucena, en medio de horrores, destrucción y muerte canta una melodía que, paradójicamente desde su desgarro, significa un gran consuelo final.

   Para esta representación producida escénicamente por el Teatro Nacional de Croacia de Zagreb y musicalmente por el Teatro Cervantes de Málaga, se cuenta con la participación del principal cuarteto vocal integrado por el gran barítono malagueño Carlos Álvarez en el papel del Conde Luna, la admirada mezzosoprano rumana Carmen Topciu como Azucena, el tenor tinerfeño Jorge de León en el papel de Manrico y la siempre segura y lucida soprano sevillana Rocío Ignacio interpretando a Leonora bajo la experimentada dirección escénica del francés Arnaud Bernard, contando con la intervención en el foso de Carlos Aragón ante la OFM, todo un valor seguro en tan sustancial función de la dirección musical. Dado el alto grado artístico y profesional de este elenco, se garantiza el éxito de este final de la próxima Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga, lo que, con seguridad, es un magnífico remate dentro de la buena selección que suponen sus cinco espectáculos que, seguramente, han de suscitar entre los aficionados a la lírica un alto grado de expectación.               

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