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Crítica: Carlos Mena en el ciclo de Lied del CNDM y Teatro de la Zarzuela

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2 de febrero de 2017

EL MERECIDO AÑO CARLOS MENA

   Por Óscar del Saz
Madrid. Teatro de la Zarzuela. 30-I-2017. Teatro de la Zarzuela/Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Recital V - XXIII Ciclo de Lied. Carlos Mena (Contratenor). Susana García de Salazar (Piano). Obras de BenjaminBritten (1913-1976), Franz Schubert (1797-1828) y Alberto Iglesias (1955).

   Es para Carlos Mena una temporada especial por haber sido nombrado “Artista Residente” por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) (junto con el compositor Jörg Widmann (Múnich, 1973)), en la que protagonizará siete conciertos más (Madrid, Sevilla, Burgos, Oviedo, Salamanca (2), Cáceres) y cuatro clases magistrales. Ello representa, como comenta Eduardo Torrico, “no sólo un reconocimiento a su intachable trayectoria profesional, sino también una especie de homenaje al gremio –si se me permite el término– de los contratenores, vencida cualquier reticencia que aún pudiera existir hacia ellos”.

   La carrera de Carlos Mena (Vitoria-Gasteiz, 1971), continúa in crescendo desde que escuchara,“illo tempore”, un disco de Alfred Deller y se despertara en él la curiosidad técnica y artística de la voz de contratenor. Animado a estudiar en la  afamada Schola Cantorum Basiliensis, tuvo como profesores a Richard Levitt y René Jacobs, y pronto descubriría su versatilidad para poder abordar los repertorios que median entre las músicas del medievo y la contemporánea, bien como concertista en recitales, cantante de ópera o liderista, como en esta ocasión.

   Según D. Arturo Reverter, la voz de nuestro protagonista se puede encuadrar en la de un contratenor contralto, o grave, o en la de un contratenor mezzo de timbre oscuro, equivalente a la contralto femenina, que explota la parte más grave de su voz de cabeza, pero que posee la refinada técnica de poder utilizar el registro de pecho de forma combinada para las notas más graves, mientras que en la voz hablada exhibe voz de tenor (en contraposición a los contratenores agudos, contratenores soprano o sopranistas que exhiben una voz hablada a menudo más grave).

   El Teatro de la Zarzuela presentaba el lleno absoluto de sus mejores ocasiones. El concierto, interpretado en su primera parte todo de memoria, comenzaba con las tres canciones (Evening, Morning, Night) de This Way to the Tomb (1945) y una selección de las Folk Songs, de Britten. Muchas de las canciones que el compositor arregló y recreó pertenecen a su época estadounidense, lugar al que hubo de exiliarse por mor de su pacifismo durante la II Guerra Mundial, y son contemporáneas de sus obras maestras Peter Grimes o el War Requiem.

   A menudo, la interpretación de las primeras se realiza –como en esta ocasión- rompiendo a propósito el ciclo vital de la mañana-tarde-noche para realizar un ejercicio ascendente-descendente de expresividad comenzando por la evocación de lo elevado -pero de duración exigua- de la tarde para, a continuación, elevarse musicalmente hacia un controlado y agitado despertar que dará paso al recogimiento armónico de nocturnos biorritmos relajados y sanadores.  En esta sección, la voz de Carlos Mena suena voluminosa, diligente en las dinámicas y bien proyectada, con una trabajada dicción. El gesto se muestra siempre circunspecto. En algunos pasajes adolece de fijeza tímbrica e inestabilidad en la zona grave. Mientras que Susana García de Salazar -a la sazón, esposa del artista- consiguió distinguir en intencionalidad y expresividad entre ambos grupos de canciones, no encontró el debido reflejo vocal en el contratenor, que logró a medias expresar el distinto carácter entre la evocación de los ciclos naturales de las primeras canciones y la recreación folclórica, costumbrista, humana y sufriente delas segundas (Early one morning,The Salley Gardens, The Miller of Dee, The Ash Grove, O Waly, Waly).

   Para finalizar la primera parte, el programa transita hacia el universo Goethe, quintaesenciado por la música de Schubert. Sabido es que en el Lied alemán, ya desde sus orígenes, era legítimo y habitual transportarlo a cualquier registro vocal y someterlo a todo tipo de transcripciones para acompañarlo bien con piano o bien con arpa, siempre que hubiera una verdadera comunión entre la voz y el instrumento. La pesada soledad de los que se autoculpan, personificada en el arpista,  es el tema en el que se centran estos tres Cantos del Arpista (Gesänge des Harfners), que Carlos Mena interpreta utilizando un sonido más pegado a lo instrumental, más bien rígido y escolástico, un tanto alejado de la articulación y la expresividad imprescindibles para una interpretación verdaderamente alemana del lied (más aún,de los compuestos por Schubert). Estupenda labor la de su acompañante al piano imitando a la perfección el arpa.

   Con Quietud Marina (Meeres Stille), A la Luna (An den Mond), Canto Nocturno del Paseante (WandrersNachtlied) y Secretos (Geheimes), también joyas de Goethe, terminó la primera parte. El arte para Goethe no imita, sino que selecciona y ordena lo verdadero desde parámetros románticos. Contratenor y pianista supieron entresacar momentos mágicos e intimistas, donde la voz simula y expresa la brisa, declama abatida o frasea alborozada en busca de la empatía con el oyente. Fue el grupo de canciones más apaludido.

   El varias veces nominado a los Oscar de Hollywood y Premio Nacional de Cinematografía, Alberto Iglesias (1955) y sus Chansons Légères (1955) componen el corpus de la segunda parte del recital, un bloque de complicadas y densas piezas escritas para Carlos Mena y basadas en textos de René Char (en francés), Wallace Stevens (en inglés) y Passolini (en italiano), inicialmente compuestas para dos pianos y orquesta, mas considerando la voz de contratenor como centro neurálgico de la composición. Estas piezas, debido a lo profundo de sus textos y la dificultad inherente a los cambios de idioma, demandan del cantante una concentración extrema y un cambio de contexto reflexivo.Por cada una de ellas, Carlos Mena realiza una verdadera re-creación reflexiva, sensitiva -e incluso, psicológica- gracias a la exhibición de todos sus recursos expresivos y técnicos.EnViajeros, resalta el trasiego entre certezas del mundo interior y de nuestra contingencia humana. En El Poema que Sustituyó a la Montaña, exhibe el peso del ascenso a la cima cantando en la zona grave con un meritorio quasi-color de tenor, liberando paulatinamente el agudo hasta admirar el mar desde la cima. Por último, la oscuridad de la guerra que nunca logrará apagar la esperanza de la Justicia, se muestra con virtuoso canto en La Resistencia y su Luz.

   En suma, un recital para recordar que ya resultaba particularmente interesante sobre el papel en este quinto recital del Ciclo de Lied (coproducción, como todos ellos, del CNDM y del Teatro de la Zarzuela) y un acierto el programar repertorios infrecuentes interpretados por artistas que se prodigan relativamente poco en nuestro país poseedores, además, de voces peculiares y menos escuchadas por el público habitual.

Autor:Óscar del Saz
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