Crítica del CD Sis poemes de Cesc Pla Santamans de Rai Paz, con Mercedes Gancedo y Leyre Sáenz de Urturi
Poemario lírico
Por Xavier Borja Bucar
Rai Paz. Sis poemes de Cesc Pla Santamans. Mercedes Gancedo, soprano. Leyre Sáenz de Urturi, piano. Protomaterial Records, 2025.
En la portada de Sis poemes de Cesc Pla Santamans vemos a sus tres artífices, Rai Paz, Mercedes Gancedo y Leyre Sáenz de Uturi –compositor, soprano y pianista– apostados frente un piano en el que miran la partitura de la obra que están grabando. Nada nos sorprende, salvo un detalle: detrás de cada cabeza asoma un halo de luz. Se trata, desde luego, del reflejo de un par de focos, pero el efecto es desconcertante: como aureolados, los tres parecen adorar un milagro. Fortuito o deliberado, este trampantojo es la elegante metáfora de un disco que parece insólito como una epifanía, pero que es, en verdad, la bella rama que nace naturalmente de un tallo reconocible, aunque esto habrá que aclararlo con alguna demora.
Tras algunos años de fogueo en la escena jazzística de la capital catalana, el guitarrista barcelonés Rai Paz publicó en 2019 su primer disco o, para ser inequívoco, el primer disco suyo, Gypsy, un arreglo para cuarteto de jazz del musical homónimo de Jule Styne y Stephen Sondheim. Desde entonces, Paz ha confirmado su fecundidad creativa con Dedicatòria (2022), Return | The music of Sean Levitt (2022), Love Will Be the Theme Song (2023) y ahora con este Sis poemes de Cesc Pla Santamans, en el que ha musicado para voz y piano algunos versos en catalán de su tío, el poeta Cesc Pla Santamans. El resultado no es otro que un ciclo de lied, sorprendente incursión en el ámbito clásico que, sin embargo, no solo viene a reafirmar la coherencia de una discografía que se pliega –lo veremos en adelante– sobre la idea del vínculo, sino que además resignifica los trabajos previos de Paz como una serie –premeditada o no– de anticipaciones que es preciso rastrear.
Ya en Gypsy, con la elección temática del musical de Styne-Sondheim, Paz no solo manifestaba una inquietud por asomarse más allá de los límites estrictos del jazz, sino también la intención abarcar una forma compleja. Así, aunque el disco no incluye todos los temas del musical, la amplia selección es fiel al propósito de dar cuenta de la estructura de la obra original. Una estructura, vale recordar, de naturaleza teatral, dramática y que, por tanto, incorpora la palabra, elemento implícito en el disco de Paz que, en el último momento, se materializa en la voz de Mayte Alguacil, quien interpreta el tema de cierre, “Rose’s Turn”. Por tanto, si podemos definir un ciclo de lied como la palabra hecha voz al servicio de un desarrollo dramático-musical en fragmentos que integran una unidad, no cabe duda de que Gypsy avanza en buena medida el planteamiento formal de Sis poemes de Cesc Pla Santamans.
Otra cosa es la idea que colma esa forma: la ya mencionada idea de vínculo. Paz la incorpora –y la consolida como eje vertebrador de su obra hasta la fecha– en Dedicatòria y Return | The music of Sean Levitt, dos trabajos sintomáticamente grabados casi al mismo tiempo. En ambos, si bien se mantiene el formato instrumental del cuarteto, lo que prevalece es la voz, es decir, la voz desdoblada en un coro de afectos y amistades de Paz. Así en la colección de temas originales de Dedicatòria, con los que el músico barcelonés recuerda cariñosamente a amigos y vivencias; así en la vindicación de la figura y el legado del evanescente guitarrista Sean Levitt, íntima inspiración musical de Paz. El autor se decide a sí mismo, entonces, como tema de su obra, pero no en un gesto egocéntrico, sino mediante la generosa declaración de afinidades. Nombrarse con las voces de los otros, pintarse con las manos de los demás. Así, la obra de Paz se extiende como un lienzo tejido con afectos, vínculos que gradualmente esbozan algo así como un autorretrato externalizado.
Con Sis poemes de Cesc Pla Santamans, Paz corrobora la expansión de ese lienzo en una nueva declaración de vínculos. Evidente es el de la familia, que no solo se traduce en la autoría de los versos escogidos, pertenecientes todos –salvo el inédito «Em dius»– al poemario Celobert (2022), sino en la propia temática de algunos de esos versos, como «Mirarem en els vostres ulls», «Francesc» e «Ipanema», en los que el poeta evoca a sus hijos y a su suegro, es decir, a los primos y al abuelo de Paz. Esos tres textos encarnan las primeras tres canciones del ciclo y delimitan algo así como una primera parte. La segunda la integran «Em dius», «Certesa» y «El tirà», tres textos que exploran respectivamente la amargura de un amor marchito, la verdad implacable de la muerte y la inexorabilidad del paso tiempo. Desvinculadas de la familia, esas tres experiencias de la finitud sugieren la consolidación de la vida adulta y desvelan, en definitiva, el relato iniciático que articula todo el ciclo: las tres primeras canciones evocan la familia como el marco de un tiempo tutelado, el de la infancia, tiempo de la inocencia y de la eternidad, pero también tiempo del descubrimiento de la muerte –la del abuelo, en «Francesc»– y, finalmente, tiempo perdido, materia fundamental de la nostalgia, presente en «Ipanema»; así, la nostalgia franquea el tránsito del tiempo tutelado al tiempo emancipado, desgranado en las tres canciones que completan el ciclo.
Este desarrollo iniciático del ciclo parece, al mismo tiempo, el correlato de lo que supone esta obra en la trayectoria de Paz como compositor. Por más que se trate de un paso coherente, natural, Sis poemes de Cesc Pla Santamans supone la puesta de largo de una madurez creativa que se manifiesta, desde luego, en la ambición formal de la propuesta y en la hondura personal de su contenido, pero también y muy significativamente en el lenguaje empleado. Al apartarse del perímetro conceptual del jazz para abrazar la composición y la forma clásicas, Paz, como compositor, reproduce en cierta medida el tránsito de un tiempo tutelado a un tiempo emancipado, deja a atrás una infancia –el vínculo que viene dado, los años de formación– para asumir la plena responsabilidad de una elección. Quienes conocemos personalmente a Paz sabemos, además, que el mundo lírico y clásico, entre sus afectos musicales, ha devenido esencial y que, por tanto, la elección formal del ciclo de lied no es sino la esperada cristalización de ese afecto. Que Paz lo haya elegido para comunicar un vínculo tan estrecho como es el familiar y, sobre todo, para vehicular un relato doblemente personal –en el plano poético y en el real– da cuenta de que el medio en Sis poemes de Cesc Pla Santamans es tan íntimo como el mensaje.
Una intimidad que se traduce igualmente en el propio formato. De nuevo, algo que Paz había perfilado con anterioridad. En el disco inmediatamente precedente, Love Will Be the Theme Song, él y la cantante Elisenda Julià no solo prescindían de batería y contrabajo, sino que también ensayaban –siquiera parcialmente– la familiaridad del dúo. Voz y guitarra entonces. Voz y piano ahora y, al mismo tiempo, voz y renuncia, la de Paz como intérprete. Un paso lógico, casi orgánico, pues la idea de vínculo, en torno a la cual orbita toda su obra, es ambivalente, vertebra y fragmenta, libera y desvanece. Abrazarla es diluirse en los otros, en lo demás, y ahora que Paz la abraza con mayor intensidad –en el retrato de su propia emancipación musical encarnada en la declaración de la intimidad familiar– no puede sino terminar ratificando la sentencia de Foucault: “La huella del autor está sólo en la singularidad de su ausencia”. O en palabras más precisas: la huella de Paz en Sis poemes de Cesc Pla Santamans solo está en la pluralidad de su ausencia.
Pluralidad porque para definir el aspecto musical de este ciclo de lied Paz ha empleado, sin complejos ni cortapisas, una paleta que demuestra conocer en profundidad, la de la tradición del género, principalmente romántica y postromántica, pero sin renunciar a otras referencias, como tampoco, siquiera puntualmente, a la pincelada jazzística. El resultado es el de una obra musicalmente intempestiva en el mejor sentido de la palabra, esto es, ajena al cliché, porque no se impone la invención de un nuevo lenguaje, sino que traduce y reformula con honestidad y lucidez los lenguajes preexistentes. Ya la canción inicial, «Mirarem en els vostres ulls», lo confirma. Paz arma para esta pieza –la más larga del ciclo– una estructura musical que revela un desarrollo narrativo de las cuatro estrofas del poema. Narrativo en tanto que ninguna de esas estrofas está tratada como un compartimento estanco. Al contrario, Paz las ensambla de tal manera que desgranan la continuidad necesariamente irregular de un relato, en el que cabe la oscilación de la intensidad y el movimiento. Una organicidad que el compositor logra fundamentalmente a través de dos procesos. De un lado, mediante una suerte de miniaturización operística: un interludio pianístico entre la segunda y la tercera estrofa delimita algo así como dos actos –evocador y nostálgico, el primero; de carácter reflexivo, el segundo– y al mismo tiempo los articula por medio de la reexposición –que no repetición– de los motivos del primero y la anticipación de algunos otros que serán retomados en el segundo. Del otro lado, Paz se vale –y esto atañe no solo a esta primera canción, sino a todo el ciclo– de una escritura musical que se pliega absolutamente a la palabra. En un trayecto de ida y vuelta, el texto define a la música, al mismo tiempo que la música –en régimen de autonomía, es decir, de insubordinación– define, apunta, complementa, describe, responde al texto. Se trata de la lección wagneriana –ya anticipada en los lieder brand de Schubert y Schumann– que Paz demuestra tener bien aprendida.
Esta explícita fidelidad musical al texto es lo que permite a Paz abandonarse en más de una ocasión a un tardorromanticismo straussiano, deslizar alguna puntual reminiscencia pucciniana, evocar pasajes wagnerianos y declarar, en fin, tantas otras complicidades sin caer en el pastiche. En otras palabras, la propuesta de Paz se opone a lo Kitsch, es decir, a la “mentira estética” que –según la definición de Umberto Eco– busca predeterminar un efecto y, por tanto, convertir la recepción en un acto pasivo. Nada más lejos. Paz se adueña sin reparos de la tradición porque, primero, la conoce y, segundo, no persigue con ello ningún efecto, sino emplear esa tradición para moldear un obra plenamente original y que, por tanto, habilita en el oyente lo que el propio Eco llama la “aventura del descubrimiento activo”. De ahí que Paz, lejos de afirmar un estilo, construya, en cada pieza, un plano sonoro flexible, cambiante, en la línea de Bernstein o, más todavía, de Britten, esos maestros de la emancipación inteligente.
Aún en relación con el planteamiento musical de Sis poemes de Cesc Pla Santamans, uno de los aspectos más audaces y también más sorprendentes es la escritura pianística. Paz no es pianista y eso tiene una doble y admirable consecuencia: no hay lugar para un virtuosismo efectista, y sí para una sobriedad de gran riqueza expresiva que, en cierta medida, remite a la de las Wesendonck Lieder de Wagner. De hecho, al inicio de «Em dius» hay una sutil paráfrasis del preludio al tercer acto de Tristan und Isolde, que en estado embrionario se encuentra ya en «Im Treibhaus», del mencionado lieder brand wagneriano. Así, Paz, sin aspavientos, logra sacar un enorme provecho de recursos sencillos –que no simples– para apuntalar el carácter y el estilo de cada una de las canciones. Así en «Certesa», cuyo fa sostenido repetido obstinadamente sobre una una armonía expresionista afirma la presencia inevitable e insidiosa de la muerte. Así en «El tirà», cuyo motivo inicial, un rápido arpegiado que asciende y desciende en distintos tonos, asienta –en un estilo, por cierto, extemporáneo, ajeno a la tradición romántica– una imagen sonora del paso del tiempo, inexorable, verdadero y definitivo tirano.
Con todo, esta aventura no habría sido posible sin la encomiable complicidad de las dos intérpretes. Mercedes Gancedo sabe dar relieve, insuflar vida a cada palabra. La soprano argentina despliega un amplio registro expresivo vehiculado en una voz de timbre siempre cálido, favorecedor de un adecuado clima de intimidad. Bien es verdad que a Gancedo se le resiste la articulación clara de las vocales neutras catalanas, lo que dificulta muy puntualmente la comprensión del texto, sobre todo en «Mirarem en els vostres ulls», cuya tesitura, vale añadir, tal vez resulte menos cómoda para la soprano. De todos modos, eso no empaña una interpretación tejida con inteligencia y honda sensibilidad, y que descansa sobre una indudable solidez técnica. Virtudes atribuibles igualmente al trabajo de Leyre Sáenz de Uturi al piano. La pianista vasca articula con claridad en todo momento y sabe buenamente oscilar en medio del amplio abanico expresivo y estilístico que despliega la partitura, convirtiendo debidamente al piano en el interlocutor de la voz.
Tal vez sea justo añadir, para terminar, que Sis poemes de Cesc Pla Santamans se publicó el pasado mes de noviembre. Tal vez sea inevitable admitir que esta reseña llega tarde. Tal vez sea necesario aclarar, sin embargo, que toda obra de veras importante desprecia la actualidad. La desprecia porque la actualidad no es otra cosa que un nombre alternativo para la obsolescencia. Como el Kitsch descrito por Eco, la actualidad es una mentira –narrativa, en este caso– que busca afianzar un efecto: el de un presentismo que, como tal, diluye la conciencia histórica e impone un espacio cognitivo romo en el que todo se vuelve producto de consumo y, por tanto, puede ser transvalorado en cualquier momento, incluso como milagro o epifanía, según los designios –imprevisibles e interesados– del mercado. Afortunadamente, este Sis poemes de Cesc Pla Santamans, intempestivo, inoportuno, nada tiene que ver, como avanzaba al inicio, con lo epifánico que acontece aparentemente de la nada, sino que declara abierta y valientemente las raíces y el tallo que lo encarnan, en una palabra, su condición histórica. Con eso ya basta para celebrar la existencia de esta nueva obra de Rai Paz.
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