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Crítica: Christian Thielemann dirige «La mujer silenciosa» en Berlín

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Autor: Raúl Chamorro Mena
28 de mayo de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Die Schweigsame Frau -La mujer silenciosa-, de Richard Strauss en Berlín, bajo la dirección de Christian Thielemann 

Christian Thielemann dirige «La mujer silenciosa» en Berlín

Comicidad Straussiana

Por Raúl Chamorro Mena
Berlín, 25-V-2026, Staatsoper unter den Linden. Die Schweigsame FrauLa mujer silenciosa (Richard Strauss). Brenda Rae (Aminta), Peter Rose (Sir Morosus), Samuel Hasselhorn (El barbero), Siyabonga Maqungo (Henry Morosus), Evelyn Herlitzius (Ama de llaves), Serafina Starke (Isotta). Coro de la Ópera Estatal de Berlín. Staatskapelle Berlin. Director: Christian Thielemann. Director de escena: Jan Philipp Gloger

   La desaparición de Hugo von Hoffmanstthal (1874-1929) dejó a Richard Strauss “huérfano” de su gran colaborador como excepcional libretista. Ambos protagonizaron una de las relaciones más fructíferas de la historia del teatro lírico, que produjo diversas obras maestras.

   En la búsqueda de otro colaborador a la altura “Necesito un Shakespeare”, el gran escritor Stefan Zweig parecía la elección lógica. El problema fue que era odiado por los Nazis dada su condición de judío y estos llegaron al poder en 1933. Por tanto, la colaboración entre Richard Strauss y Stefan Zweig se redujo la ópera Die Schweigsame FrauLa mujer silenciosa (Dresde, 1935) basada en un relato de Ben Jonson, contemporáneo de Shakespeare, llamado Epicoene o la mujer silenciosa en el que también se basa el Don Pasquale de Gaetano Donizetti, obra maestra de la ópera buffa italiana.  

Christian Thielemann dirige «La mujer silenciosa» en Berlín

   Está creación no se encuentra entre las obras maestras de Strauss, pero sí es una estupenda ópera que merecería más presencia en las programaciones. Se trata de una ópera buffa muy en la tradición del género, pero con los elementos genuinamente germánicos de intelectualidad, búsqueda de hondura literaria del texto e importancia de la orquestación –apartado siempre fascinante cuando se trata del músico bávaro-  frente a la mayor espontaneidad y expresión más directa de las óperas buffas tradicionales italianas. 

   Christian Thielemann estrenó su titularidad el pasado año con esta nueva producción de una ópera que nunca se había representado en la Staatsoper Berlinesa situada en la Avenida Unter den Linden. El músico alemán planteó un discurso musical de gran transparencia, ágil, de texturas diáfanas, nitidísimas, y de sonido refinadísimo. Pudo faltar algo de chispa a algún pasaje, poca cosa ante tal despliegue de sutilezas, primorosos momentos cuasicamerísticos, de pura filigrana, sonido diamantino y deslumbrantes gradaciones dinámicas.

   En cuanto al elenco vocal, destacar la magnífica actuación tanto vocal como escénica de la soprano norteamericana Brenda Rae, de centro un tanto sordo, pero que gana brillo y timbre en la zona alta, por lo que sorteó con seguridad la tesitura empinada y abundantes notas sobreagudas de su parte. En lo escénico, la Rae caracterizó impecablemente a la mujer de Henry, sobrino de Sir Morosus y que asume el protagonismo principal en el engaño que tienden al anciano, que la elige como mujer modesta, recatada y silenciosa para convertirse en un incontenible remolino, una vez terminada la ceremonia ficticia. La Rae expresó bien que Aminta no desea hacer daño al anciano, pues le despierta sentimientos de ternura y afecto. 

Christian Thielemann dirige «La mujer silenciosa» en Berlín

   Sir Morosus, que a consecuencia de una explosión no soporta ni la música, ni el canto, ni ningún otro ruido, fue encarnado por el bajo Peter Rose, que sacó el papel en lo interpretativo gracias a su veteranía, sus tablas y dominio escénico, logrando inspirar cierta ternura, bien integrado en la puesta en escena, En lo vocal, Rose, que nunca contó con una voz de calidad, ya suena desgastado y con graves –muy requeridos, incluido un Re 1- insuficientes.

   Fresca, homogénea, bien emitida y penetrante, no particularmente bella, pero sí grata de color, resultó la voz tenoril de Siyabonga Maqungo en el papel del sobrino Henry Morosus. Asimismo, mostró buenos modos canoros. Un tanto envarado en escena, bien es verdad, se integró bien, no obstante, en la dinámica del montaje. Un tanto decepcionante el barbero –personaje en la tradición del liante y astuto “deus ex machina” que lleva los hilos de la trama- de Samuel Hasselhorn, capaz superar los pasajes de canto ágil y dicharachero y con un timbre grato, pero de emisión retrasada, justa de proyección y un registro tasado en los extremos. 

   La voz de la veterana Evelyn Herlitzius acusa ya el paso del tiempo y los temibles papeles que ha abordado de soprano dramática. Tardó en calentar, pero aún tiene notas bien proyectadas y puso en juego todos sus resortes dramáticos en el papel del ama de llaves, de una destacada facundia y que saca de los nervios a Sir Morosus. Buenos los secundarios, tanto en lo vocal como lo dramático. 

   Estimable la puesta en escena de Jean Philipp Gloger, pues respeta el espíritu de la obra y la desarrolla adecuadamente con un movimiento escénico bien trabajado y una escenografía grata a la vista y funcional, que despliega tres habitáculos de la casa de Sir Morosus. En ellos se desarrolla la acción con suficiente dinamismo y creatividad, apropiada comicidad y buena caracterización de personajes. 

Fotos: Bernd Uhlig

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