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Crítica: Christian Vásquez y  Edicson Ruiz con la Sinfónica de la Región de Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
27 de abril de 2026

Crítica de José Antonio Cantón del concierto ofrecido por Christian Vásquez y Edicson Ruiz con la Sinfónica de la Región de Murcia

Crítica de Christian Vásquez y  Edicson Ruiz con la Sinfónica de la Región de Murcia

Modélica dirección y mágico contrabajo

Por José Antonio Cantón
Murcia, 16-IV-2026. Auditorio Regional de Murcia ‘Víctor Villegas’. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Solista: Edicson Ruiz (contabajo). Director: Christian Vásquez. Obras de Efraín Oscher y Nikolái Rimski-Kórsakov.

   Desde un temperamento de afinación conocido como vienés que adopta en su violonchelo construido por Carlo Ferdinando Landolfi en Milán durante la década de los cincuenta del siglo XVIII, el prestigioso contrabajista venezolano Edicson Ruiz se presentaba en el auditorio de Murcia invitado por la orquesta regional bajo la dirección del maestro caraqueño Christian Vásquez, interpretando una de las obras más interesantes que últimamente se han escrito para esta combinación concertante como es el Concierto para contrabajo y orquesta que escribió el compositor uruguayo formado y desarrollado en Venezuela, Efraín Oscher, el año 2017 dedicado a este destacado solista, lo que significaba un plus de autenticidad y respeto a su partitura, en la que el autor, desde un logro técnico de eficaz tratamiento armónico, ha realizado toda una estilización de la música popular venezolana con una identificación estética de máxima consideración.

   El público tenía en este octavo concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) la oportunidad de sentirse inmerso en la música de aquel país llanero desde el sólido conocimiento del leguaje por parte del autor, el solista y el director, todos ellos figuras destacadas relacionadas con el famoso Sistema de Orquestas creado por el recordado didacta musical José Antonio Abreu. Desde esa convicción hay que entender la forma con que abordaron el Allegro que abre la obra en la que se impuso un trepidante ritmo de guaracha tras una demostración de las posibilidades técnicas del arco y la mano izquierda del solista en una cadencia en la que quedaba patente la enorme facilidad de Edicson Ruiz, músico que llegó a ser el más joven que concursó a obtener una plaza de titular en la selecta plantilla de la Orquesta Filarmónica de Berlín a lo largo de su historia, mostrando una capacidad asombrosa de contrapunto, a la que se unía la potencia sonora implementada por la muy favorable resonancia en armónicos de su instrumento. En el segundo tiempo, Andante, se pudo percibir una especie de melancolía inducida por los instrumentos de viento-madera que generaban un grado de melódico contracanto con el solista, efecto perfectamente ensamblado desde el pódium y al que el clave curiosamente daba un reflejo colorista generado por una curiosa mixtura con la flauta. En el aire de danza cubana Guagancó del tercero, se produjo uno de los momentos más brillantes de la interpretación motivados por la espectacular velocidad que requiere su ejecución, que tuvo su máxima expresión en la constante pulsión de la percusión que enriquecía el lucimiento general de la orquesta. Finalmente, en el rondó con el que se cierra la obra, apuntaron un sonido y ritmo de eco selvático que fue seguidamente contrastado con una destacable intervención del clave, que sugería curiosos aires barrocos.

   El público reaccionó con entusiasmo, lo que llevó al solista a corresponder desde la mágica sonoridad tímbrica de su contrabajo con dos bises para los que tuvo la extraordinaria colaboración del también llanero, el “cuatrista” Leo Rondón, haciendo juntos las delicias de los asistentes; la famosa danza popular titulada El cruzado del maestro Ricardo Sandoval con la que Edicson Ruiz llegó al máximo de expresividad acompañando el torbellino del instrumento de cuerda pulsada conocido por “cuatro” en las manos del anteriormente mencionado intérprete y, en segundo lugar, con el atractivo vals Natalia del maestro Luis Alfredo Laguna que cerraba así el testimonio singular de la música venezolana en el que se convirtió este concierto, protagonizado por intérpretes de aquel país al que imprimieron, como ya ha quedado apuntado anteriormente, máximo grado de autenticidad estilística manteniendo en todo instante un cuidado y a la vez apasionado exotismo caribeño.

   Una versión espléndida de la famosa Suite sinfónica ‘Sheherezade”, Op. 35 de Nikolái Rimski-Kórsakov sirvió en la segunda parte de la velada para determinar la musicalidad del maestro Christian Vásquez, confirmada en su calidad de titular durante seis años de la Sinfónica Stavanger, una de las orquesta de mayor prestigio de Noruega. Con elegante y a la vez determinante pose desarrolló toda su autoridad utilizando un amplio abanico de posibilidades expresivas que clarificaban cinéticamente cada detalle de la especial riqueza instrumental que el autor propone en esta obra. Contando en todo momento con la eficaz colaboración de Darling Dyle, concertino albanés de la ÖSRM, que tuvo momentos de contrastante protagonismo, el director extrajo de la orquesta sus mejores cualidades desarrollando aspectos que ayudan siempre a la recreación musical como son mantener siempre una lectura respetuosa de la partitura siendo fiel al espíritu del compositor, ofrecer una sobrada capacidad técnica para desentrañar el mensaje sonoro y pulso rítmico que contienen sus pentagramas, y determinar en la exposición un convincente manejo del instrumento orquestal tanto en el aspecto de escucha interna como externamente para el oyente. Estas facetas sustanciales de su importante función las tiene Christian Vásquez asumidas con muy amplia capacidad estética, logrando constantemente una notabilísima anticipada indicación en su gesto, una diversificación de matices dinámicos y un intuitivo descubrimiento de cada componente de esta orquesta, formación en clara proyección artística actualmente, sabiendo sacar partido de las mejores cualidades de cada instrumentista. La evolución de su figura reflejaba todos estos parámetros, que tuvieron marcado ejemplo en el buen tratamiento que hizo del leitmotiv que anima el desarrollo de esta suite, exponiendo la esencial continuidad discursiva que requiere la obra sin perder en momento alguno la tan característica capacidad evocadora de cada uno de sus cuadros. El auditorio respondió con un intenso aplauso que reflejaba la merecida respuesta a un trabajo de máximo rendimiento en la preparación de esta actuación, que venía a demostrar la calidad musical compartida entre dirección y orquesta desde una manifiesta complacencia mutua.

Foto: Sinfónica de la Región de Murcia

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