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Crítica: Christoph König dirige «La Pasión según San Mateo» con la Sinfónica y Coro de RTVE

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Autor: Óscar del Saz
29 de marzo de 2026

La Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE interpreta La Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach, bajo la dirección de Christoph König

Christoph König

La Pasión según la OCRTVE: muchos aciertos, pocas fisuras


Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 27-III-2026. Teatro Monumental. OCRTVE. Sinfónico A/15. «La Pasión según San Mateo», BWV 244, de Johann Sebastian Bach (1685-1750). Lucía Martín-Cartón (arias) (soprano), Lucía Caihuela (arias) (mezzosoprano), Juan Sancho (Evangelista y arias) (tenor), Ferrán Albrich (Cristo y arias) (barítono), Lluis Arratia (Pilatos, Judas y Pontifex II) (barítono), Esmeralda Espinosa (Testis I y Ancilla II) (mezzosoprano), Miguel Ángel Ariza (Testis II) (tenor) y Juan Antonio Díaz (Pedro y Pontifex I) (barítono). Orquesta y Coro de RTVE. Coro de Niños de la Comunidad de Madrid. Ana Fernández-Vega, directora del Coro de Niños de la Comunidad de Madrid. Marc Korovitch, director del Coro de RTVE. Christoph König, director.

   Cuando Johann Sebastian Bach estrenó «La Pasión según San Mateo», el Viernes Santo de 1727 en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, nada aventuró que aquella monumental arquitectura sonora -sostenida por dos coros, dos orquestas y la masa de jóvenes coralistas del «Thomanerchor»- se convertiría en uno de los pilares de la música occidental. El público que llenaba la iglesia luterana era el habitual de una ceremonia religiosa, atentos siempre al mensaje espiritual y no tanto a la audacia musical creadora del genio Bach: ciudadanos de Leipzig, estudiantes, autoridades locales y fieles que asistían a la liturgia, así como músicos, niños cantores, intérpretes locales y alumnos del compositor. 

   Parece leyenda, pero es cierto, que -tras la muerte de Bach- la obra cayera en el olvido, y sus partituras llegaran a utilizarse para envolver mantequilla en las tareas domésticas. Pasarían 100 años hasta que un joven Felix Mendelssohn rescatara la obra, así como su esencia: una expresión notabilísima de la espiritualidad y el drama humanista jamás escritas. 

   La versión que de la obra realizó la Orquesta y Coro de RTVE, junto con los solistas y Coros fue muy completa -no detectamos cortes en la obra- y musicalmente muy valorable, profunda y equilibrada en espacios sonoros y colores más bien camerísticos, íntimos, pero también grandilocuentes cuando procedió, con la dificultad superada de alternar el dramatismo con la delicadeza instrumental.

   Christoph König supo sostener, en general, la arquitectura emocional de la obra -lo íntimo, lo monumental, la devoción, el dolor o la esperanza- sin caer en una solemnidad plúmbea, dado que hay un pulso narrativo que conservar como sucesión de episodios y a ello se dedicó sin pausas no justificadas. Quizá faltaron algunas indicaciones con gesto más preciso para controlar cambios rápidos de ‘tempo’, y también para administrar las dinámicas corales y orquestales y, así, dosificar más aún la tensión dramática.

   Los distintos caracteres de la obra a la hora de narrar los distintos episodios de «La Pasión», dentro del estilo propio de Bach -que conjuga lo celestial, la inexorabilidad de lo matemático y lo terrenal- estimamos que quedaron bien reflejados, a partir de la precisión en el contrapunto de cada uno de los componentes del instrumento orquestal, más la pléyade de fenomenales instrumentistas en el ‘obbligati’ y en el bajo continuo -destacando respectivamente Alejandro Marías (viola de gamba) y Daniel Oyarzábal (órgano y clave)-. Los oboes ‘d’amore’, las flautas, los violines ‘obbligato’, instrumentos que Bach trata como personajes más del drama, encontraron adecuadamente sus espacios de bello lirismo sin caer en excesos románticos.

   La parte coral con varios roles en su haber -protagonista dramático, comunidad creyente, multitud, turba, ángeles y voz interior del alma-, en general, sonó intensa pero contenida, con dicción clara y emisión controlada, muy equilibrada en ambos coros -en total, 49 componentes dispuestos «en espejo» y solamente en dos filas, abajo junto a la orquesta-, volúmenes ampulosos cuando fue necesario, como ocurrió en los muy bien respirados corales -más lento el último, cuando Jesús exhala su último soplo de vida-, con pureza tímbrica ausente de indeseados vibratos, aunque con algún desajuste rítmico entre orquesta y coro, como se ha comentado, en algún arranque en tiempo fugado.

   Yendo a los personajes y a quienes los encarnaron, quizá la parte más discutible de todo lo disfrutado, El Evangelista, a quien dio vida el experimentado tenor sevillano Juan Sancho, tuvo algún que otro problema vocal en los ascensos al agudo, en cuya emisión encontramos varios momentos cercanos al «galleo» y a la pérdida de redondez vocal, con una elocución estrechada arriba y poco agraciada en lo sonoro; ello no afectó excesivamente a su papel como resistente narrador, pero sí a su capacidad de conmover, como habría sido deseable. 

   El Jesús del barítono catalán Ferrán Albrich, aunque la parte necesita de un color noble, sereno, casi suspendido, pero con graves suficientes -o, directamente, la voz de un bajo-, aportó una voz demasiado lírica, que quedó en evidencia sobre todo en el aria del final, «Mache dich, mein Herze», con falta de densidad en los graves -a veces, inaudibles tras la orquesta- y una disposición en el canto demasiado meliflua, falta de fuerza interior, plana en lo interpretativo. Nos gustó mucho más en la anterior intervención, «Komm, süßes Kreuz», muy delineada, contrastada y centrada en mostrar las íntimas emociones del Jesús más humano, que sabe que se enfrenta a un castigo mortal.

   En «La Pasión», las voces femeninas desempeñan un papel mucho más profundo y simbólico de lo que a simple vista podría parecer, aunque el relato es de fuerte presencia masculina (Cristo, los apóstoles, el pueblo, Pilato…), pero Bach reserva a las voces femeninas algunos de los momentos de mayor lirismo, compasión y humanidad, ya que implican una mirada compasiva del alma humana, de respiración emocional, ante el sufrimiento de Jesús. Con ellas, y junto al acompañamiento de instrumentos tales como oboe ‘d’amore’, concertino, flauta travesera, la obra se redondea emocionalmente.

   La soprano vallisoletana, especializada en repertorio barroco e historicista, Lucía Martín-Cartón, realizó unas prestaciones correctas, sensibles, en sus arias principales, de las que destacamos «Ich will dir mein Herze schenken [Quiero entregarte mi corazón]» y «Aus Liebe will mein Heiland sterben [Por amor quiere morir mi Salvador]», quizá la primera se expuso con un carácter en extremo lánguida, lo que le llevó a que algunos saltos de intervalo estuvieran desafinados. 

   La mezzosoprano madrileña, Lucía Caihuela, una de las voces jóvenes más destacadas en música antigua lució a medias en el reto de abordar una de las arias más conmovedoras de toda la obra, ‘Erbarme dich, mein Gott [Ten piedad, Dios mío]’, acompañada de forma muy engarzada con el violín solista -enhorabuena a la intérprete-, casi como un segundo personaje, la cantante expresó a las claras el dolor interior a pesar de poseer una voz en exceso entubada y, en realidad, poco comunicativa para el escuchante.

   Cumplieron a satisfacción el resto de integrantes vocales: Lluis Arratia (Pilatos, Judas y Pontifex II) (barítono), Esmeralda Espinosa (Testis I y Ancilla II) (mezzosoprano), Miguel Ángel Ariza (Testis II) (tenor) y Juan Antonio Díaz (Pedro y Pontifex I) (barítono). Destacamos las buenísimas prestaciones del Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, cantando en todo momento de memoria, siendo siempre audibles, con fantástica proyección de sus voces, aun estando colocados por detrás del Coro de RTVE. 

   Como ocurre con «La Pasión según San Mateo», hay obras que no se interpretan, sino que se transitan a través de ellas como si fueran un viaje astral, aunque su duración supere las tres horas. No importa cuántas veces se escuche, siempre se retorna a ese territorio vasto, intangible, mezcla de sacro y humano, donde la música y las voces parecen contener el secreto entero de la trascendencia, se sea o no creyente. Con un éxito arrebatador por parte del público, hubo salvas interminables de aplausos dirigidos a cada una de las secciones de la orquesta y coro. Qué mejor prólogo al descanso y recogimiento de la Semana Santa.

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