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Crítica: Recital de Christoph Prégardien en el Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela

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5 de diciembre de 2019

Prégardien o la encomiable madurez artística

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 2-XII-2019. Madrid. Teatro de la Zarzuela. XXIV Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).Recital 4. Obras de Franz Schubert (1797-1828) y Robert Schumann (1810-1856). Christoph Prégardien (tenor), Julius Drake (piano).

   No por sabido ha de ser menos enfatizado que el tenor Christoph Prégardien [que está a punto de cumplir sus 64 años] es uno de los grandes artistas especialistas en el repertorio liederístico, aunque también es muy reconocido como intérprete de oratorio, frecuentando bastante menos la ópera [aun así, destacamos sus Tamino, Don Ottavio, Fenton, Conde de Almavivay el Ulises de Monteverdi], además de resaltar su profusa presencia en el mundo de la fonografía con más de 125 grabaciones a sus espaldas, algunas de las cuales pueden considerarse de referencia.

   Poseedor de una muy propia técnica de canto, aplicada a su voz de tenor lírico-ligero, de gran expresividad y musicalidad -adornada actualmente con interesantes tintes baritonales, y un poco estrechada-forzada en la zona aguda-, conjuntamente con sus altas capacidades de matización, creemos que sonlas razones por las que su arte sigue encandilando -esperemos que por mucho más tiempo- tanto a incondicionales como a nuevos admiradores de su quehacer.

   Para la primera parte del recital, disfrutamos de una nutridaselección de nueve Lied de Schubert sobre textos de Ernst Schulze (1789-1817) -se ha argumentado sobre que Schubert se sintiera particularmente atraído por la obra de este poeta porque su vida fue muy parecida a la de Schulze-, de las que destacaremoslas que más obligaron a contrastar la interpretación del artista en una puesta en escena con atril, que se adivinaba sólo servía para apoyo en los textos, si bien la música estaba completamente interiorizada. Las consecutivas «Der liebliche Stern [La dulce estrella]», «ImWalde [En el bosque]» y «UmMitternacht [A medianoche]» -incluso contando con el valor añadido en la forma de contrastar de nuestro tenor- resultaron -a la fuerza- poco variadas en la interpretación, dado su carácter plano o repetitivo por su intrínseco estilo-temática.


   Por el contrario, brillaron la rauda, intrincada y de gran fuerza interpretativa «AufderBruck [En el Bruck]» (colina desde la que se divisa Gotinga), la triste «ImFrühling [En primavera]», inmersa completamente en la atmósfera del piano -entendido como «caja de música»- que Julius Drake y Prégardien abordaron con la justa y poética tristeza en un alarde de ligereza en el fraseo. Para terminar la primera parte, se ofreció «ÜberWildemann [Sobre Wildemann]» (pequeño pueblo de las montañas de Harz), auténtico Lied de fortísimo fuelle en sonoridades que enfrenta de poder a poder al piano con la voz, ilustrando la profusa naturaleza reinante que lucha con el indómito carácter del viajero. Al estar la tapa del piano totalmente levantada -durante todo el concierto- hemos de decir que hubo sonoridades excesivas del instrumento -frente a la voz- durante todo el recital, que en esta pieza se pusieron mucho más de relieve.

   La segunda parte fue el plato más atractivo, quevino de la mano de los denominados por Robert Schumann como Liederkreis, -que se puede traducir como 'Círculo’ o ‘Ciclo de Canciones cerrado sobre sí mismo'-. Son dos ciclos de Lieder compuestos por el músico en plena enajenación amorosa con su futura esposa, Clara Schumann, que se encuentra muy presente en muchos de los textos. Sobre los bellos 12 poemas de Joseph von Eichendorff (1788-1857), Schumann compuso en 1840 su Op. 39 -el otro Ciclo, menos frecuentado, es el Op. 24, sobre textos de Heinrich Heine (1797-1856)-.

   Y es aquí, en esta segunda parte, donde realmente pudimos comprobar que en esta etapa dorada del artista, éste conserva frescura y fantasía poética a la hora de exponer suarte, llegando al absoluto dominio del binomio texto-interpretación, liberado consumo cuidado y de forma refinada y matizada, congran maestría en el legato y cuidando la emisión de cada sonido para realzar el texto, máxime cuando en todo el Ciclo el piano, y Drake a los mandos, a menudosólo se encargan de apuntar y enhebrar el canto, apareciendo y desapareciendo convenientemente.


   Describir el desapego en «In der Fremde [En tierra extraña]» o el dolor en «Waldesgespräch [Conversación en el bosque]», ambientar bucólica y sensualmente «Mondnacht [Noche de luna]», desnudarse frente a la melancolía misma, «Wehmut [melancolía]», o intentar defenderse y estar alerta contra la maldad en «Zwielicht [Crepúsculo]» fueron retos admirablemente conseguidos a un nivel que está fuera del alcance de muchos cantantes de la actualidad.Como cierre, la esplendorosa «Frühlingsnacht [Noche primaveral]», que se interpretó transmitiendo verdaderas ansias de vivir:

Alte Wunderwiederscheinen [Vuelven los viejos prodigios]

Mitdem Mondesglanzherein [con el resplandor de la luna]

   Los bravos y aplausos del público fueron in crescendo para agradecer y compensar por el despliegue artístico de esta segunda parte del recital, por lo que Prégardien y Drake se vieron obligados a ofrecer tres propinas: el quintaesenciado pero adornado con cientos de matices «Ständchen [Serenata]», la preciosista «NachtundTräume [Noche y sueños]» y «Der Musensohn [El hijo de las musas]», cantada con la belleza que sólo las musas pueden inspirar.

Foto: CNDM / Rafa Martín

Autor:Óscar del Saz
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