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Crítica: Guillermo García Calvo dirige la Gala Lírica de la OCRTVE

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Autor: Aurelio M. Seco
27 de mayo de 2015

CUMPLEGALA FELIZ

Por Aurelio M. Seco
Madrid. 22/5/2015. Teatro Monumental. Gala Lírica 50 años. María José Montiel, Aquiles Machado, Raquel Lojendio, Lucio Gallo. Dirección musical: Guillermo García Calvo. Orquesta y Coro de RTVE.

    Tal día como hoy de 1965 nacía la Orquesta Sinfónica de RTVE. Cincuenta años es mucho tiempo en la vida de una orquesta, medio siglo de trayectoria  que la OCRTVE ha querido festejar con una hermosa Gala Lírica, magníficamente cantada y dirigida. Diez lustros, nada menos, han pasado desde la creación de este gran conjunto, sito en el Teatro Monumental de Madrid, un edificio que respira parte fundamental de la historia de la música de nuestro país. Necesita una renovación el Teatro Monumental, más pronto que tarde. Un nuevo Monumental para una renovada generación de aficionados, pero sin llegar a perder nunca el calor de su público de siempre, que sigue siendo de los más cariñosos y agradecidos que hemos visto. La orquesta ha pasado por muchos períodos, algunos recientes envueltos en la terrible crisis económica de la que parece que nunca terminamos de recuperarnos, pero lo que sigue indemne, e incluso se ha mejorado, es la calidad del conjunto. Carlos Kalmar es buen director y la orquesta suena cada vez mejor bajo su titularidad. La Gala del pasado viernes es una buena muestra del nivel artístico al que puede llegar este conjunto de músicos. El evento se puso en manos de un fuera de serie, Guillermo García Calvo, maestro de talento extraordinario destinado a dejar mella en el mundo de la dirección orquestal. Ya lo está haciendo. El director madrileño lleva años instalado en Viena, donde trabaja con regularidad y desde donde se traslada para dirigir por el resto de Europa. En las últimas temporadas ha dejado importantes documentos de obras de Wagner –un repertorio en el que es una referencia-, en Oviedo sobre todo, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, una entidad con  la que ha comenzado a desarrollar una fructífera relación, que todavía hace unos meses dejó un concierto de calidad excepcional. La próxima temporada tendremos la suerte de verle en dos conciertos al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España.

   La velada fue larga de necesidad, pero esto no evitó que el público la disfrutara de principio a fin con el aplauso a flor de piel. Con todo, creo que todavía no se acaba de saborear del todo la música de Wagner, porque no parece propio que tras el comienzo de velada que ofreció García Calvo, con una fulgurante versión de la obertura de El holandés errante de Wagner, brillantemente interpretada además por la orquesta, los aplausos no hayan pasado de la mera corrección. Nuestro público sigue siendo en esto bastante conservador. Y no es fácil para una orquesta hacer Wagner como lo hizo la OCRTVE. Una puntual sonoridad inapropiada acompañando “Bella figlia dell´ amore” es de lo poco discutible que anotamos del trabajo de una orquesta que resplandeció en todas sus secciones.

   El coro también dejó patente su notable nivel artístico en el famoso "Va pensiero", del Nabucco de Verdi, que García Calvo llevó con un bello sentido de la naturalidad. Resultó espectacular el fortísimo conseguido por el coro al principio del fragmento “Wacht auf!, del tercer acto de Los maestros cantores de Nuremberg, hasta el punto de que el público llegó a interrumpir la continuidad de la pieza con sus aplausos.

   Los solistas cantaron a un gran nivel, pero brillaron especialmente las mujeres. María José Montiel estuvo exultante durante toda la velada, luciendo su estilo elegante y voz de gran presencia y personalidad. Se convirtió en protagonista en el “Dúo de las flores” de Lakmé, por la contundencia de su línea de canto, y estuvo soberbia interpretando “Di tanti palpiti”, del Tancredi de Rossini. En el debe organizativo hay que anotar la incomodidad que supuso para el público escuchar, en algún momento, cómo ensayaban en el camerino algunos cantantes mientras otros lo hacían sobre el escenario. Aquiles Machado siempre cantó con buen gusto, pero estuvo mucho mejor acompañando a Raquel Lojendio en el aria de La traviata ("É strano… Sempre libera”), donde mostró una voz muy bien proyectada y con el cuerpo debido que, por ejemplo, en la interpretación de la bella “La fleur que tu m´avais jetée”, de Carmen, pieza exquisita que solventó con suficientes recursos pero que no consiguió hacer brillar. En cualquier caso, Machado fue un tenor a la altura que requería la gala, cosa nada fácil atendiendo al repertorio y la ocasión. De Lucio Gallo destacamos su veracidad dramática, siempre adecuada a la intencionalidad de sus fragmentos. Pero si hubiera que destacar alguna presencia lírica sobre las demás, sería la de Raquel Lojendio, soprano de enorme talento, voz dúctil, de timbre aterciopelado y poseedora de una técnica vocal extraordinaria. Lojendio, que debutará en mayo del próximo año con la Filarmónica de Berlín, ofreció una deslumbrante versión de “Sempre libera” de La traviata, y recibió los más intensos aplausos de un público volcado con una calidad canora deslumbrante.

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