El tenor Javier Camarena, entrevistado por Óscar del Saz para la portada del mes de octubre de Codalario
JAVIER CAMARENA: «Han hecho mucho daño opiniones de gente muy ignorante que habla de la ópera como un arte muerto»
Una entrevista de Óscar del Saz | @oskargs / Foto: Dario Acosta
Con más de dos décadas de trayectoria internacional, Javier Camarena se ha consolidado como una de las figuras imprescindibles del panorama lírico actual. Dueño de una técnica depurada, de un estilo elegante y de una expresividad que ha conquistado los principales teatros del mundo, el tenor mexicano ha construido una carrera ejemplar desde sus inicios en Xalapa, marcada por la excelencia vocal, el rigor artístico y una conexión excepcional con el público. Pero más allá de los aplausos, de sus históricos bises y de los numerosos reconocimientos que jalonan su trayectoria, encontramos a un artista profundamente comprometido con su oficio, dotado de una visión reflexiva y rigurosa de la música, y de una personalidad que trasciende el escenario. En esta entrevista agradecemos al tenor la generosidad de permitirnos acercarnos también a su faceta más humana, recorriendo los momentos clave de su vida y de su carrera para descubrir qué hay detrás de una de las voces más admiradas y relevantes de nuestro tiempo.
¿Qué partituras y qué roles -por actuación, psicología- son los más complicados para Ud.?
A fecha de hoy, los roles más complicados que yo he tenido la oportunidad de trabajar han sido Gualtiero, en “El pirata”, de Bellini,… Ahora mismo, Romeo, que es uno de los que tienen una evolución muy notoria en cuanto al desarrollo del personaje… Y no sé si decir que son complicados… Porque ese es una aspecto que yo disfruto mucho. Incluso pensando en hacer los Nemorinos, por ejemplo, que por muchos años se le ha considerado como el tontorrón del pueblo, ¿no?
Nemorino tiene un desarrollo interesante dentro de este libreto que utiliza Donizetti en el que empiezo como un chico muy ingenuo pero luego está la toma de decisiones que lo llevan a enfrentar el destino que sea por poder conseguir a Adina; son momentos muy interesantes, y que si uno los pone atención en el libreto, te das cuenta de que tiene mucho jugo en su desarrollo escénico. Me aventuraría a decir que Il Duca de “Rigoletto”, no, porque es bastante monocromático en todo el contexto porque el drama lo viven más Gilda y Rigoletto.
En su devenir artístico ha prestado su voz a roles de Bellini, Donizetti, Mozart, Verdi, Gounod… ¿Por dónde quiere seguir ampliando el repertorio?
Bueno, yo creo que los personajes que ya he mencionado son sumamente interesantes. Me he quedado con las ganas de poder -en algún momento- hacer el Roberto Deveraux… De Mozart me encantaría en algún momento cantar a Tito, de la “Clemenza”, que es un rol muy bello e interesante… Veremos qué pasaría con Verdi, que no lo quito la mira y sería cuestión de ir viendo de qué manera involucrarme en este repertorio… Y cómo no, Fausto. Y sí, de alguna forma estar con la mira en el repertorio francés pero con estas posibilidades que ya mencioné.
«Me he quedado con las ganas de poder hacer en algún momento el Roberto Deveraux»
Muchos cantantes hablan de la voz como un instrumento vivo. ¿En qué momentos ha sentido que su voz ‘le habla’ y le pide tomar nuevas decisiones artísticas?
Yo creo que uno de los momentos más importantes fue cuando empecé a abordar “Puritanos”, que hice muchísimo y que me encantó cantarla hasta que la misma voz dijo basta… Y no tanto la voz, sino la tranquilidad… Ya lo decía don Alfredo Kraus que es un rol de los que vives para él, ¿no? Y de los que no te dejan dormir y te mantienen preocupado siempre por estar en la mejor condición para abordarlo y enfrentarse a sus exigencias… Este ha sido uno de los momentos. También, cuando he decidido trabajar sobre “Rigoletto”, sobre Alfredo, en “La traviata”… En estos momento, como digo, son en los que le he hecho caso un poquito a la voz y también al gusto personal, para qué negarlo… Son roles con los que he disfrutado muchísimo.
Ha triunfado en los grandes teatros del mundo. ¿Existe aún algún escenario que le imponga más respeto y por qué razón?
No. No hay ningún escenario que me imponga “más” respeto… Yo siento el mismo respeto por todos los escenarios en los que tengo la oportunidad de trabajar y siento un respeto enorme por el público que viene a escucharnos en el teatro. Por eso, en realidad no existe ningún teatro que me imponga “más” respeto que otro. Todos los considero igualmente importantes.
Cuando aborda papeles belcantistas, ¿piensa más como músico, en la técnica o como artista?
Yo creo que se tiene que pensar de igual manera en estos tres aspectos. Obviamente, la técnica y el sentido musical son primordiales para la interpretación del ‘bel canto’. Sin técnica no puedes responder a la partitura como lo exigen los compositores, porque toda la parte dramático-expresiva está escrita en la partitura: las dinámicas, el cambio de ritmo, el tiempo…, todo está ahí. Enfrentarte con que, de repente, te piden un agudo en piano o desarrollarlo en un ‘crescendo’, obviamente necesitas esa parte por fuerza. Pero también está la parte artística porque si nos quedamos sólo en la parte técnica, el personaje se queda “mecánico”, ¿no? Además, también está la parte de entrega al personaje mismo y creerse su situación -comedia, tragedia, sea lo que sea-, y es esta parte que creo que es igual de importante y fundamental como las otras dos.
«Si nos quedamos sólo en la parte técnica, el personaje se queda “mecánico”»
¿Qué cantante del pasado o del presente ha influido más en Ud?
Del pasado, obviamente tengo que decir, y de forma compartida -y lo he dicho en muchas entrevistas- Alfredo Kraus y Pavarotti. También han influido Francisco Araiza y Ramón Vargas, ambos mejicanos obviamente… Estos creo que han sido mis principales referentes y mis grandes influencias en mucho de mi quehacer artístico y tengo una gran admiración y gran respeto a todos ellos.
Kraus decía que el teatro mejora al artista pero estropea al cantante. ¿Está de acuerdo con esa opinión?
Es curioso, ¿no?, esta reflexión. Hoy en día, con el ritmo de trabajo que llevamos los cantantes, donde a veces hacemos tres funciones por semana, sí es un nivel de exigencia muy, muy fuerte. Difícilmente un cantante se da el lujo de hacer 1 o 2 funciones por semana, que yo creo que sería lo ideal para el descanso y para reponer la voz, dejarla reposar y dejarla en óptimas condiciones para el próximo compromiso. Pero hoy en día no se puede porque un teatro difícilmente te va a contratar para este tipo de ritmo. Yo no sé si estropea al cantante totalmente… Depende mucho de cómo uno lleve las cosas y las vaya resolviendo. Pero sí, exige mucho el teatro. Pero es la oficina del cantante (risas)…
¿Qué personaje operístico le gustaría revisitar dentro de 10 años para descubrir cómo ha evolucionado junto a usted?
Ufff… Pues ha sido muy interesante revisar al Nemorino, recientemente. Nemorino fue el primer personaje en el que yo pude trabajar de forma integral la partitura, dentro de toda mi vida como estudiante de canto “Elisir d’amore” fue la primera partitura que yo me pude aprender. La debuté cantándola en español en 2005 -creo- y luego la primera vez que tuve la oportunidad de cantarla en italiano fue en el 2010 -si no me falla la memoria- en Viena. Es de los roles que he cantado menos en mi carrera…
Bueno, mi debut en el Liceu fue con este título y justamente lo revisité no hace mucho con la misma producción en el mismo teatro y fue muy, muy interesante porque la experiencia que van dando los años y, sobre todo, de conocimiento del personaje, de brindarle una historia que lo convierta en único, que se vive desde el libreto de la ópera... Es decir, para mí pensar en Nemorino es pensar qué hacía antes del momento en que llega Dulcamara… Qué pensaba, cómo se comportaba… Esta parte ha llegado a transformar la visión que tengo de ciertos personajes. La verdad es que sí, sería muy interesante en 10 años -si Dios da vida- poder pensar en la posibilidad de hacer algún Nemorino más.
«Nemorino fue el primer personaje en el que yo pude trabajar de forma integral la partitura»
¿En qué porcentaje decide Ud su carrera actualmente, más allá de agentes y asesores?
Bueno, esto es un equipo de trabajo, es un trabajo conjunto en el que obviamente la agencia va -en base a lo que hablamos previamente en reuniones-, en función de mis aspiraciones y deseos en cuanto a repertorio, buscando este trabajo y, de repente, cuando llegan con propuestas -y antes de que se tome cualquier tipo de decisión- obviamente se consultan conmigo. Mi agente nunca toma las decisiones por sí solo.
Grandes cantantes hablan -y han hablado- del miedo como parte del oficio. ¿Qué relación tiene con el miedo escénico vocal ó actoral?
Es una relación interesante (risas…). Es una relación, no sé, creo que ahora mismo a raíz de la pandemia y en el paro que nos vimos sumergidos todos y dejar ese ritmo tan vertiginoso con que estaba llevándose mi carrera hasta el 2019, por ejemplo, la verdad es que uno no se da cuenta de la cantidad de estrés y niveles de cortisol que está manejando uno en su vida, a los cuáles no es que uno esté acostumbrado, pero sí estás inmerso…
Contando todo eso, a la hora de volver al escenario, sí ha sido volver a entrar a este ritmo, salir de casa, coger un avión e irte a cualquier otra parte del mundo… Ese estrés en particular y el hecho de estar trabajando y de presentarte… Fue algo que me costó mucho trabajo el superar esta parte, como de nervios, y hasta la fecha creo que todavía me pongo nervioso. Pero, en realidad, es volver a la conciencia de que es parte de trabajo y que uno tiene que sobreponerse a esto y al final está uno en un escenario haciendo lo que le gusta: hacer tu trabajo con amor y recordar que esto es lo que amas hacer.
Si pudiera cambiar un aspecto del mundo de la lírica actual, ¿cuál sería y por qué?
Yo creo que una de las cosas que más siento que adolece el mundo de la lírica es la difusión, la promoción… ¿Por qué? Pues porque estamos ahora mismo en un mundo que se mueve a una velocidad vertiginosa. Nos enfrentamos a cambios en todos los aspectos -sociales, tecnológicos- conviene pensar que dentro de este frenesí la ópera es un remanso, y debe promoverse como tal… Es algo que hace mucha falta y le ha hecho mucho daño opiniones de gente muy ignorante que habla de la ópera como un arte muerto, de películas que proponen que los teatros de ópera están vacíos y que solamente hay dos, tres viejitos, gente mayor, en las salas, y que no es de interés para la gente…
Esto se me hace tremendo y es una lucha que creo que valdría la pena enfrentar. Es una parte de inversión necesaria, no sólo para la lírica, sino para la educación en general y de la formación de cada individuo. Esto debería ser un compromiso grande por parte de las instituciones educativas de proponer dentro de los programas de educación artística, formación que realmente nos enseñe como seres humanos a ver la música no como mero entretenimiento -como está pasando ahora-, sino como un arte y entenderlo con conciencia de apreciación estética de la música. Esto cambiaría la forma de educarnos para tener una mente mucho más amplia, permitirnos visitar los teatros y apreciar este maravilloso mundo de la ópera.
«Hacer tu trabajo con amor y recordar que esto es lo que amas hacer»
Ha interpretado repertorio muy exigente técnicamente. ¿Es la técnica una aliada invisible o también un límite creativo?
No, la técnica siempre va a ser una gran aliada, en todo momento. Tal vez no sé si entiendo bien lo del “límite creativo” que sería como apegarse sólo a la técnica y resolver desde ahí todo… Pero es que ésa es la cuestión. Sin técnica, la expresión puede no resultar justa, y la parte expresiva se adolece porque la técnica es la base y la aliada absoluta, que te permite la posibilidad de no pensar en límites creativos (más bien los balancea).
¿Qué papel juega la intuición en su preparación frente al rigor académico o técnico?
Va muy de la mano con la pregunta anterior… No sé si sea “intuición” la palabra correcta. Porque intuir es sentir algo sin bases que soporten ese sentir… Yo creo que no trabajo por intuición… Me baso mucho en las partituras y dejo que las partituras fluyan y que lo que se está proponiendo por parte del compositor resuene en mi mente y pensar que si el compositor me pide un ‘crescendo’, sí, pero por qué… Y ver antes la melodía por dónde me va conduciendo. Tener este tipo de conciencia que -tal vez- podría llamarse rigor académico, es lo que permite estar en estilo, en la misma frecuencia que lo que el compositor pide y convertirse uno en un intérprete.
¿Cómo hace para ejercitar su voz en el día a día? ¿Insiste, por ejemplo, en la musculatura abdominal, en la respiración, en el apoyo, etc.?
Pues sí, la respiración es básica… Una caminata buena, el estar continuamente pendiente de la flexibilidad de la voz, con ejercicios de fonación… Estos creo que son los constantes del día a día… El apoyo es parte de la musculatura abdominal y se trabaja todo ello en conjunto.
¿Qué consejo le daría hoy al joven Camarena que empezaba su carrera? ¿Le pesan mucho estos 22 años de carrera?
(risas…) No creo que me pesen, si bien no es la soltura de hace 15 años (risas…)… No, no he llegado a ese punto… Creo que ha sido 22 años de bellas experiencias en el escenario y espero que vengan otros tantos años más. El consejo al joven Camarena sería “nunca pierdas la fe”.
«Sin técnica, la expresión puede no resultar justa»
En el contexto actual, ¿cree que la ópera debe reinventarse o reafirmarse en su esencia para luchar contra ciertos despropósitos que observamos a menudo?
Yo creo que un poco de ambas… Y ya tenemos muestras de ello por parte de diferentes teatros. El MET de Nueva York, por ejemplo, y el mismo Teatro Real, ofrecen la posibilidad de títulos nuevos de ópera. En problema es que en esta reafirmación de la que hablamos está la necesidad de que algún tema de la ópera sea algo a lo cual te relaciones o a lo cual relaciones tu vida. No en todos lo casos, obviamente, pero sí ciertas temáticas que puedan abordarse desde una perspectiva mucho más actual, pues hay que tomarlas en cuenta, pero sí creo que también hay que dar oportunidad -al público- de presenciar nuevas propuestas creativas y de composición operística. Creo que por eso los teatros no se aventuran tanto a programar este repertorio mucho más contemporáneo.
La cuestión es que el público tiene sus gustos y hay cosas que les gusta escuchar y les encanta escuchar y vendrán a escuchar siempre al teatro. En algún momento de la historia de la composición, cuando se vino la parte atonal, la música por números, etc., todo esto que llevó la música a ser más conceptual y matemática, nos olvidamos de algo fundamental en el canto, en la ópera, que es la melodía. Todas las grandes óperas que están dentro del gusto popular es porque tiene algo que el público recuerda: “La donna é mobile”, “Una furtiva lácrima”, “Il bel sogno di Doretta”, “O, mio babbino caro”, la Canción de la luna, de Rusalka, “Kuda, Kuda”…
Creo que la gran mayoría de la ópera contemporánea -de la que no conozco mucho y hablo desde mi ignorancia- es de la parte que adolece… Y ambos tipos de repertorio tienen que hacer las paces para que el público tenga algo que querer escuchar. La ópera debe reinventarse, sí, con esfuerzos de compositores actuales, con nuevas propuestas de instrumentos… Creo que es muy interesante, pero el público tiene que estar abierto a ello. La ópera de repertorio puede seguir ahí. Yo he hecho muchas propuestas escénicas súper interesante y muy conceptuales que hacen de la ópera retomar su esencia, sí, pero su esencia como arte… Porque el arte no tiene la obligación de ser algo cómodo.
«La ópera debe reinventarse, sí, con esfuerzos de compositores actuales»
¿Hasta qué año tiene contratos firmados?
Hasta ahora creo que 2028-2029.
Si le propusieran cantar una zarzuela u ópera española completa en escena, ¿cuál aceptaría?
Pues primero me tendría que integrar mucho más en el mundo de la zarzuela y la ópera española. Me gustaría mucho “El huésped del Sevillano” porque me encantan las romanzas y -por qué no- una “Luisa Fernanda”, también muy interesante. Por mencionar un par serían esas.
¿Cuánto tiempo dedica a clases magistrales con alumnos o grupos, a parte de los videos cortos que ha publicado en redes desde camerinos? ¿Por qué hacía esos videos?
No es una de mis actividades principales. Cuando me invitan pues sí. El tiempo que dedico es poco para esto. Hacía esos videos porque cuando yo los hacía no había mucha gente que los hiciera. Estoy hablando de pre-pandemia en 2015-16. Es interesante encontrar jóvenes y colegas interesados y que hablan de esos videos y de lo que les sirvieron y les funcionaron y jóvenes que me encuentro cuyos maestros les dicen que escuchen esos videos (risas), ha sido muy interesante y reconfortante como recompensa muy bonita a ese esfuerzo. Luego vino la pandemia y todo el mundo encontró en las redes y en Internet un punto de expresión y de dar opinión y ofrecer este tipo de contenido. Y de mi parte, no sé si decir que dejó de ser interesante, pero ahora me encuentro centrado en el estudio de nuevo repertorio y de hacer otras cosas, por lo que el tiempo se limita mucho.
«El consejo al joven Camarena sería “nunca pierdas la fe”»
¿Los bises tienen una importancia real para Ud?
Pues mira que han sido importantes en mi carrera. Los bises como tal han funcionado como un escaparate muy importante, pero si nos quedamos en esa parte de vanidad, pues los bises se quedan muy banales. Cada ver que tuve oportunidad de hacer un bis, la gran mayoría fueron en “La hija del regimiento”, también en “Elisir”, “Don Pasquale”, “La Cenerentola”… Cada ocasión que tuve para mí fue dar testimonio de primera mano del poder que sigue teniendo la ópera de emocionarnos, de este público que es tan complicado de emocionar por la sobrexposición que tenemos a todo… Esto para mí ha sido de las más grandes satisfacciones desde ese punto de vista.
¿La digitalización (‘streaming’) cambia demasiado la experiencia de degustar la ópera? ¿Cree que se abusa del visionado de ópera en pantallas?
El ‘streaming’ siempre será ‘streaming’ y no importa cuán grande sea la pantalla que veas frente a lo que es un escenario real. Sí que es verdad que se ofrecen visiones y algunos ángulos que desde el teatro no puedes tener. También las entrevistas y los reportajes del ‘backstage’, que añaden un punto más de interés, un plus al streaming.
Pero yo creo que cualquier persona amante de la ópera siempre preferirá la parte presencial y estar en el teatro porque sabe la maravilla que es esto, el universo tan grande que es de sensaciones acústicas, de vibraciones que no te puede regalar ningún sistema de sonido, por muy bueno que sea, y no se va a comparar con una orquesta en vivo y unos cantantes, coro, figurantes, etc., en vivo. Si se abusa o no de este tipo de visionado ya es más una cuestión del público. Creo que se abusa más del pirateo de las óperas y de los cantantes en conciertos… Porque en seguida se graba, y se comparte en las redes.
Pero ya digo, si amas de verdad la ópera siempre preferirás estar en un teatro. Los teatros, como promotores de este bello arte que es la ópera también se encuentran involucrados por las nuevas tecnologías, pues funcionan como cualquier empresa actual y por tanto deben adaptarse a los cambios tecnológicos y a los nuevos retos que se van planteando en términos de comunicación. Siempre va a haber pros y contras, pero lo ideal es que nos veamos en el teatro.
«Los bises como tal han funcionado como un escaparate muy importante, pero si nos quedamos en esa parte de vanidad, pues los bises se quedan muy banales»
¿Cómo desconecta de la ópera y cómo son las aficiones de Javier Camarena?
Me encanta cocinar… De repente, salir a caminar, a pasear. Leer y escuchar otro tipo de música, ir a la iglesia… Es lo que más me gusta hacer actualmente.
¿Tiene planificada alguna grabación discográfica en el horizonte? ¿Le interesa perdurar por este método?
No, por ahora no tengo ningún proyecto en este momento. Y sí, si me gustaría dejar grabaciones como un documento musicológico que quede para la posteridad. Obviamente, con tantas cosas que hay hoy, disponibles, ofrecer la presentación de cualquier cantante en cualquier parte del mundo es algo muy interesante. Antes comentaba lo de las grabaciones pirata, en directo, y es verdad que en la grabación en estudio se pierde una parte íntima, pero es una buena manera de dejar el testimonio del trabajo que se hizo, siempre en pro de este maravilloso arte que es la ópera.
«Me gustaría mucho “El huésped del Sevillano” porque me encantan las romanzas y -por qué no- una “Luisa Fernanda”»
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