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Crítica: Collegium Musicum Madrid y Armonía Concertada en Mare Musicum

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Autor: José Antonio Cantón
18 de julio de 2022

La décima edición del festival Mare Musicum acoge conciertos de Armonía Concertada y Collegium Musicum Madrid

Mare Musicum

Orígenes del motete y el tono

Por José Antonio Cantón
Roquetas de Mar, 12-VII-2022. Castillo de Santa Ana. X Mare Musicum - Festival de Música Antigua. Armonía Concertada. María Cristina Kiehr (soprano), Jonatan Alvarado (tenor) y Ariel Abramovich (vihuelista). Obras de Josquin des Prez. /// 14-VII-2022. Collegium Musicum Madrid. María Espada (soprano), Guillermo Turina (violonchelo). Daniel Garay (percusión) y Manuel Minguillón (guitarra barroca y dirección). Obras: Diversidad de tonos humanos.

   Dos conciertos de análogo formato en cuanto a intérpretes pero de distinto contenido han ocupado la tercera y quintas jornadas del Festival Mare Musicum. El primero de ellos, protagonizado por el grupo Armonia Concertada ha estado dedicado a una de las figuras más importantes de la música europea como fue el compositor franco-flamenco Josquin des Prez, gran iniciador de la nueva música nacida con el humanismo renacentista establecido en la segunda mitad del siglo XV que, funcionando como  disciplina artística sirvió para enlazar como casi ninguna otra el pensamiento de las culturas clásicas con la nueva y reformada fe cristina. 

   Con esa idea surge el título de «En el divino aposento» en referencia a la polifonía que hereda y enriquece este compositor hasta el punto de convertirse en una de las fuentes más importantes de la explosión musical del siglo XVI. Con un programa dividido en cuatro bloques, el primero estuvo integrado por una canción profana, Nymphes, nappés, el Kyrie de la Missa Fortuna Desperata, todo un portento de parodiado estilo musical, y el conocido motete sacro Praeter rerum seriem escrito originalmente a seis voces. El siguiente se abría con una de las obras más famosas del renacimiento, Mille regretz que, desde la intabulatura a su vihuela por Luis de Narváez, se convirtió en la pieza favorita de Carlos V, llegando a ser conocida como La canción del Emperador. Siguió el Benedictus de la misa que Cristóbal de Morales tiene inspirada también esta pieza musical para terminar el bloque con el Confiteor del Credo de otra basada en la conocida canción L'homme armé.

   Después de interpretar el arreglo para vihuela y dos voces del Kyrie de la Missa Adieu mes amours de Francisco de Peñalosa y escuchar el buen tañer de Ariel Abramovich con la Fantasía del primer tono adaptada por Narváez, se produjo uno de los momentos destacados del concierto, el delicioso canto de María Cristina Kiehr de la adaptación de O intemerata virgo, esencial invocación mariana de la letanía a María, que realizó con cuidado estilo declamatorio. 

   Éste se mantuvo en la versión reducida del Stabat mater dolorosa a cinco voces en el que Abramovich dispuso de los más expandidos armónicos que ofrece la vihuela en Sol, instrumento también empleado en la obra que cerró el programa; una reducción Nymphes de Bois, obra singular de Josquin des Prez que fue interpretada con gran carga sentimental ya que es un lamento por la muerte del maestro Johannes Ockeghem, fundamental antecesor y precedente de su línea creativa. Concluía así un concierto muy bien pensado para poder hacerse una idea del pensamiento musical del gran compositor franco-flamenco a las vez de que se podía experimentar la importancia que tuvo la vihuela como instrumento por el que pasó toda la música de su época, convirtiéndose en un referente expresivo musical de primer nivel. Tal hecho se ha podido admirar en el vihuelista Ariel Abramovich junto dos cantantes argentinos, todos ellos enormemente comprometidos en fondo y forma con la música de este paradigmático creador musical del Renacimiento.

   El segundo concierto aquí referido a cargo del Collegium Musicum Madrid, fue todo un elogio del «tono humano», relevante forma musical ibérica que nació en la segunda mitad siglo XVII que podemos asimilar a lo que se entiende normalmente como canción o romance barroco. Su programa toma por título, «Dicen que hay amor» de uno de los cuarenta y tres tonos recogidos en el manuscrito del Cancionero Poético-Musical de Mallorca archivado en la Biblioteca de Cataluña bajo la referencia M.3660, que viene a ser un compendio muy significativo de las variables de este canto tan prodigado en la España de entre las dinastías de los Austrias y los primeros Borbones.

   La actuación se inició con una vívida canción de Juan de Zelis, ¡Ya no son más de veinte...! que destacó junto a la obra de Sebastián Durón sobre un texto anónimo, La borrachita de amor en la que la soprano María Espada lució particular identificación vocal cantando las coplas y el recitado que contiene. El concierto continuó con una primera pieza instrumental del violinista y compositor veneciano afincado en España, Giacomo Facco; su Sinfonía en mi menor, que se constituyó en fehaciente muestra de la buena conjunción de los instrumentistas del grupo, destacando la función de ‘voz cantante’ que desarrollaba Manuel Minguillón desde su guitarra barroca, instrumento con el que hace música de una manera tan espontánea y natural que lleva a pensar el por qué se mantuvo este instrumento como muy destacado y querido entre los de su época.

   Después de tres obras sin autoría identificada y sí gran distinción musical en cada una de ellas, vino la interpretación de un conjunto de adaptaciones a modo de suite  de piezas Gaspar Sanz, destacando La caballería de Nápoles, que la abría y la cadenciosa Lantururú que la cerraba. El bloque que iniciaba la que podría considerarse segunda parte del concierto contenía el tono también anónimo que daba nombre al programa, Dicen que hay amor, que lo interpretaron con un aire de danza popular. Contrastaba con las otras tres obras lo acompañaban para esta ocasión. Le siguió una segunda sinfonía de Giacomo Facco, en este caso en modo menor de Re, que supuso otro goce para el oyente por su diversidad de aires y el absoluto protagonismo exhibido por el director de grupo, insisto, dada su musicalidad y el dominio técnico en pulsación. 

   Dos anónimos precedieron al final de la actuación ocupada por Al aire se entregue de uno de los padres de la zarzuela, Juan Hidalgo, sobre un texto del dramaturgo coetáneo Juan Vélez de Guevara en el que hicieron su aparición las castañuelas tocadas por Daniel Garay que daban un son de gracia a su discurso, siendo por tal motivo muy apreciada y aplaudida por el público. Manuel Minguillón ha querido con este programa reivindicar la belleza del tono o tonada, incluso la sonada, como campo todavía por explorar de nuestro rico patrimonio musical barroco, que requiere de sensibilidades y capacidades como la que él sobradamente demuestra en su investigación y estudio así como al difundirlo en concierto con la dignidad estética pertinente.

Foto: Blas Fuentes

 

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