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Crítica: Gala Lírica en el Teatro Monumental con la Sinfónica de RTVE bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez

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Autor: Óscar del Saz
3 de junio de 2019

Gala ‘In Memoriam’

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 31-V-2019. Teatro Monumental. Gala Lírica.Obras de Johan Strauss (1825-1899), Franz Lehár (1870-1948), Amadeo Vives (1871-1932), Reveriano Soutullo (1884-1932) y Juan Vert (1890-1931), Federico Moreno Torroba (1891-1982), Emilio Arrieta (1823-1894), Richard Wagner (1813-1883), Jules Massenet (1842-1912), Wofgang Amadeus Mozart (1756-1791), Giuseppe Verdi (1813-1901), Umberto Giordano (1867-1948), Léo Delibes (1836-1891), Gaetano Donizetti (1797-1848), Giacomo Puccini (1858-1924). Elena Mosuc (soprano), Olena Sloia (soprano), Carl Tanner (tenor), Miguel Borrallo (tenor) y Juan Manuel Muruaga (Bajo). Coro y Orquesta Sinfónica de RTVE.Juan Pablo de Juan (director del coro). Miguel Ángel Gómez Martínez, director.

   La Orquesta Sinfónica y el Coro de RTVE, en su ya tradicional Gala Lírica, dedica la presente a la memoria de la mezzosoprano del Coro de RTVE y jefa de esta cuerda, la valenciana Esperanza Rumbau Hernandio (1957-2019), recientemente fallecida. Sobre el papel, una gala variada que reunió en un mismo concierto la opereta, la zarzuela y la ópera, y donde se alternaron obras muy conocidas frente a otras menos escuchadas -normalmente, por razones de su dificultad intrínseca-, lo cual dio lugar a una velada muy entretenida y con momentos de gran calidad musical. La gala lírica comenzó con la obertura de la opereta cómica de Johan Strauss El murciélago, a cargo de la Orquesta Sinfónica de RTVE. Una versión muy diáfana y con tempi muy estrictos, sin ninguna concesión al abandono o al amaneramiento melifluo. Otro de los momentos brillantes de solo orquesta fue el Intermedio de la zarzuela Bohemios, de Amadeo Vives, que contrastó muy apropiadamente los pizzicati del inicio y del final de la pieza con la profundidad de la parte intermedia, con un regusto a marcha fúnebre, que dibuja con verismolas paupérrimas condiciones de vida -frío y hambruna incluídos- de los artistas bohemios franceses. Pero vayamos con los solistas…


   El tenor americano Carl Tanner (1962) mostró su versatilidad y calidad vocal en el aria principal de la opereta El país de las sonrisas (Franz Lehár), Deinist mein ganzesherz (Tuyo es mi corazón), que requiere un buen dominio del control del fiato, fraseo y legato, y de la que el tenor supo exprimir todo el apasionamiento -sobre todo en la segunda vuelta del aria, gracias a que la orquesta supo acompañarle, apianando, para que su voz sobresaliera convenientemente-. Su segunda intervención solista fue el Improvisso, Un dì all'azzurro spazio, de la ópera de Umberto Giordano Andrea Chénier, que probablemente esté preparando en estos momentos, ya que no pertenece a su repertorio habitual, además de porque su dependencia de la partitura se hiciera evidente durante la interpretación. Por medios vocales, aun con su voz timbrada y densa, creemos que está justo en el límite de abordar -en estos momentos- roles puramente veristas que, a nuestro entender, deberá ir incorporando con cuidado.

   Otra de las agradables sorpresas de la noche fue la soprano ucraniana Olena Sloia (1990)en sus dos intervenciones en solitario, tanto en Marina -y su romanza Iris de amor-, con efectistas y bien ejecutados agudos, sobreagudos, trinos y picados, como en la virtuosística aria de Constanza Martern aller Arten de El rapto en el serrallo de Mozart, que la soprano supo delinear y contemporizar para enfrentarse admirablemente a las escalas ascendentes y descendentes de tan pirotécnico pentagrama.

   El tenor madrileño Miguel Borrallo tuvo mala suerte esta vez porque antes de que comenzara la segunda parte se anunció que habiendo actuado ya enfermo en la primera parte, no podría cantar el Pourquoi me réveiller del Werther de Massenet, aunque en la primera parte cantara -sin aparente merma en sus facultades vocales- la romanza De este apacible rincón de Madrid de la Luisa Fernanda de Federico Moreno Torroba. Después, se anunció que tampoco cantaría el dúo de Lakmé y Gérald D’oùviens-tu… C’est le dieu de la jeunesse que tenía previsto con la Mosuc, si bien cumplió con sus partes en el dificilísimo concertante con coro de La del soto del parral (¿Qué buscas?, ¿qué quieres de mí?), que fue interpretado de forma un tanto embarulladapor todos los intervinientes (Olena Sloia, Miguel Borrallo y Juan Manuel Muruaga), además de que también la Orquesta de RTVE pecó de sonar a excesivo volumen. Del argentino Juan Manuel Muruaga, cantante de solvencia, destacamos el hecho de que sea miembro del Coro de RTVE y alabamos se permita que solistas de esta formación puedan contribuir a defender solos para los que están perfectamente preparados y no haya de incurrirse en mayores costes trayendo otros cantantes).


   La soprano rumano-suiza Elena Mosuc (1964) cantó en la primera parte las Canciones de la tierra, Csárdas de Rosalinde, del acto segundo de El Murciélago de Johan Strauss, teniendo que luchar por sobresalir de un excesivo volumen que impuso la Orquesta de RTVE, si bien resultó triunfante gracias a un límpido timbre y una buena técnica de proyección de la voz, regalando al final un meritorio sobreagudo como colofón a la pieza. Protagonismo absoluto de gran diva, y especialista en este repertorio, desplegó también fuerza y dramatismo en el aria final del acto segundo de la Anna Bolena donizettiana (Al doce guidami… Coppia iniqua), a la que dieron cumplida réplica sus compañeros y el coro de RTVE.

   En cuanto a las partes de solo coro, destacó la brillantez, elegancia y contundencia de la Entrada de los invitados del Tannhäuser wagneriano (Freudig begrüßen wir die edle halle). Estimamos que el Coro de RTVE ha conseguido, gracias al trabajo de Juan Pablo de Juan, mejorar algunas de sus prestaciones-sobre todo, el empaste y el sonido de la zona aguda de las cuerdas femeninas-que en este tipo de repertorio más exigente suelen ponerse en entredicho si no se cuidan en el día a día. De igual forma, el coro ¿Dónde estarán nuestros mozos?, de la zarzuela de Soutullo y Vert, La del soto del parral, sonó como creemos que debe hacerse la zarzuela, sin afectamientos, sin portamentos, con elegancia y con pulcritud musical, aunque faltó un punto de gracia en los hombres para interpretar esta escena con la necesaria sorna segoviana.

   La soprano Olena Sloia y el tenor Carl Tanner interpretaron el dúo de Otello y Desdémona Gia nellanotte densa del Otello verdiano, en el que el tenor salió penalizado por la escasa densidad de sus graves y por el excesivo volumen de la orquesta. Creemos que Gómez Martínez no fue consciente de que la orquesta sonó demasiado fuerte durante todo el concierto, y hubo casi siempre un desequilibrio de balances entre orquesta y solistas, más que nada porque en el resto de cosas no podemos poner ni un solo ‘pero’ a la labor del granadino, que estuvo muy pendiente de solistas, entradas, orquesta y coro y -además- llevó todo el concierto de memoria, lo cual siempre implica -al menos para nosotros- un plus.

   Para finalizar el concierto se hizo el final del acto segundo de La rondine, de Puccini, con todos los cantantes más el Coro de RTVE. Concertante de difícil ejecución, impactante en todos los sentidos -Elena Mosuc echó el resto en esta interpretación- y muy bien ejecutado, sirvió de perfecto broche final a esta gala que el público obsequió con largos aplausos a todos los artistas. Después de los saludos en grupo, se añadieron los saludos uno a uno, por lo que se dedicaron salvas de mayor o menor intensidad a cada uno de los intérpretes, llevándose consigo Elena Mosuc las de mayor reconocimiento y duración.

Foto: Fernando Frade / Codalario

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