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Crítica: Recital de Dmitri Hvorostovsky en el Teatro del Liceo de Barcelona tras 25 años de ausencia

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Autor: Robert Benito
8 de noviembre de 2016

HVOROSTOVSKY VUELVE AL LICEO 

   Por Robert Benito
Barcelona. 6-11-16. Teatro del Liceo. Dmitri Hvorostovsky. Orquesta del Gran Teatro del Liceo. Director: Mikhail Tatarnikov. Obras de Rachmaninov, Tchaikovsky, Verdi, Rossini.

   Con un generoso y variado programa el barítono ruso Dmitri Hvorostovsky ha vuelto a pisar el escenario del Liceu, en esta ocasión del  nuevo Liceu, tras su única participación como Silvio en la producción de Pagliacci de la temporada 1990-91 con un éxito sin contestación de público. Dividido el concierto en dos grandes bloques cada una dedicada a los dos repertorios, ruso  e italiano, cultivados por esta figura internacional de la lírica fueron desgranando ocho arias intercaladas con otras tantas piezas orquestales acompañado por la orquesta titular del teatro bajo la batuta del director Mikhail Tatarnikov.

   El repertorio ruso no es uno de los más frecuentes en el coliseo de la Ramblas si exceptuamos las óperas típicas de Tchaikovsky y algún Shostakovich en los últimos tiempos junto con el Boris Godunov de Mussorgsky por eso se agradece todo el primer bloque del programa con arias nada frecuentes de óperas de Rubinstein, Rachmaninov o Borodín.

   Es público que Hvorostovsky ha sido intervenido de un tumor en la cabeza y que esta situación le ha mantenido alejado más de un año de los escenarios con las consecuencias vocales que esto ha derivado y que se hicieron patentes en la primera parte del concierto con una voz no tan brillante ni con riqueza de armónicos como era de esperar. Sin embargo ya desde la primera aria de la ópera El Demonio de Rubinstein mostró sus grandes recursos vocales, su gran fraseo y su expresiva línea de voz.

   Igual se puede decir de su capacidad teatral en el relato de las tres cartas de La dama de Picas de Tchaikovski o de su elegante legato en el aria de la ópera Aleko de Rakhmaninov. La segunda parte dedicada al repertorio italiana se inició con un “Resta inmobile” del Guillaume Tell de Rossini que nos descubrió un nuevo Hvorostovsky con la voz mucho más timbrada, mejor colocada en la máscara. El volumen también creció exponencialmente con la muerte de Posa del Don Carlo verdiano y con un legato infinito que ha hecho de este rol uno de sus caballos de batalla en los teatros internacionales.

   Su siguiente Verdi fue “Cortigiani” de Rigoletto donde hubo algún problema de coordinación con la batuta pecando la interpretación de exagerada teatralidad repercutiendo negativamente en la vocalidad.

   El recital acabó con la canción de Escamillo de Carmen donde nuevamente hubo algún desajuste con la orquesta pero nuevamente por la poca pericia del director Tatarnikov.

   De las partes únicamente orquestales solamente decir que su función fue doble, permitir descansar al solista y agradar con hits los bondadosos oídos de un público que había venido a oír al divo. En ningún momento la interpretación pasó de discreta y aburrida, poniendo más por parte de la orquesta que de la gestualidad del director, que podríamos considerar un concertador, más que un recreador de la partitura. Ante los aplausos del público el barítono ofreció una sentida interpretación de la canción popular rusa “Ojos negros” que hizo las delicias de la gran colonia rusa que llenaba el teatro y que sin ningún pudor llenaron al divo de ramos de rosas y centros de flores al final de su concierto.

   Es de agradecer la empatía y simpatía de este cantante con el público y la orquesta que ya desde el primer momento supo con una sonrisa amplía ganarse al respetable. Esperemos que no tarde otros veinticinco años en volver a este escenario y a ser posible con una ópera

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