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CRÍTICA: ROSSEN MILANOV DIRIGE  EL CONCIERTO 'PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS' 2012 EN EL AUDITORIO DE OVIEDO

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Autor: Aurelio M. Seco
27 de octubre de 2012
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Foto cortesía de la OSPA

Oviedo. Auditorio Príncipe Felipe. Concierto "Premios Príncipe de Asturias". Sergey Romanovsky, tenor; Alexander Vinogradov, bajo.  Director: Rossen Milanov. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Coros de la Fundación Príncipe de Asturias. Obras de Shotakovich y R. Strauss.

EVOCADOR Y EMOTIVO CONCIERTO "PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS"

      El concierto que tradicionalmente se ofrece en la jornada previa a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias es, desde hace años, una de las citas musicales más esperadas en la región. Varias de las anteriores ediciones han dejado momentos musicales brillantes. Todavía recordamos un fenomenal "Réquiem" de Verdi llevado por la adusta y siempre edificante mano de Jesús López Cobos, no lo olvidemos, todo un Premio Príncipe de las Artes; o la impactante versión de la "Sinfonía nº 2" de Mahler dirigida por Gustavo Dudamel. El contexto de los Premios Príncipe y la presencia de Don Felipe y Doña Letizia, dotan al evento de un plus de calidad que nos ha permitido gozar del trabajo de artistas del prestigio de Riccardo Muti. En las últimas ediciones, sin embargo, seguramente afectadas por el actual contexto de crisis económica, se ha optado por dar cabida a directores de la casa, manteniendo al tiempo el espectacular esquema de concierto sinfónico-coral, algo que es de agradecer. Lo que no ha sobrevivido es la Semana de la Música de Cajastur, que tradicionalmente concluía con este concierto y que, desde la desgraciada desaparición de la Obra Social y Cultural de la entidad, se ha quedado en tan solo una cita.

       Para esta edición se diseñó un programa de connotaciones bastante particulares, que incluía "Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel" de Strauss y "El canto de los bosques" de Shostakovich, dos preciosas obras de autores que, de una u otra forma, han visto como la ideología política, nacionalsocialista en el caso de Strauss y comunista en el de Shostakovich, influía para bien o para mal en su carrera artística. Y con este programa ‘programático', la ocasión se saboreó a gusto, por su elegante y espectacular diseño y por su estimulante factura musical. Creemos además que este repertorio va muy bien al perfil artístico de Rossen Milanov, que realizó un gran trabajo con las obras, cuyas versiones resultaron emotivas y evocadoras, con la OSPA y los diferentes Coros de la Fundación participando a un gran nivel artístico, que incluso llegó a resultar conmovedor.
      "Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel" es una obra muy conocida por los melómanos. Su interpretación cuenta con una larga tradición, ligada a maestros tan importantes como Furtwangler, Solti o Celibidache, por citar sólo a tres. Es una partitura compleja en su singularidad, por la riqueza de su orquestación y el carácter cambiante de sus secciones, que requieren de una lectura profunda y muy exigente para el director y la orquesta, que debe estar muy atenta a su continuidad instrumental. Milanov respondió con una versión bastante equilibrada, que expuso con elegancia los devaneos de un protagonista  de caras múltiples y sonoridades graciosas, apasionadas, ridículas, incluso quejunbrosas. El director búlgaro respondió con una paleta expresiva de colores bien trazados que proporcionaron una idea de la composición clara y plenamente coherente.
      Lo más emocionante llegó en la segunda parte, con una preciosa versión de "El canto de los bosques" de Shostakovich que Milanov llevó con mano maestra, dentro de un estilo tierno y emotivo que también cuidó las voces. De los solistas destacó el trabajo de Alexander Vinogradov, bajo de voz bien timbrada, fraseo exquisito y notable volumen sonoro. Fue un auténtico placer escuchar a este intérprete, que aportó una línea de canto serena y llena de elegancia. Sergey Romanovsky, sin embargo, estuvo bastante destemplado. Su interpretación en el fragmento "Un paseo por el futuro" desestabilizó la bella atmósfera creada, debido a una línea de canto calante y desafinada que tensionó la actitud de la orquesta e incluso del público. Creemos que hubiera sido interesante, no obstante, que el director hubiera ayudado al artista agilizando algo más el tempo del movimiento, quizás demasiado lento. Romanovsky lució una voz hermosa, de lo más adecuada para la obra, pero técnicamente  inestable.

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