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Crítica: Recital de András Schiff en el Auditorio Nacional para la Fundación Scherzo

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Autor: Gonzalo Lahoz
6 de junio de 2014
Foto: Festival Klavier Ruhr

EL DISCRETO INDISCRETO

Por Gonzalo Lahoz.
03/06/14. Madrid. Auditorio Nacional. XIX Ciclo Grandes Intérpretes Scherzo. Obras de Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert. András Schiff, piano.

  
Sorprendentemente a András Schiff se le suele presentar como un artista de imagen reservada, de aires circunspectos y cautelosas formas. Creo que ya va siendo hora de desprenderle de esa máscara que algunos se han empecinado en colocarle cuando en realidad, en lo que la industria musica se refiere, no deja de mostrar la misma discreción que tantos otros también tienen, más aún pianistas. Véase a la gran Elisso Virsaladze a modo de ejemplo y que regaló un sublime recital en el mismo ciclo hace unos meses.
   No puede -ni debe- ser discreto el artista que lucha por los derechos que considera fundamentales, llegando a denunciar a su propio país como Schiff lo lleva haciendo desde hace años. Apátrida por imposición -Estados Unidos le denegó la nacionalidad- o por decisión propia, puesto que renunció a su nacionalidad austriaca para denunciar el racismo y la xenofobia del país – Mortier o Mehta también se pronunciaron al respecto- y hace ya un tiempo que decidió no volver a tocar en su Hungria natal por la misma razón, siendo amenazado con cortarle las manos si regresaba.

   De este modo, Schiff se revuelve, grita y clama a todo aquel que quiera escucharle, otra cosa es su relación con el piano y su modo de abordarlo de cara al engranaje de la industria musical, demostrando que no hay por qué sumarse al “todo vale” y a la agresiva imagen del marketing si uno cuenta con su arte y oficio.

   El ahora pianista británico ideó para esta cita un programa de ensueño con cuatro sonatas, llamémosles vienesas, que comparten la particularidad de ser las últimas que sus autores escribieron y que vienen a exponer todo el magisterio de cuatro pilares básicos de la música como son Haydn (Hob. XVI: 52), Beethoven (Op.111), Mozart ((K.576) y Schubert (D.960), además de servirnos como clara muestra del desarrollo del piano a lo largo de sus generaciones, desde el clasicismo al romanticismo.
  Schiff es un técnico – que no burócrata - sensible, aquí sí comedido, con un uso realmente inteligente y dosificado del pedal, de claro fraseo expositivo con alguna licencia digamos dramática en cuanto al uso de ciertos silencios y una lectura más impersonal de lo que pareciera querer expresar el pianista pero que no deja de ser siempre realmente cautivadora, teniendo la agradable sensación de estar escuchando aquello que está escrito en la partitura. 

   Tras Haydn, Mozart, el jazz beethoviano, y la auténtica joya que es la 960 de Schubert, presentada por Schiff con una maestría de quitarse el sombrero, el pianista regaló un poco de Bach y de nuevo Schubert para cerrar una, sin duda, gran noche.  

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