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CRÍTICA: Rossen Milanov dirige el "Réquiem" de Mozart en el XXIII Concierto Premios Príncipe de Asturias

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Autor: Aurelio M. Seco
2 de noviembre de 2014
Foto: Facebook de la OSPA

CON LOS REYES EN “LOS PRÍNCIPE”

Por Aurelio M. Seco
Oviedo. 23/10/2014. Réquiem de Mozart. Dirección musical: Rossen Milanov. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Ainhoa Arteta, Maite Arruabarrena, Luis Dámaso, José Antonio López. Coro de la Fundación Príncipe de Asturias.

   Tener la posibilidad de ofrecer un concierto al año en presencia de los reyes de España es un privilegio que no poseen demasiados conjuntos sinfónicos de nuestro país. Debido a la existencia de los Premios Príncipe de Asturias, la Orquesta del Principado ofrece cuando le toca -se han hecho cargo de la cita otros conjuntos- lo mejor de sí misma en un velada llena de glamour y corbatas, de políticos con políticas no siempre favorables al mundo de la música, pero que se dejan ver cuando lo exige el protocolo. Nos ha gustado mucho que los reyes de España hayan mostrado ya en varias ocasiones su afición a la música y su apoyo a nuestros artistas.  Quizás siguiendo los pasos de Doña Sofía, que en esto siempre ha sido ejemplar, Doña Letizia está siendo una melómana realmente modélica, llegando incluso a profundidades que no siempre lucen los mejores aficionados. Es algo digno de agradecer en este momento tan difícil. En la enseñanza, la materia de música no está siendo bien tratada y nuestras orquestas y demás instituciones musicales tampoco pasan por su mejor momento.

  Para estas veladas realmente principescas, la Fundación ha venido preparando conciertos sinfónico-corales de interés y otros menos interesantes. Como siempre, los más reconfortantes siempre tienen que ver con acertar o no con el director de orquesta. El del año pasado preferimos no recordarlo y, el de este, podría haber salido, desde luego, mucho mejor. Dirigió la orquesta el titular de la OSPA, Rossen Milanov, director búlgaro que en su día recaló en Asturias con el ímpetu de un fuego fatuo querido y luminoso que, a cada paso, parece menos atractivo de lo que se esperaba. 

   Para la ocasión se eligió el Réquiem de Mozart, obra maestra de la expresión más profunda del dolor de un hombre genial que no pudo terminar su partitura. Se seleccionó a un cuarteto de cantantes del que sobresalió Ainhoa Arteta y José Antonio López. Arteta mostró un vibrato excesivo en su primera intervención, pero destacó durante toda la noche por su notable gusto interpretativo, de artista sensible, de extraordinaria cantante cuya presencia siempre se hace notar, por la calidad y templanza de su trabajo. José Antonio López también sobresalió por el tono dramático de sus intervenciones, que infundieron al texto una pasión y contundencia expresiva que hubiéramos querido ver también en el director. López pareció ir por libre en esto y a Dios gracias, porque su bonita voz de bajo de gran intérprete, supo ahondar en el drama con personalidad, a pesar del ronroneo expresivo de la batuta. Menos interesante resultó el trabajo de la mezzo Maite Arruabarrena, demasiado discreta, y poco apropiado el del tenor Luis Dámaso. Demasiado justo de recursos, Dámaso llegaba con dificultad a los agudos y a los finales de frase, lo que le llevó a precipitarlos casi por norma, para incomodidad del director, del público y de sus compañeros, que hubieran agradecido, a decir verdad, un tenor de mayor empaque artístico que no hubiera anclado las posibilidades del conjunto.

   La versión de Rossen Milanov se quedó a medio camino entre la expresión de ligeros criterios supuestamente historicistas y la búsqueda de la riqueza expresiva de una obra que debe aspirar a devorar los sentimientos de quien la escucha. Acompañar no es, desde luego, una de las mayores virtudes de este director amable, de gesto peculiar, estetizante y no siempre el más eficaz. Nos hubiera gustado que se hubiera influido mucho más en la sonoridad del coro y la orquesta.  La versión resultó inocua desde un punto de vista emotivo, casi naif. Podría haberse trabajado mucho más el sonido de la OSPA, y profundizado en el drama sonoro que supone la audición de esta gran partitura, patrimonio universal del alma. El Coro de la Fundación demostró conocerla bien, pero su versión también resultó un tanto plana. Tiene este Réquiem tantos momentos para sentir las voces más cerca, más cálidas, más bellas y para ofrecer unos contrastes dinámicos más ricos, que la versión nos dejó que desear. Eficaz Milanov, sin más, y un tanto descuidado al dirigir e interpretar los himnos español y asturiano, músicas mucho más importantes que el tiempo de ensayo que pareció dedicarles.

Foto: Facebook de la OSPA

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