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Crítica: Denoke protagoniza 'Lady Macbeth' en Viena

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Autor: Alejandro Martínez
9 de marzo de 2015

TUMULTUOSA DESOLACIÓN

Por Alejandro Martínez

Viena 08/03/2015 Wiener Staatsoper. Shostakovich: Lady Macbeth de Mtsensk. Angela Denoke (Katerina Ismailova), Kurt Rydl (Boris Ismailov), Misha Didyk (Sergej), Marian Talaba (Sinowi) y otros. Dirección musical: Ingo Metzmacher. Dirección de escena: Matthias Hartmann.

   Aunque propio Shostakovich estuvo presente en Viena durante los ensayos de su Lady Macbeth, cuando ésta se estreno en la Staatsoper en 1965, no fue sin embargo hasta 2009, con la presente producción, cuando la Ópera de Viena puso en escena la versión completa y original, tal y como el compositor la había concebido y escrito. La producción de Matthias Hartmann, aunque de corte clásico, muy pegada al libreto y por lo general poco ambiciosa (a años luz del magnífico trabajo de Kusej), está resuelta en todo caso con gusto y eficacia, con trazos limpios y una iluminación ejemplar, antojándose teatral y sosteniéndose sobre todo en una dirección de actores bastante entonada.Lo único que nos disgustó del trabajo de Hartmann fue la resolución de la aparición de Boris, con una proyección en imágenes poco inspirada y con la voz de Kurt Rydl amplificada sin necesidad.

   En el rol titular, celebramos encontrar a Angela Denoke en mucho mejor estado vocal que en su pasada Alceste del Teatro Real, ocasión en la que sin duda le penalizó la inadecuación vocal al rol. Lo cierto es que el extremo agudo parece aún hoy herido de muerte, con sonidos fijos e hirientes, pero el centro retiene un sonido nutrido y pastoso, con un color genuino, e incluso el primer agudo comparece a menudo con solvencia y bien timbrado, al margen de algún esporádico ataque caído de afinación. Plantea Denoke una Lady dura y honda, de mirada sostenida y agrio pesar; derrotada, sí, pero aguerrida. Es una espléndida actriz, magnética, capaz de generar tensión con su gestualidad y su manejo del espacio, acompañando a su particular lirismo como intérprete, cargado de una poesía apesadumbrada y herida. Estuvo francamente impresionante en el monólogo final, como enajenada.

   Como cabía esperar el veterano Kurt Rydl aportó su notable teatralidad y su voz grande y sonora a la parte de Boris, en la que supo mostrarse fiero y violento, pero también cómico en la escena previa a ser envenenado Katerina. Misha Didyk fue un tenor solvente para la parte de Sergej, en la línea de un Galouzine pero con medios menos rotundos. De entre el resto del competente y extenso reparto cabe destacar el material atractivo y bien timbrado del joven Ryan Speedo Green en la parte del sacerdote.

   Por último, sobre la dirección musical de Ingo Metzmacher sólo caben elogios. Supo sacar todo el partido necesario de la Filarmónica de Viena, orquesta que oscila mucho en su rendimiento conforme lo estimulante que sea la batuta que se sitúa en el foso de la Staatsoper. Bajo sus órdenes, la Filarmónica de Viena sonó de un modo sobresaliente y verdaderamente impactante, con momentos que eran como sacudidas y latigazos de un sonido electricante y brutal, como el acoso a Axinja o el primer encuentro sexual entre Katerina y Sergei, en contaste con otros de un lirismo sobrecogedor, como la introducción a la última escena en Siberia. La música de Shostakovich sonó bajo su batuta de un modo inexorable, como lastrada por una pesada fatalidad. En suma, pues, fue la suya una dirección musical contrastada, con mucha intencionalidad, compacta y de firme arquitectura, muy atenta a subrayar e integrar los numerosos ritmos y melodías que pueblan la partitura, lo mismo que los distintos tonos y acentos de la obra, desde los más violentos y vigorosos a otros más cómicos o de particular lirismo, como el vals con Boris o el tono burlón de la aparición del sacerdote. Metzmacher dio muestras de una gran capacidad para generar y resolver los numerosos climax de la partitura, ofreciendo una música inquietante, cargada de tensión y lirismo a partes iguales, con un sonido brillante y transparente, nunca alborotado o falsamente vigoroso.

Fotos: Wiener Staatsoper/Michael Pöhn

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