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Crítica: El contratenor Max Emanuel Cencic en Peralada

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Autor: Jordi Maddaleno
17 de agosto de 2015

MARKETING O MISTICISMO

Por Jordi Maddaleno

Festival Castell de Peralada. 10/8/2015. Iglesia del Carmen. Max Emanuel Cencic, contratenor. Vespres d’Arnadí. Dirección Musical: Dani Espasa.

   Que los contratenores están de moda en el mundo de la lírica no deja de ser casi más bien un reclamo de marketing, o una lectura algo superficial de un fenómeno vocal que se ha reivindicado como verdaderas estrellas del canto en pleno siglo XXI. Esta voz equívoca, que tanto puede llegar a fascinar como extrañar a los no avezados en el mundo de la lírica actual, tiene en Max Emanuel Cencic (Zagreb, 1976), uno de sus principales faros vocales. Cencic triunfa desde su productora Parnassus, con programas, Cds, óperas rescatadas y nuevas producciones que han revitalizado el mundo del barroco con éxitos tan incontestables como el Artaserse de Leo Vinci, o más recientemente con la preciosa ópera Catone in Utica del mismo compositor. Max Emanuel se presentó en la Iglesia del Carmen de Peralada, debutando en un Festival que adora las voces, con un austero programa en el que presentó cantatas y motetes espirituales de la época barroca. Si bien es verdad que el divo sirvió un recital sin fisuras y muy contenido, con el estilo adecuado y la técnica que se espera de un especialista, también es cierto que la decepción se hizo presente desde la primera pieza vocal. En el Salve Regina de Nicola Porpora mostró un instrumento vocal de cuerpo pequeño, emisión tímida y colores más bien apagados, que además sumado a la actitud huidiza del cantante, evitando el contacto visual con el público y con una dependencia notoria de la partitura, no ayudó en ningún momento en poder degustar de una música delicada y trascendente. Podría pensarse que el enfoque de Cencic buscó un recogimiento o un sentimiento místico alejado del mundo, pero lo cierto es que las limitaciones acústicas de su instrumento, ¿tendría una mala noche?, fueron evidentes en casi todo el cuarto de hora aproximado que dura la pieza de Porpora. Aquí hay que subrayar las prestaciones de la agrupación Vespres d’Arnadí con su director y fundador, el pianista y clavicembalista, Dani Espasa, quien intentó en todo momento revitalizar un programa titulado “Amores y pasiones”, visto el lado esquivo del enfoque de Cencic. Ahí estuvo el rítmico y contagioso Concierto para violín (donde destacó la labor solista de Lina Tur Bonet) y órgano (con un brillante Espasa) en Re menor RV541 de Vivaldi, un bálsamo sonoro en medio de un recital con ecos más bien anodinos, como volvió a demostrar Cencic en la cantata espiritual para alto y bajo continuo "Dove fuggo, a che penso” de Leonardo Leo. Fraseo aséptico, expresividad distante y resolutiva sin aportar carácter trascendente o llamativo. Es verdad que la voz fue más presente en la cantata. solo tenía a Oriol Aymat al violoncelo y a Manel Minguillón a la tiorba y aún así ambos músicos parecieron más presentes en el interpretación que el contratenor, absorto en un estado de contención interpretativa de difícil captación.

   Durante la pausa la evidente frialdad de la respuesta de un público que no llegó a llenar ni la mitad de la iglesia, se tornó en monotonía con el inicio de una segunda parte donde de nuevo destacó la aportación instrumental de Vespres d’Arnadí y su sonata en Fa mayor para violonchelo y bajo continuo de Porpora. En contraste poco más que gris la aportación de la cantata “Vissi non niego” de Leonardo Leo con un de nuevo místico y monolítico Cencic. Momento de exhibición para Lina Tur con el Concierto para violín en Do menor RV771 vivaldiano para cerrar el programa con el motete Qualis avis de Nicola Porpora. Aquí el contratenor pareció destacar con algo más de intenciones subrayando los contrastes de la partitura y rubricando con esmero una coloratura certera y ágil, todo ello sin acabar de despertar a un público, en su mayoría aletargado, que obsequió con evidente ánimos sus aplausos a la formación catalana y mecánica aprobación a un solista que no quiso dar más de sí, ni siquiera un bis.

Foto: DR

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