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Crítica: Juan Diego Flórez en el Festival de Peralada

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Autor: Jordi Maddaleno
11 de agosto de 2015

EL CANTO ENSIMISMADO

Por Jordi Maddaleno.

Peralada. 6/08/2015. Auditori Festival Castell de Peralada. Juan Diego Flórez, tenor. Orquesta de Cadaqués. Dirección Musical: Espartaco Lavalle.

   Por tercera vez, Juan Diego Flórez, el astro, el tenor de oro, el peruano universal que ha conquistado con su voz la lírica mundial, volvía al Festival Castell de Peralada. La organización del Festival anunciaba antes del recital que el tenor recibiría después del concierto la “Medalla de honor” del evento estival ampurdanés junto a la mítica Teresa Berganza, presente en el concierto como ilustre espectadora. Las expectativas ya de por sí grandes, se suscribían pues con un recital que se convertía en una especie de homenaje a dos de los mejores intérpretes rossinianos de la historia, ahí es nada.

   Acompañado por la Orquesta de Cadaqués, y bajo la batuta del peruano Espartaco Lavalle, director artístico de Sinfonía por el Perú, del que Flórez es mecenas y fundador, desde el inicio del recital se pudo apreciar que Juan Diego está en plena forma. La voz presente, el timbre cálido, pulido y homogéneo, el registro agudo insultante y desahogado, la linea de canto impoluta, delineada por un detallismo de pulcritud extrema… el intérprete entregado y sereno. Para empezar nada más y nada menos que el aria final de Edgardo de la Lucia donizettiana, avanzando casi en primicia, su próximo y muy esperado debut con el principal tenor de esta ópera en el Liceu el próximo mes de diciembre. Reto superado con nota, la perfección presente en todo momento, el estilo pluscuamperfecto, pero… la sensación de que el acompañamiento orquestal estaba tan pendiente del astro latino a cada entrada, respiración y tempo, restó naturalidad y emoción a una interpretación sin mácula. Esta sensación algo frustrante se repitió con momento casi antimusical, cuando en la interpretación de la segunda pieza, el aria de Faust “Salut demeure” tenor y director se miraron mutuamente con parón musical instantáneo para buscar y recoger entrada mútua…¿Para qué entonces una orquesta?, ¿para qué un director musical? Flórez marcó con sus gestos y brazos el tempo del aria durante casi toda la interpretación, la cautela musical ganó a la excelencia canora.

   Este recital servía de alguna manera para presentar un nuevo Flórez, un tenor que amplía repertorio con papeles de la ópera francesa, siguiendo el modelo Kraus, y cantando en vivo la piezas que configuran su último cd, editado por Decca, L’amour, donde interpreta a Faust, Roméo, Werther…Había mucha expectación por comprobar cómo se desenvolvía en este nuevo rol de tenor lírico en este repertorio y la voz, hay que decir que luce y agrada, si bien es verdad que por color y cuerpo, tanto en Faust, como en las dos arias del Werther massenetiano, la orquesta, aún comandada con suma cautela, llegó a tapar en más de un momento a Flórez. Los tintes claros y cálidos de su timbre aterciopelado carecen de la punta de un Beczala o la densidad de un Kaufmann, por mencionar dos ilustres compañeros que han abordado el rol con éxito. Flórez asume su interpretación apoyado en un fraseo dorado, con una dicción que busca la excelencia y unas prestaciones que consiguen arrojar luz belcantista en las piezas, pero el abordaje del rol entero en la ópera está por ver si tendrá la excelencia de sus incursiones rossinianas.

   La segunda parte del recital ganó en naturalidad a pesar del mencionado guante quirúrgico de Lavalle desde el podio para que el tenor luciera en todo su esplendor. En el aria de La Favorite, triunfó con brillantez, pero fue con un radiante “T’amo qual s’ama un angelo", de la Lucrezia Borgia de Donizetti, donde el regocijo sonoro de su canto cuajó con una interpretación que se llevó la primera ovación del público con aplausos y retumbe de pies en la tarima de la platea, como se obsequia en Peralada a una interpretación fuera de serie. A partir de aquí el divo cantó lo mejor de todo el recital con la extrovertida aria de Roméo “L’amour…ah lève-toi soleil!” pura luz y belleza, para acabar el recital con la comicidad de Offenbach y su “Au mont ida” de La Belle Helene donde Flórez cantó los agudos endemoniados que trufan el aria con la facilidad pasmosa que lo hace célebre. El grado humorístico muy acorde con el género de la opereta francesa, con el que el tenor encarnó la pieza animan a querer verlo en este tipo de roles, quizás más adecuados a su vocalidad que no los roles más dramáticos por los que parece encaminarse.

  Con un ambiente caldeado y en recuerdo de la célebre Teresa Berganza en el palco de honor del Festival, Flórez salió guitarra en mano, y por un momento, sin orquesta y solo su voz y guitarra, cantó en honor a la grandísima, una “Malagueña salerosa” llena de emotividad y virtuosismo en los famosos falsetes con los que se suele adornar esta canción universal que bordó con naturalidad y entusiasmo causando el delirio del público. Generoso y espoleado en cada salida a saludar el divo regaló una exultante “La donna e móbile”, una preciosista “Je veux encore entendre ta voix”, del Jérusalem de Verdi, para acabar en honor de multitudes con una “Furtiva lagrima” donde demostró por qué es un maestro absoluto del belcantismo italiano. Flórez triunfó, encandiló y sedujo, pero también quedó en el aire la sensación de un artista ensimismado en la belleza de su canto, cual narciso canoro, recreado en la belleza de un fraseo apolíneo pero que puede llegar a rayar cierto amaneramiento por su laxitud con el tempo, más que a su servicio en este caso, quizás por la falta de ensayos con la orquesta. El director Espartaco Lavalle dirigió de manera sonora y algo convencional las piezas orquestales que intercalaban el recital para que Flórez descansase. Cual flor de belleza delicada y frágil, que se cuida y enseña tapada con un receptáculo de cristal, así pareció la labor de la orquesta. Suerte que Juan Diego Flórez no necesita demostrar a estas alturas nada, es un fuera de serie, y si hay pocos ensayos con orquesta, su voz y maestría suplen con creces el resto… cosas de divos.

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