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Crítica: 'Lady Macbeth' en la Deutsche Oper de Berlín

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31 de enero de 2015

LADY NÓRDICA

Por Alejandro Martínez

Berlín: Deutsche Oper. Shostakovich: Lady Macbeth. Evelyn Herlitzius, Sir John Tomlinson, Maxim Aksenov, Thomas Blondelle, Nadine Secunde y otross. Donald Runnicles, dir. musical. Ole Ander Tandberg, dir. de escena. 

   Estrenada ya hace unos meses en Oslo, en septiembre de 2014, la Deutsche Oper de Berlín ponía recientemente en escena esta nueva coproducción de la Lady Macbeth de Shostakovich firmada por Ole Anders Tandberg y que bien se diría patrocinado por IKEA, o por cualquier otra multinacional nórdica, amen de la reconocible ambientación que dispone en el escenario, con una típica casa de aquellos lares, en un entorno de pescadores, con la vivienda aislada sobre un promontorio rocoso, en evidente alegoría con el aislamiento sentimental que padece la protagonista de esta ópera. Como sucede por cierto a casi todas las producciones que cuentan con una escenografía única, el espectáculo a la postre termina por ser reiterativo y agota pronto su fuerza. Es indudable la buena factura de Tandberg por cuanto hace a su dirección de actores, a su trabajo con el espacio, la iluminación y demás, pero a su producción, por lo de más vistosa, le falta llegar a alguna parte. Y es que narra la historia con fuerza, pero sin estremecimiento. El hecho así es que bajos ropajes más o menos ocurrentes y renovados se esconde sin embargo una producción de corte netamente clásico. El trabajo de Martin Kusej que vimos en el Teatro Real de Madrid situó el listón muy alto con esta obra, comprendiendo a un tiempo el drama interior y disponiendo un espectáculo epatante en su escenografía. El trabajo de Tandberg queda ciertamente lejos de aquel logro.

   En el foso encontramos quizá el mejor trabajo que podamos recordar de Donald Runnicles, el director titular de la Deutsche Oper desde 2009. Amén del espléndido desempeño de la formación como tal, Runnicles estuvo francamente medido y meditado en su enfoque, no exento ni de intensidad ni de lirismo, resaltando además de tanto en tanto las resonancias wagnerianas de la música y su impactante orquestación. Elogioso también el trabajo del coro titular del teatro, con una parte exigente, compleja y un tanto ingrata.

   La incombustible e intensa Evelyn Herlitzius retomaba un rol, el de Katerina Izmáilova, exigente hasta decir basta y que ya cantase en 2009 en la Scala de Milán. Herltzius sigue siendo un animal escénico de indudable valía y su instrumento posee una fuerza y un ímpetu naturales que elevan la temperatura de la sala cada vez que interviene. En cualquier caso, mostró alguna tirantez en el extremo agudo, por mor de esa emisión tan muscular y tensa por momentos. Fue más que capaz, en todo caso, de plegarse al lirismo requerido en la gran página que Shostakovich escribiera para su parte, el “Tol'ko ya odna toskuyu”.

   El veterano John Tomlinson demostró que sigue siendo una bestia incombustible en escena; por mucho que pasen los años, su impacto actoral es sobresaliente. Ciertamente, en cambio, a la voz le queda lo que le queda, esto es, una sonora capacidad de epatar, que unida a la extraordinaria habilidad de Tomlinson para subrayar el texto con esa acentuación tan intensa y esmerada que atesora. El fiado le juega alguna mala pasada de tanto en tanto, entrecortando algunas frases más de lo querido y debido, y la voz arriba apenas responde, pero para un rol como este Borís, su desempeño fue no sólo suficiente sino incluso elogiable. Cumplió con nota el extenso grupo de secundarios, destacando el buen hacer del tenor Maxim Aksenov con la parte de Sergei y el buen desempeño actoral de Thomas Blondelle con la parte de Zinovi.

Autor:Alejandro Martínez
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