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Crítica: Arranca la temporada 175 de la Filarmónica de Nueva York con Alan Gilbert y Lisa Batiashvili

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Autor: Pedro J. Lapeña Rey
27 de septiembre de 2016

"El otro acontecimiento de este año es sin duda que la Orquesta y sus temporadas cumplen 175 años, lo que la convierte en la más veterana de las Américas, y en una de las más antiguas del mundo".

RAYANDO LA PERFECCIÓN

  Por Pedro J. Lapeña Rey
Nueva York. David Geffen Hall  23/9/2016. Temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Nueva York (NYPO). Lisa Batiashvili. Director musical: Alan Gilbert. Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 38 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Sinfonía n° 9 en mi menor, op. 95, “Del nuevo mundo” de Antonin Dvorak.

   La nueva temporada de la Orquesta Filarmónica de Nueva York no va a ser una más. Hay cosas que no cambian. Los 30 programas de abono, algunos con alguna modificación de un día a otro. El nivel de los directores invitados donde veremos entre otros a Zubin Mehta, Vladimir Jurowski, Iván Fischer o Herbert Blomsted. La pléyade de solistas de primer nivel como Lang Lang, Yefim Bronfman o Yo-Yo Ma. El estreno de obras encargadas por la orquesta a Lera Auerbach, HK Gruber o Winton Marsalis. Las galas habituales donde cualquier finalidad es buena para recaudar fondos para la orquesta. Esa-Pekka Salonen y Leonidas Kavakos serán respectivamente el “compositor y artista en residencia”.

   Sin embargo, tras siete años en el cargo, Alan Gilbert, a sus 50 años llega al final de su mandato como director musical. Siete años en los que la NYPO ha experimentado un cambio que según amigos neoyorquinos, no se vivía en la orquesta desde la titularidad de Pierre Boulez en los años 70 del pasado siglo. Unos años que se han caracterizado por su apertura a más públicos, a otros espacios de la ciudad sobre todo en los conciertos de sus grupos de cámara, y a más música de nuestro tiempo. Deja como herencia una orquesta a nivel altísimo, de vuelta tras unos años algo más oscuros al grupo de las mejores centurias del planeta, con más mujeres que nunca en sus atriles (es admirable ver como son amplia mayoría en violines y violas), y con un proyecto personal como la Bienal de Música Contemporánea, que en solo dos ediciones se ha convertido en referente en los EE. UU.

   El otro acontecimiento de este año es sin duda que la Orquesta y sus temporadas cumplen 175 años, lo que la convierte en la más veterana de las Américas, y en una de las más antiguas del mundo. De hecho, salvo la de la Gewandhaus de Leipzig o las de algunos de los teatros de ópera alemanes como Dresde o Baviera, no hay orquestas que lleven en activo sin interrupción desde 1842. Incluso la Filarmónica de Viena, que empezó como tal el mismo año, cesó su actividad durante unas temporadas. El primer concierto fue el 7 de diciembre de 1842 y junto a obras de Weber, Hummel, Kalliwoda, Mozart y Rossini, se interpretó la “Gran sinfonía en Do menor”, la quinta de Ludwig van Beethoven. Desde entonces hasta este fin de semana, la friolera de 16.117 conciertos.

   El acontecimiento va a celebrarse por todo lo alto. El núcleo va a ser la interpretación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvorak. Fue estrenada por la orquesta en el Carnegie Hall, con Anton Seidl a la batuta, en un ensayo general abierto al público el 15 de diciembre de 1893. El concierto se celebró el día siguiente, el 16, y fue el primer estreno que hizo la orquesta de una obra compuesta en territorio americano. Desde entonces más de 300 interpretaciones bajo batutas legendarias como Walter Damrosch, Josef Stransky, Willem Mengelberg, Sir John Barbirolli o el mismísimo Wilhelm Furtwangler.

   La orquesta se ha propuesto llevar esta obra a todos los rincones de la ciudad, y en lo que se ha llamado “The new world initiative”, se va a tocar no solo en los conciertos de abono, sino también en programas de los “conciertos para jóvenes” que popularizara el inolvidable Leonard Bernstein, o en los “conciertos en los parques” de la ciudad del próximo verano. Además se han llegado a acuerdos con muchos grupos y orquestas de la ciudad para que la obra se interprete en todos los formatos y arreglos posibles, bandas de jazz incluidas. Se han encargado a compositores jóvenes nuevas partituras de obras relacionadas con la Sinfonía, pero vistas con ojos actuales. En fin, una iniciativa admirable y de largo espectro.

   Las primeras interpretaciones se llevan a cabo estos días en el David Geffen Hall, sede de la orquesta, acompañada por diversas obras. El pasado miércoles 21, en la gala inaugural de la temporada que se pudo seguir en directo a través de Facebook, se dio junto a Stomp, de John Corigliano, y al Concierto para piano de George Gershwin, y el próximo martes 27 se dará igualmente junto a Stomp y al Concierto para clarinete de Mozart. Entre medias, en los tres primeros conciertos de abono de la temporada, este fin de semana ha estado acompañada por el Concierto para violín de Tchaikovsky.

   La obra, aunque evidentemente se compuso en Nueva York y según su autor, está llena de influencias de la música americana, no deja de ser una obra de Dvorak, eminentemente checa. Tradicionalmente, su interpretación ha tenido dos corrientes divergentes. Por un lado los que la consideran dentro de la gran tradición germánico-brahmsiana, entre los que podemos adscribir a batutas tan importantes y distintas entre sí, como Herbert von Karajan, Leopold Stokowski o SergiuCelididache, y por otro, la escuela checa que parte de Vaclav Talich y llega a Jiri Belohlavek pasando por Rafael Kubelik, Karel Ancerl o Vaclav Neumann, donde se lasitúa como una de las cumbres del nacionalismo musical bohemio.

   Dado que la obra fue compuesta en América y estrenada por una orquesta americana, siempre había querido verla interpretada por una de ellas. Tenía curiosidad por ver si habría una tercera vía, una escuela americana que se apartara de las dos corrientes mencionadas. De la interpretación de Gilbert y la NYPO podemos vislumbrar que si la hay, estaría más cercana a la primera que a la segunda.

   El director neoyorquino planteó una versión extremadamente cuidadosa y detallista en el Adagio inicial, sin abusar de las dinámicas, levantando un muro de sonido "alla germánica" según la partitura llega al Allegro molto posterior. La respuesta orquestal fue excelente, con intervenciones precisas y preciosas de las maderas, arropadas por el suntuoso sonido de unas cuerdas densas y cálidas. El Largo posterior fue placentero, delicado, pastoral, con clarinete, fagot y corno inglés en estado de gracia y con los “pianissimi” de las cuerdas de quitar el hipo. El Scherzo con sus danzas fue contundente a la vez que equilibrado, de dinámicas graduadas para que nada se fuera de control. En el Allegro con fuoco final, por fin Alan Gilbert “se desmelenó” - quizás más de la cuenta – con una respuesta orquestal de nuevo de primer nivel, incluidos en este caso unos metales impresionantes que se sacaron así la espina de un par de pequeñas pifias iniciales, algo raro de ver en esta orquesta.

   Previamente, el concierto había comenzadocon una de las obras cumbres de la literatura musical para violín. El Concierto en Re mayor de Tchaikovski. Es quizás uno de los más complejos del repertorio, donde un solista está más expuesto. En él, no vale el virtuosismo sin más, ni la musicalidad sin más. El intérprete debe demostrar y salir airoso en todos sus registros. El concierto, considerado intocable por su primer dedicatario, Leopold Auer, fue finalmente estrenado por Adolf Brodsky en diciembre de 1881. Sabemos que con el tiempo, Auer lamentó su decisión y posteriormente lo interpretó de manera habitual. Algunos de sus alumnos como Nathan Milstein o Jascha Heifetz fueron intérpretes señeros de la obra.

   Contamos con la violinista georgiana Lisa Batiashvili, intérprete sublime que a la vista de los últimos conciertos que la he visto, y en concreto de éste del viernes, la empiezo a considerar "primus inter pares" de toda la pléyade de excelentes violinistas que pueblan hoy en día las salas de conciertos.

   Su entrada en el Allegro Moderato inicial fue sensual, cálida, reposada, recreándose en la suerte. Según avanzamos el sonido fue haciéndose más pleno, más denso, con chispa continua. Alan Gilbert quien empezó cuidándola mucho, se explayó en el siguiente tema de la orquesta con solemnidad y un sonido esplendoroso. Excelente los pizzicati de la orquesta cuando acompañaron el segundo tema, y que nos llevaron a una cadenza espectacular, donde la Batiashvilinos deleitó con calidez y energía, además de limpieza extrema. El final de la misma desembocó en una parte final del movimiento de nuevo sensual, bien cantada, que fue creciendo en poderío, y que fue complementada por una excelente orquesta donde el Sr. Gilbert se las arregló para conseguir un equilibrio cuasi perfecto orquesta-solista.

   En el Andante posterior, la Sra. Batisahvili dio una clase maestra de cómo se frasea una obra como ésta, dejándola respirar, cantándola sin caer en languideces, y donde las maderas de la orquesta se sumaron a la fiesta con un acompañamiento excepcional. Tras el attaccasubito correspondiente, tanto orquesta como solista se lanzaron a la carrera sin freno del Allegro vivacissimo final, tocado de poder a poder, donde desplegaron a partes iguales virtuosismo y energía, creando el contraste imprescindible entre ambos. Numerosas ovaciones a ambos en una interpretación que estuvo cercana a la perfección.

   Si el nivel alcanzado en este concierto se mantiene a lo largo de toda la temporada, creo que vamos a disfrutar mucho.

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