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Crítica: Concierto de cierre de temporada de la Tafelmusik Baroque Orchestra en Toronto

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28 de mayo de 2016

CRUZAR CULTURAS

   Por Giuliana Dal Piaz
Canada. Toronto. 17/V/16.Tales of Two Cities. The Leipzig-Damascus Coffee House. Directed by Jeanne Lamon. Alison Mackay. Marshall Pynkoski. Glenn Davidson. Raha Javanfar. Tafelmusik Baroque Orchestra.

Entrando en el gran auditorio Koerner Hall del "TELUS Centre for Performance & Learning" (el auditorio más importante del Conservatorio de Toronto), nos llaman de inmediato la atención dos paneles iluminados, cada uno con la imagen de un panel de madera que se conserva en la "Sala Damasco" del Museo de Dresda; en el medio, una pantalla con la imagen de una antigua puerta siria, que se "abrirá" varias veces en el curso del espectáculo para mostrarnos mapas geográficos y fotos antiguas o contemporáneas: el interior de casas o cafeterías, calles y mercados, tanto en Lipsia como en Damasco.

   Aqui se desarrolla el concierto que cierra (del 19 al 24 de Mayo) la Temporada 2015-2016 de la Tafelmusik Baroque Orchestra de Toronto, un evento muy original y de gran éxito: Tales of Two Cities (the Leipzig-Damascus Coffee Houses) o sea Cuentos de dos ciudades (los Cafés de Lipsia-Damasco), un título alusivo a una famosa novela de Charles Dickens.

   Al fondo del escenario están unas sillas estratégicamente dispuestas detrás y a los lados del clavecín; en el medio del pavimento una gran estrella de David, dibujada por unos perfiles rojo y amarillo; en un lado del proscenio tres sillas y soportes para percusiones. Hacen su ingreso la contrabajista Alison Mckay, ideóloga del espectáculo y autora del texto narrativo, la clavecinista Charlotte Nediger,y tres instrumentistas más, entre ellos la violinista Aisslin Nosky, mientras que la extraordinaria percusionista iraní  Nagmeh Farahmand avanza al compás de uno de los tambores persas que ella toca en el curso del espectáculo. Unos segundos más, y desde la platea llega el sonido de los demás instrumentos de la Tafelmusik Orchestra, que se dirigen tocando al escenario en fila india en los pasillos a los dos lados del público.

   Empieza así un increíble viaje a la realidad que vivían en el siglo XVIII dos ciudades lejanas y muy distintas la una de la otra, que tenían sin embargo unos sorprendentes aspectos comunes: Lipsia en Alemania y Damasco en Siria. Ambas eran, desde finales del siglo XV o XVI, las principales encrucijadas de concurridas rutas comerciales, ambas eran sede de importantes Universidades y por lo tanto de amplias comunidades estudiantiles, y eran también destino privilegiado de viajeros desde los países circunstantes; a principios del siglo XVIII tenían además entre ellas un intercambio regular de ciertos productos - desde Siria llegaba, por ejemplo, la materia prima de la tinta para imprenta, y Alemania, por su lado, enviaba a Damasco resmas de papel para imprimir libros. Por encima de todo esto, tenían en común, en la vida diaria, un aspecto sumamente interesante: los hombres asistían de manera regular a los Cafés, que no eran simplemente lugares donde se consumía esa bebida, sino lugares de encuentro cultural, donde se tocaba música (en los Cafés de Damasco también danzaban los derviches, haciendo girar los largos faldones de sus sobretodos blancos...), se narraban cuentos y leyendas, se comentaban los últimos libros publicados, se intercambiaban noticias e informaciones de tipo humanístico y científico.

   He aquí entonces que la contrabajista y genial investigadora histórica de Tafelmusik, Alison Mckay, ideó este concierto-espectáculo multimedia que sigue en la línea creativa que ella iniciara con "The Galileo Project" (2009), después con "House of Dreams" (2012) y "Johann Sebastian Bach: The Circle of Creation" (2015): reconstruir un mundo artístico y cultural del pasado con base en la música de la época.

   El espectáculo está muy bien llevado, con habilidad y un gran sentido de la hironía, por el conocido actor/director canadiense Alon Nashman, que conecta entre ellas las varias piezas musicales contando lo que ocurría en el siglo XVIII en las dos ciudades en comparación, por momentos acompañado y traducido al árabe por la estatuaria actriz y cantante egipcia Maryem Tollar, miembro del Trío Arábica, que en esta ocasión comparte escena con la Orquesta Tafelmusik.  

   El programa de este diálogo entre Lipsia y Damasco comprende, por parte de Europa, piezas de Telemannn - cuya Ouverture en re mayor TWV 55:D18 abre y cierra la primera parte del concierto,  Monteverdi, Lully, Händel; se reanuda en la segunda parte con el Allegro de Händel desde el Concerto Grosso en re mayor, op. 6, n. 5, al que sigue, como contrapunto y desafío ("¿Quién será, pues, este jovencito desconocido que llega de Italia?..." se preguntan a propósito de Torelli), un extraordinario solo de violín de Aisslinn Nosky, quien ejecuta el Allegro del Concierto para violín en mi menor op. 8 n. 9 de Giuseppe Torelli con sus acostumbrados ímpetu y vivacidad a pesar del pie enyesado; el Burlesque de Don Quixote de Telemann y dos breves pasajes de Bach. A las piezas europeas, se añadieron obras tradicionales árabes, tocadas por el Trío Arábica - además de cantar con una linda voz harmoniosa, Maryem Tollar toca el kanun, una especie de arpa horizontal; el músico de origen griego Dimitri Petsalakis toca el tradicional oud, el laud árabe por antonomasia; y las manos de Nagmeh Farahmand vuelan con ritmo vertiginoso sobre sus percusiones, Tonbak, Daf, Dayereh, Framedrum... -: resuenan las piezas Badat Min al Khidri (Ella salió de la tienda...), Yammud Uyoun Issoud (Me pierdo en tus ojos negros...), Ya Malikan (Tú que eres dueña de mi corazón...) y, en la segunda parte del concierto, Afdihi i Hafidhal Hawa Ow Diya'a (Mi vida te pertenece...) y Tala'a Min Beyt Abouha (Yendo de la casa de su padre a la del vecino...).

   Un espectáculo tan complejo requiere algo más que la dirección musical, confiada a la maestría de Jeanne Lamon: por ello Glenn Davidson ha diseñado la producción (como ya lo hiciera con los demás proyectos multimediales de Alison Mckay); Marshall Pynkoski, director de Opera Atelier se ha encargado de la dirección escénica y de la coreografía de movimientos, mientras que Raha Javanfar se ha  responsabilizado de las luces y la proyección de imágenes.  

   El tema que inspira todo el proyecto es el de la comunicación y la colaboración entre culturas distintas, realizable sobre todo a través del intercambio cultural y artístico (no es una casualidad que el violín de Christopher Verrette establezca repetidamente un fantástico diálogo tanto con el oud de Petsalakis como con las percusiones de Farahman), pero no de manera exclusiva: en Damasco, cristianos y judíos eran libres de tener su residencia y practicar su propia religión, en barrios destinados a ellos, aunque tenían que pagar impuestos más altos que los musulmanos.

   Una observación marginal: la música árabe tradicional suena seguramente muy exótica en Toronto, pero para italianos y españoles (la orquesta Tafelmusik cuenta entre sus miembros estables a los  italianos Stefano Marcocchi, viola, y Marco Cera, oboe, mientras que tocan con ella dos concertistas de origen italiano, Dominic Teresi, el fagot como en este caso, y Lucas Harris el laud barroco) ella representa ritmos familiares y cercanos, debido a nuestro origen mediterráneo común, a los cuales estamos expuestos desde siempre.  

Autor:Giuliana Dal Piaz
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