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Crítica: Jorge de León protagoniza 'Un ballo in maschera' en la Deutsche Oper Berlin

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Autor: Rubén Martínez
19 de septiembre de 2016

"La auténtica revelación vocal de la velada resultó indudablemente la joven contralto rumana Judit Kutasi como Ulrica. Atención, porque estamos ante un fenómeno vocal que a buen seguro se convertirá en una referencia en su vocalidad a corto plazo. Será cuestión de tiempo (no mucho) que la Kutasi se posicione como una Amneris y Azucena de referencia en los principales coliseos líricos mundiales".

DEBUT DE LEÓN

 

Por Rubén Martínez
Berlín. 17/9/16. Un ballo in maschera, Verdi. Jorge de León, Etienne Dupuis, Adrianne Pieczonka, Judit Kutasi, Elena Tsallagova, John Carpenter, Andrew Harris, Alexei Botnarciuc, James Kryshak, Robert Watson. Dirección musical: Donald Runnicles. Dirección de escena: Götz Friedrich.

   Asistimos en la Deutsche Oper de Berlin a la enésima reposición de Un ballo in maschera en la producción estrenada en 1993 bajo la firma de quién fuera durante casi veinte años director general de la entidad lírica, el alemán Götz Friedrich, quién ocupó dicho cargo desde 1982 hasta su fallecimiento en diciembre del año 2000. La producción, con escenografía y vestuario de Gottfried Pilz e Isabel Ines Glathar, incide en la pasión del rey Gustavo III de Suecia por las artes escénicas así como en su supuesta homosexualidad puesta de manifiesto en su protegido Oscar, con esa escena de tensión sexual no resuelta durante el preludio en el que también se juega con una hipotética afición por travestirse.

   No es este Ballo una de las producciones más interesantes de Friedrich, quién saltó a la fama por su controvertida puesta en escena de Tannhäuser en el festival de Bayreuth allá por 1972. La omnipresencia del rojo, blanco y negro en el vestuario, junto con una escenografia parca y minimalista, confeccionaron momentos bastante pobres en cuanto a resultados puramente estéticos (esa habitación blanca y desnuda con un par de sillas y un mesa boca abajo al inicio del tercer acto) que, aunque quieran pasar por konzept, terminan resultando vacíos y algo sonrojantes, lo que tampoco se ve compensado por una dirección de artistas especialmente inspirada.

   Nos encontramos, además, ante una de esas producciones que afecta directamente al resultado musical de la velada al situar las masas corales tanto en la primera escena como en la última muy al fondo del escenario, alejadísimos del foso, lo que unido al limitado número de ensayos con orquesta que suele ser habitual en este tipo de teatros de repertorio ocasionó un buen número de desajustes con la batuta, unas veces adelantándose a ésta y otras yendo a remolque de la misma. En este sentido no transmitió casi nunca sensación de seguridad y control la dirección del maestro Donald Runnicles con tiempos algo erráticos y plúmbeos así como descoordinaciones con el escenario que no llegaba a atajar desde el podio con la premura deseada. La Orquesta de la Deutsche Oper tampoco pareció especialmente motivada en esta velada, quizás con un plus de incertidumbre e inseguridad que impedía que surgiera algo de magia desde el foso. Sólo a partir del preludio del segundo acto se empezó a apreciar algo de la calidad que indudablemente atesoran sus profesores, pero lejos de lo que cabría esperar en un coliseo de este nivel. También rozaron lo inasumible determinados números corales, como el "Posa in pace" inicial, pobretón y desempastado, con una sorprendentemente deficiente dicción italiana para una formación de esta categoria.

   Uno de los principales atractivos de asistir a esta representación se encontraba, por descontado, en el debut que el canario Jorge de León realizaba de la parte de Gustavo. Con una carrera internacional imparable que tiene en Cavaradossi, Radamés, Calaf y Don José sus principales armas, había expectación por presenciar su aproximación a un rol verdiano que tiene algo de peculiar, con esa mezcla de dramatismo, comicidad y ligereza que lo hace único en cierto modo. Aunque su entrada con "Amici miei, soldati" resultó algo desordenada rápidamente su vocalidad se asentó ya en "La rivedrà nell'estasi" con un soberbio la sostenido marca de la casa ("La sua parola udrà"). De León siguió demostrando también la solidez de su registro grave con un más que notable re bemol por debajo del pentagrama en "Nel sangue contaminarmi allor dovrei", donde tantos tenores sufren para no quedar en evidencia, así como en el do bemol de "Irati sfidar" y "Le forze del cor" durante su escena con Ulrica "Di tu se fedele". El instrumento del canario se apreció sano y sin que el pesado repertorio con el que se desarrolla su carrera parezca estar deteriorándolo prematuramente. De hecho se pusieron de manifiesto ciertas mejoras en cuanto a la sutileza y cuidado en los finales de frase que en otro tiempo no siempre eran perfectos. Incluso su centro pareció más estable y sin ese vibrato ancho que hacía aparición con cierta frecuencia en temporadas pasadas. El registro agudo sigue siendo la inversión estrella del canario; afilado, limpio y luminoso es difícil encontrarle parangón en el panorama tenoril actual, atreviéndose incluso con el do en "Irradiami d'amor" al final del dúo del segundo acto. Su gran escena del tercero, "Forse la soglia attinse...Ma se m'è forza" la desgranó con garra, sentimiento y el slancio requerido en la comprometida frase "come se fosse l'ultima", con esa secuencia en sol-si bemol-la que, situada al final del aria, causa habitualmente más de un estrago en colegas de cuerda sin el agudo tan desenvuelto como el canario. La preciosa escena de transición con Oscar previa al baile fue resuelta por De León con un squillante la bemol en "tutto mi strappa da lei" y coronada con dos impactantes agudos en "anco una volta l'anima mi brillerà d'amor". Si obviamos mínimas confusiones en la letra (ese "per un dì si folleggi, si scherzi" que salvó con inteligencia) propias del primer acercamiento al rol y de la más que probable escasez de ensayos musicales debemos valorar este debut como brillante y exitoso, algo que corroboró el público con una calurosa ovación en los saludos finales.

   Dos canadienses acompañaron al tenor tinerfeño en este Ballo, la soprano Adrianne Pieczonka y el barítono Etienne Dupuis. Pieczonka lleva años a un nivel muy notable defendiendo partes de Richard Strauss, Wagner y Verdi como núcleo de su repertorio, con incursiones más o menos habituales en la Tosca pucciniana. Su instrumento es muy timbrado y con cierta homogeneidad a lo largo de su extensión que, sin embargo, hemos apreciado notablemente mermada en un tercio agudo que dió muestras de agrietamiento y evidente pérdida de esmalte con algunos ascensos cercanos al grito. Tampoco su color vocal nos parece el idóneo para un compositor como Verdi resultando algo frío y distante, en cierto modo impersonal y monótono, y más adecuado para una Senta o una Ariadne que para Amelia. Tampoco ayuda a mejorar su nota una dicción italiana mejorable. En cualquier caso la puesta en valor de sus principales activos, esto es, un volumen vocal considerable, un instrumento de auténtica lírico-spinto y una más que correcta presencia y desenvoltura escénicas fueron aval suficiente para obtener el beneplácito del respetable.

   Por su parte, el barítono Etienne Dupuis se erigió en el triunfador de la velada en términos de intensidad de ovaciones, algo que no deja de sorprender al que escribe. Nos encontramos ante un barítono de corte lírico, capaz de blanquear su emisión hasta resultar más tenoril que el propio protagonista ("Per salvarti da lor che celati lassù") dotado de un timbre agradable aunque genérico y sin auténtica personalidad. Por momentos daba la impresión de estar escuchando un Malatesta o un Belcore y su vocalidad quedó en general muy distante de lo que exige este personaje verdiano. No podemos obviar que el material es de cierta calidad, que la emisión está bien resuelta así como la zona del pasaje y que en fortissimo es capaz de llenar el auditorio pero no deja de ser otro ejemplo de cantante fuera de su repertorio. Su gran escena, "Alzati.... Eri tu" recibió una calurosa respuesta del público a pesar de que el fraseo resultó monótono y falto de sentimiento, concentrándose más en producir un sonido que en traducir un texto en música  (la sublime frase "O dolcezze perdute, o memorie" pasó sin pena ni gloria).

   La auténtica revelación vocal de la velada resultó indudablemente la joven contralto rumana Judit Kutasi como Ulrica. Atención, porque estamos ante un fenómeno vocal que a buen seguro se convertirá en una referencia en su vocalidad a corto plazo. El material es genuinamente contraltiano, de emisión desahogadísima, con un tercio agudo que epata por armónicos, de inusual opulencia sonora y un registro grave perfectamente proyectado, efectivo y de gran impacto. Sorprende aún más su madurez vocal en este tipo de cuerda dada su juventud, así como el terciopelo y esmalte que envuelve toda su extensión sin espacio para sonidos estridentes ni metal desbocado. Pocas veces, por no decir ninguna, ha podido presenciar el que escribe una Ulrica donde la musicalidad y el poderío vocal hayan ido tan de la mano. Será cuestión de tiempo (no mucho) que la Kutasi se posicione como una Amneris y Azucena de referencia en los principales coliseos líricos mundiales.

   La soprano Elena Tsallagova ofreció un Óscar de empaque al que prestó un instrumento de notable sonoridad y timbre más lírico del que acostumbramos a escuchar en este papel. Su figura y presencia escénicas fueron sobresalientes, demostrando implicación y musicalidad en sus principales intervenciones solistas, "Volta la terrea" (con bellos picados en "è con Lucifero d'accordo ognor") y "Saper vorreste" así como destacando en el concertante final del primer acto en el que la escritura de su linea vocal le permite llevar el peso del mismo.

   Muy discretos el dúo de conspiradores Horn y Ribbing en las voces de los bajos Florian Spiess y Ben Wager, especialmente insuficiente este último. Correctos el Cristiano de John Carpenter y el Juez de James Kryshak, así como cumplidor Robert Watson en su breve intervención como sirviente de Amelia.

Foto: Marcus Lieberenz

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