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Crítica: Josep Pons dirige'Le nozze di Figaro' en el Teatro del Liceo de Barcelona

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Autor: Robert Benito
16 de noviembre de 2016

EROS VUELVE AL LICEO 

 

   Por Robert Benito
Barcelona. Gran Teatre del Liceu 10-11-2016. Le Nozze di Figaro (W.A.Mozart). Gyula Orent (Conde), Anett Fritsch (Condesa), Elena Copons (Susana), Kyle Ketelsen(Figaro), Gemma Coma-Alabert (Cherubino) Dirección Musical: Josep Pons. Dirección de escena: Lluis Pasqual.

   La producción de Le nozze di Figaro estrenada en el 2008, repuesta en el 2012 propiedad del Teatre del Liceu ha vuelto a subir a su escenario como segundo título de la presente temporada 2016-17 con una revisión por parte del director de escena Lluis Pasqual y bajo la batuta del titular Josep Pons.

   El triunvirato Beumarchais-Da Ponte-Mozart dio lugar a una de las óperas más redondas, equilibradas y perfectas del repertorio, y se mire por donde se mire este producto literario-musical no deja de tener actualidad ni frescura en si mismo ni mucho menos en la producción situada en los años 30 del pasado siglo con un maravilloso vestuario de Franca Scuarchapino.

   Una escenografía en forma y perspectiva de semirombo con altas paredes blancas de Paco Azorín centra la acción en los personajes que conviven este día de locura lleno de relaciones amorosas y pulsiones eróticas intercambiadas.

   Si en la obra literario original centran el nudo argumental los hombres, en la ópera mozartiana son las mujeres quienes mueven los hilos de la acción de este boudeville intachable en ritmo, humor y crítica social.

   Si hay algo que a priori ha funcionado es el ritmo teatral por encima del musical. Por mucho que se empeñe Josep Pons en dirigir ópera por cumplir su contrato en la institución que es titular no consigue convencer más allá de una superficial corrección. Es triste mantener en un puesto de esa responsabilidad a un músico de una gran trayectoria profesional pero cuyas energías se centran más en la música sinfónica que en la lírica y para ello a parte de los resultados en Barcelona no hay más que ver sus compromisos profesionales que son públicos donde fuera del Liceu no ha dirigido ninguna ópera desde 2013 si exceptuamos la producción de Flauta mágica del mismo teatro que se llevó a La Coruña en 2015. ¿Qué prestigio puede tener un director de un teatro lírico cuando no dirige más allá de donde tiene un contrato estable? Y eso no le resta ni un ápice su valía como director sinfónico que aquí su agenda si que se externaliza bastante.

   La lectura de la batuta fue monótona, sin apenas cambios de colores y con un balance desequilibrado llegando a tapar sin sentido a los cantantes debido a la desmesura de decibelios que procedían del foso y a la decisión del director musical de subir el conjunto orquestal más de lo habitual, lo cual no se explica ya que su sonido no mejoraba, más bien se hizo curiosamente más inseguro con más de un diez por ciento de la orquesta de asistencias o refuerzos.

   El trabajo en cambio de la dirección de escena fue muy cuidado y adecuado sabiendo equilibrar los momentos más humorísticos propios de la ópera bufa que es con los de más volada lírica o de crítica social. Si bien el uso de las luces de Antonio Faura no llego a convencer por unas elecciones sin sentido.

   La Condesa de Anett Fritsch fue ganando en elegancia y prestaciones de voz a medida que avanzaba la obra con un “Dove sono” lleno de nostalgia y una línea de canto cuidada y expresiva. Por el contrario el Conde de Gyula Orent en su debut fue bastante limitado en su interpretación canora con un instrumento no muy agraciado y con una visión del conde bastante poco elegante, más cercana a la picaresca de Fígaro que a la nobleza erótica de la nobleza. Kyle Ketelsen ya interpretó el Fígaro en el estreno de la producción hace ocho años y este paso del tiempo ha dejado una huella no muy positiva en este cantante que ha perdido en brillantez y proyección vocal aunque su Figaro como actor es perfecto con una empatía sin tacha con el resto de los roles en escena. La Susana de Elena Copons fue fantástica en todos los aspectos destacando su aria del cuarto acto y el dúo de la carta con la Condesa. Una voz fresca de cuidada línea y gran expresión. El Querubino que debutaba Gemma Coma Alabert tuvo todos los ingredientes que hacen de este rol un bombón para cualquier mezzo,… picardía, gracia escénica, cuidada dicción, expresividad en el decir de las dos arias y buen equilibrio en los concertantes.

   En el resto de los partiquinos destacó la soprano debutante en el escenario grande Rocío Martínez que dio a su Barbarina una presencia escénica sobresaliente y a su aria “L’ho perduta” uno de los momentos más bellos de la velada con un filato final que mantuvo toda la sala en un silencio profundo que se rompió por los encendidos aplausos. Igualmente fantásticos la pareja Marcelina y Don Bártolo, una pareja de lujo, Maria Riccarda Wesseling y Valeriano Lanchas. Así como el Don Curzio de Vicent Esteve, cómico con su tartamudez pero con una voz perfecta de proyección en los concertantes que ha de cantar, y lo mismo se puede hacer extensible al magnífico don Basilio de José Manuel Zapata. No se puede decir lo miso del Antonio de Roberto Accurso de muy bajo nivel salvado únicamente por su gracia actoral.

   Destacar igualmente las breves intervenciones pero llenas de calidad del coro titular con las dos solistas de la misma institución y todo el trabajo de figuración-bailarines que aumentaros exponencialmente momentos complicados de movimientos como los finales de acto o la corrida de toros.

   Evidentemente este cast no será el mejor que ha pasado por el escenario del Liceu pero el público lo felicitó con grandes ovaciones y eso a priori nos podría bastar…como el mismo título de la obra dice toda una Folle journée.

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